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Algo tienen quienes forman la derecha mexicana: les cuesta mucho trabajo simular sus emociones interiores aunque, en ocasiones, pongan en jaque a sus conciencias. Pero, por fuera, sonríen con sorna cuando se habla de otros grupos políticos –esto es como si sólo ellos conocieran los pecados del mundo- y no ocultan su entusiasmo si sus mayores adversarios fallan… como ellos y, sobre todo, en el ejercicio del poder. En caso contrario, cuando ellos son los pecadores, digamos en materia democrática, nada dicen si defraudan –en 2006- siguiendo la antigua metodología alquimista heredada de lo peor de la clase política mexicana… ahora metida a las izquierdas.

La perspectiva, por tanto, no puede ser más desalentadora por la ausencia de autenticidad de los actores públicos, listos ya a negociar alianzas insostenibles, moral e históricamente, por ejemplo en Baja California –en donde el PAN, no lo olvidemos, es gobierno desde 1989, esto es casi cinco lustros-, ante la posibilidad de una alternancia a favor del PRI, como si éste fuera el referente único del inframundo y no sólo una de las cabezas del cancerbero; las otras dos son, desde luego, el PAN y el PRD. El mismo tronco con diferentes fauces y los mexicanos en condición de almas en pena. Sencillamente dramático.


En la misma línea, los defensores de los gobiernos del PAN –tan pocos que la militancia decayó de un millón setecientos mil a poco más de doscientos mil, de la cumbre al abismo como efecto del paso del predador calderón –minúscula- por Los Pinos-, no han podido esconder su entusiasmo ante la estadística de violencia durante el pasado mes de diciembre y cuanto llevamos del nuevo año: nada menos novecientos ochenta y dos ejecutados en el último mes de 2012 y decenas que van sumándose, todos los días, por las entidades del norte amén de Michoacán –con sus “Templarios” falsamente místicos- y sendos litorales del país. He escuchado a más de uno, exclamar:

–¿No qué Peña iba a poner fin a la violencia? Esto vindica a calderón –minúscula para este columnista-, y exhibe a sus críticos porque lo acusaron de un fenómeno incontrolable.

Lo explican con tal euforia que pareciera que se alegran por ello y no por la resistencia infernal del crimen organizado gestado a partir de los vacíos de poder de las administraciones federales desde antes del 2000 –para ser precisos, el primer “boom” del narcotráfico se dio a la par con la entronización de la tecnocracia delamadridiana a partir de 1982 y para paliar con dinero sucio la ausencia de inversiones públicas-, y la extremada tolerancia sobre los excesos de quienes cuentan con poder de fuego, dentro y fuera de la órbita gubernamental, para imponer su ley a una sociedad en estado de indefensión y, para colmo, conminada, ésta sí, a entregar sus armas a cambio de “tabletas” para ampliar el mundo cibernético. ¿Y para cuándo la misma exigencia para los ochenta cárteles en funcionamiento y los más de cien grupos armados distribuidos por todo el país?

Primero, la sociedad bajo sospecha y, al mismo tiempo, tolerancia hacia los delincuentes consumados. Después, politiquerías bastardas cuyos progenitores ocultan los rostros tras una izquierda amorfa, amnésica, que admite como suyos a los peores represores como Manuel Bartlett y a los discípulos más aventajados del salinato, digamos Manuel Camacho Solís y Marcelo Ebrard Casaubón. Sólo falta que el presidente Peña, mediático como es, solicite el apoyo del franquista español, Mariano Rajoy Brey, presidente de derecha del gobierno español, para hacer frente a las oleadas aliancistas turbias a cambio, por supuesto, de una mayor apertura para los consorcios hispanos en fase de reconquista gracias a los atinados movimientos de los panistas; un buen legado contrario a nuestra historia “independiente”. Si revelo cierto enfado es porque así es; no lo niego en absoluto. Los Reyes del Oriente se tardaron en darnos este regalo.

¿Y qué hubieran dicho los panistas en caso de que, de pronto, cesara la violencia, digamos de un día para otro, exhibiendo con ello la impotencia del régimen anterior, trabado en éste y muchos otros renglones? Ya tenían listo su discurso: habrían señalado, entonces, que el exhibido Peña, claro, había negociado con cárteles y demás criminales como parte de un acuerdo soterrado para permitirles ciertas concesiones a su paso por las carreteras y puentes donados a ellos, sobre todo desde el puerto Lázaro Cárdenas a donde llega la cocaína sudamericana, por el gobierno… del intocable e impasible Genaro García Luna, que no de calderón –minúscula-.

