Desde la llegada de los filibusteros ingleses, encabezados por el pirata Walter Raleigh, a la parte norte de la América descubierta por Cristóbal Colón y que bajo el reinado Español estaba comprendida por los territorios de Alaska y todo el Sureste, los piratas o filibustero, se ocuparon principalmente y con mucho cuidado, el de arrinconar y diezmar a las diferentes tribus que en esa región habitaban apaciblemente.

Como parte de su principal función operacional, casi acabaron con esas comunidades y poco les faltó para desaparecer de la faz de la tierra, las grandes manadas de búfalos y de los habitantes originarios de esa vasta franja americana y todo por conseguir sus pieles y así comerciarlas. Sentados sus reales en América, nuestro territorio mexicano sucumbió ante sus ambiciones desmedidas y, como consecuencia, perdimos más de dos millones de kilómetros cuadrados. Indiscutiblemente que con este país en nuestra frontera norte, sin excepción en la América Latina, todos los países hemos sufrido la imperial conducta de los que llamamos sarcásticamente buenos vecinos, pues en realidad ellos solamente son los vecinos.

En cuanta oportunidad se les ha presentado su poderío económico y militar nos ha dominado. Pocos países al Sur de la frontera con los Espantados Unidos, se han librado de su invasión y control. Han acabado con gobiernos democráticos, colocado gobiernos a su antojo y, hasta el cansancio, explotado los vastos recursos no renovables que existen en nuestros países. ¡Vaya, ni siquiera la reina Isabel de Inglaterra, quien los autorizara para iniciar su expedición punitiva en el año de 1538, se salvó de ser traicionada, pues utilizándola “ellos vinieron a colonizar y a independizarse de su país”.

Viene a colación lo anterior, porque en días anteriores, el jefe de la diplomacia gringa, John Kerry, informó públicamente que Los Espantados Unidos están sumamente preocupados por la problemática que en nuestro Estado se está viviendo, por lo que prácticamente se están preparando para venir a salvarnos.

Durante la historia de nuestras relaciones internacionales nunca ha habido una verdadera voluntad de apoyo que venga de la frontera Norte sin que el gobierno vecino no se haya beneficiado indirectamente. Por el contrario, se tiene conocimiento suficiente de lo negativo de sus muchas intervenciones.

Recordemos sólo como ejemplo sus acciones intervencionistas en México, cuando el asesinato de Francisco I. Madero fue preparado y acordado con el auxilio principal del embajador gringo Henry Lane Wilson, pues en la misma sede de la Embajada del poderoso vecino se firmó su sentencia de muerte.

Tampoco es noticia nueva (y es de la opinión pública) que las diversas organizaciones criminales introducen el armamento a México por la frontera norteña con el beneplácito del propio gobierno yanqui. Recordemos como un botón de muestra más, que en el sexenio anterior, Felipe Calderón reiteradamente solicitaba del gobierno vecino la urgencia de cerrar la frontera al contrabando de armas que por miles eran introducidas con ayuda de dependencias federales de los EE.UU. Nunca su queja y solicitud fue atendida, pues indudablemente que ese contrabando o exportación de armas venía con la bendición de las apropias autoridades federales, que supuestamente les permitiría rastrearlas y llegara así hasta los diferentes carteles de las drogas.

No podemos soslayar que el propio Felipe Calderón nadaba de muertito negando lo que ya era una realidad en México. “La llamada guerra contra el narcotráfico ha sido todo un gran negocio para tirios y troyanos; es decir, para el propio gobierno de los Espantados Unidos y para México. Dígalo si no el contrabando de Hierro a China saliendo por el Puerto de Lázaro Cárdenas y entrando por éste los repercutores químicos; no olvidemos a las corporaciones afines a los partidos republicano y demócrata en los EE.UU. y a los hombres de negocias de aquí y acullá.

¡Si de verdad quisieran ayudarnos, ya hubieran cerrado las compuertas por donde pasan armas y drogas!.