En días pasados se cumplió un aniversario mas del denominado “levantamiento zapatista” movimiento encabezado visible y mediaticamente por el autonombrado Subcomandante Marcos, identificado posteriormente como Sebastián Guillen. Levantamiento  que entre sus propósitos declaraba, con todas su letras, la guerra al Estado Mexicano.  Pero este articulo no trata sobre la gloria y caída de ese movimiento, mas mediático que real. Tratare aquí mas bien sobre uno de las tonterías más grandes de ese movimiento, la defensa a ultranza de los llamados “usos y costumbre” indígenas, tan caros a los indigenistas de café como calamitosos para una buena parte de los propios indígenas.

¿Usos y costumbres? , mas bien deberíamos llamarlos “abusos y costumbres”, como lo afirma Eufrosina Cruz Mendoza, quien fue descartada de la contienda por la presidencia municipal de su pueblo en Oaxaca  debido a que es mujer. La historia es conocida, pero vale la pena repetirla. Eufrosina, mujer de 27 años de edad, contadora de profesión, originaria de Santa María Quiegolani, en Oaxaca, que contendió por la presidencia municipal de su pueblo en una elección que se acoge a la práctica de usos y costumbres que ciertamente reconoce la Constitución oaxaqueña. Al finalizar el computo, como la votación la favorecía, su candidatura, sin más, fue anulada, ¿razones? : “Porque es mujer, profesionista y no vive en la comunidad”, así como suena.

Muchos no desean aceptarlo, pero la realidad es que los denominados “usos y costumbres” han sido utilizados con frecuencia como excusa para impedir el ejercicio de los derechos democráticos. En particular se emplean para boicotear los derechos de mujeres y minorías religiosas.

El subcomediante  Marcos y varios opinadores “indigenistas”  demandan que los usos y costumbres se reconozcan legalmente a nivel nacional. Los Acuerdos de San Andrés Larráinzar incluían propuestas para este reconocimiento. Políticos y pensadores que se consideran de izquierda apoyan estas prácticas, sin enterarse que su posición es profundamente atrasada, machista y conservadora.

El derecho de cualquier persona para usar la vestimenta que desee o de mantener las tradiciones o religión de su elección, siempre ha estado garantizado por la Constitución. Pero cuando se discute sobre los “usos y costumbres” es, básicamente sobre aquellos puntos en que su aplicación viola los derechos individuales. Estamos hablando de negar a las mujeres los derechos de que gozan los hombres por el simple hecho de ser mujeres, de expulsar a miembros de una comunidad por practicar una religión diferente, de no respetar el sufragio efectivo, de expulsar a los homosexuales, de obligar a las personas a realizar trabajos obligatorios y sin remuneración para la comunidad, de esclavizar a niños y mujeres.

Analizándolo detenidamente resulta asombroso que personas que se autodenominan progresistas insistan en mantener prácticas feudales en las comunidades más desprotegidas de México.

En México, desde hace años se incluyó en las leyes electorales la modalidad de elecciones por usos y costumbres, en la que una asamblea comunitaria de los pueblos indígenas elige a sus gobernantes.  En Oaxaca, 418 de los 518 municipios se rigen por este proceso. Y en 82 de ellos las mujeres no figuran, se les niega cualquier derecho de participación política.

Pocas cosas son más descabelladas y opuestas a los avances de la civilización  como la llamada “justicia colectiva”.  Ahí no hace falta un juicio, no se requiere que el acusado tenga un defensor  ni que ofrezca pruebas, ni se considera necesario escucharlo. La multitud decide si es culpable o no, sin que sea necesario probarlo (para que) y en mismo el acto se decide el castigo, generalmente brutal.

En los “Usos y costumbres” no existen los principios básicos como legalidad, presunción de inocencia, el derecho a defenderse de una acusación, la proporcionalidad entre el delito y la pena, la prohibición de aplicar penas degradantes, etcétera. Esos son inventos del hombre blanco que no van de acuerdo a la pureza de sus “costumbres”.

Y hablando del “pueblo bueno”, imposible olvidar a López Obrador, cuando era Jefe de Gobierno del Distrito Federal, proclamando, ante el primero de los linchamientos ocurridos en la Ciudad de México durante su gestión, que era mejor no meterse con los usos y costumbres de la gente ni con las tradiciones del México profundo. Con tan estúpida  postura podría justificarse cualquier conducta, por terrible que fuera, siempre y cuando responda a “usos y costumbres”.

Ad. Muy grave la situación en Michoacán. El problema es que al parecer las autoridades estatales no pueden o no quieren  resolverlo.

Es cuanto