Sin la licencia requerida inician muchas intervenciones en inmuebles del Centro Histórico de Morelia, admitió la Delegación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Michoacán, que al año recibe por ese particular entre 30 y 40 denuncias, de las cuales, alrededor de quince enfrentan un proceso administrativo y pocas la sanción.
En entrevista solicitada a Jasinto Robles Camacho, delegado estatal del INAH, éste cedió la estafeta de las respuestas a Ricardo González Garrido, perito de la Sección de Monumentos Históricos, quien informó que en lo que va de 2014 han recibido 16 denuncias vinculadas con modificaciones a inmuebles del Centro Histórico.
En un año, indicó González Garrido, llegan a emitir alrededor de 300 licencias para obras en la zona en mención, y sobre las 30 a 40 denuncias que reciben por presuntas malas intervenciones, comentó que casi siempre se deben al desconocimiento de la población sobre los trámites a seguir.
Sin embargo, para prevenir afectaciones por intervenciones arbitrarias o para informar a la ciudadanía a qué procedimiento debe sujetarse y fomentar la cultura de la denuncia, la instancia carece de campañas de difusión abiertas, así que se limita a los mil 237 inmuebles enlistados en la declaratoria que a Morelia concedió en 1991 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
A los mil 237 propietarios, habitantes o custodios de esos inmuebles en mención se les envía un documento para hacer de su conocimiento la importancia del inmueble y para que, de ver obras irregulares en la zona, le notifiquen al INAH o al Ayuntamiento de Morelia.
Obras como la Plaza de la Tecnología, indicó, iniciaron irregulares, y al igual que esa, toldos o sobrepisos que abundan en la actualidad en techos de edificios del Centro Histórico se enfrentan o han enfrentado procesos administrativos, salvo en un par de casos, uno de los cuales no recordó y otro es el Hotel Juaninos, a cuyos propietarios les renovaron el permiso.
Las denuncias que pasan al proceso administrativo logran regularizarse y rara es la vez que esa instancia aplica una sanción económica o recurre a la denuncia penal que la ley le permite ya que, dijo, prefieren convenir con quien incurrió en afectaciones al patrimonio y procurar la reparación del daño.
Aunado a la falta de sanciones económicas y penales, a la ausencia de campañas que fomenten la cultura de la denuncia y la información de la importancia de ese patrimonio y las normas a las que debe sujetarse la población, Morelia carece de un reglamento que establezca lineamientos básicos para la preservación del aspecto por el cual le fue concedida la declaratoria por la UNESCO.
Patrimonio desprovisto de regulación
Un reglamento tiene por finalidad facilitar la aplicación de una ley, la cual tiene a bien detallar y focalizar a efecto de garantizar el cabal cumplimiento de su contenido y, en materia de patrimonio edificado, la ciudad de Morelia carece de dicho instrumento y no es a todas luces una prioridad a resolver por parte de la Delegación del INAH.
En el tema de la inexistencia de un reglamento, el perito de la Sección de Monumentos Históricos -ante el absoluto silencio del delegado del INAH-, se defendió a capa y espada y tras una extensa retórica sobre la imposibilidad de condensar en un solo instrumento normativo las infinitas variables que un caso en materia de patrimonio material y monumental puede presentar, admitió que esa regulación es indispensable.
Sobre por qué no se ha hecho y desde hace cuánto la ciudad carece de ese reglamento, no respondió a la segunda cuestión, y sobre la primera, dijo que el impedimento fue hace alrededor de quince años la falta de una computadora con un software específico.
Hace unos quince años, recordó: “Iniciamos un proyecto que por desgracia, por cuestiones económicas y algunas otras políticas, no procedió”, pero no era el fin inmediato elaborar el reglamento, sino una base de datos dónde reunir los rasgos distintivos de la ciudad que podrían traducir en elementos de regulación, pero dado que tenían que revisar los entonces seis mil 340 predios de las 220 manzanas que abarca la zona declarada y luego interrelacionarlos en formato digital, necesitaban tecnología que la institución no les proporcionó.
Menos intrincado citamos el caso del Reglamento para la Conservación del Aspecto Típico y Colonial de la Ciudad de Morelia, que entre otros propuso el arquitecto Manuel González Galván (1933-2004), quien es calificado como uno de los grandes defensores del patrimonio artístico de México, el cual refirió González Garrido que fue hecho “de muy buen corazón pero con poca técnica” y por gente que no obtuvo cartas profesionales en materia de restauración.
Dado que dicho Reglamento para la Conservación del Aspecto Típico y Colonial de la Ciudad de Morelia data de hace más de medio siglo e incluso se revocó, cuestionamos si 58 años de distancia no son tiempo suficiente para que entonces los expertos perfeccionaran ese documento y crearan uno propio, a lo que dijo: “Para poder establecer las constantes distintivas y poderlas regular y establecer un documento tenemos que hacer estudios muy profundos”, y por qué no se ha hecho está en el párrafo de la computadora que hace unos quince años no obtuvieron.
