No olvidemos la penetración de García Luna incluso dentro de las secretarías de Defensa y Marina, en donde ordenaba sin necesidad de estrellas en las casacas y en las gorras, sólo por efecto del estatus reflejo y la condescendencia de un mandatario borrachín, a todas luces indefendible, lo mismo que la mayor parte de los funcionarios bajo su férula. ¿No va a fincársele responsabilidad alguna al rey de los montajes grotescos y hacedor de “presuntos culpables” para remediar las presiones artificiosas de los medios mal llamados nacionales, controlados por debajo del agua?¿Tampoco a la “mujer del año”, Marisela Morales Ibáñez, catapultada como procuradora general de la República por mero capricho presidencial y quien dejó la PGR en estado de desastre a decir de su sucesor, Jesús Morío –es decir Murillo- Karam, quien no grita no porque no quiere sino porque no puede afectado por la reciente operación de sus cuerdas vocales? Ya tendrá tiempo…en sentido contrario a lo sucedido con Hugo Chávez, el “prohombre” de Venezuela cuyo mal lo elevó a la cúspide de una heroicidad de facto olvidando sus desplantes autocráticos? Ya hablaremos de él y cuanto legó a los venezolanos antes de someterse a la soberanía de los médicos cubanos, tan interesados en servir a los Castro para asegurarse las remesas gratuitas de petróleo sudamericano.

Sí, lo confieso otra vez: este columnista está molesto ante la exacerbación de la simulación descarada. No nos sirven los partidos ni las alternancias mientras persevere el sentido faccioso de la política, el mismo que lleva a concertar alianzas turbias, sin el menor sentido de la ideología y de la historia, por el torpe prurito de destazar a un priísmo… que se les parece demasiado. ¿O será que odian al referente porque les conmina a extremar simulaciones como sucede en el Distrito Federal en donde el torpe impuesto sobre la tenencia exhibe, por sí solo, la sustancia social de la izquierda? Sólo en la capital se pagará el tributo por automóviles con valor mayor a doscientos mil pesos –en otras entidades el tope es de trescientos cincuenta mil pesos y en algunas sencillamente dejó de existir como arma de campaña-, como rémora de los gastos olímpicos… ¡de 1968! Cuarenta y cinco años de engaños para una pobre cosecha de medallas y la depauperación de los deportistas que suben al podio de vencedores y luego son sencillamente olvidados con las excepciones que confirman las reglas… a través de una dorada burocracia como la que ahora disfruta el ex clavadista Jesús Mena Campos, poseedor de una medalla de bronce en los juegos de Seúl, suficiente para alcanzar la titularidad de la Comisión Nacional del Deporte. Mucho hubieron de hurgar los operadores peñistas para encontrarlo en los archiveros.

Debate

Nadie ignora dónde puede hallarse a Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, uno de los mayores multimillonarios del planeta aunque sin alcanzar el séptimo sitio que se le adjudicó en su momento al gran capo de Medellín, Pablo Escobar Gaviria, puesto de moda a dos décadas de su presunta muerte… de la que tenemos severas dudas por la preeminencia del poderoso e inatacable “cártel del paraíso” a donde van a parar los célebres muertos vivientes que logran así el “milagro” de no ser perseguidos porque sus expedientes se cierran con enorme facilidad y hasta con el visto bueno de la inefable DEA estadounidense. Salidas felices para quienes traspasan el nivel de controlables y aseguran la hegemonía y continuidad de los grandes padrinos de Norteamérica. Esto es: en el sur, los capos hacen correr la sangre, y en el norte los modernos “Corleone” distribuyen los dineros y aseguran lealtades en todos los niveles, incluyendo, por supuesto y en primer lugar, los políticos. En las Cámaras tenemos ejemplos fehacientes de ello.

Pues bien, los mandos del ejército y/o la marina, destacan en sus discursos que, a diferencia de cuanto sucedía en el pasado –esto es cuando los narcos disfrutaban de comodidades ilimitadas en materia de bienes, “viejas”, así las llaman con acentos misóginos, y automóviles-, en la actualidad las “acciones” del gobierno los mantienen a raya en cuevas y covachas urbanas, viviendo en una espcie de inframndo pero sobre la superficie. La pregunta es entonces, ¿por qué no dan con “El Chapo” a pesar de que se le tiene “ubicado” allá por el norte de Durango, en un perímetro al que no siquiera se asoman los militares ni los radares sofisticados?

Hace dos años, cuando menos, el Obispo de Durango, Héctor González Martínez, aseguró que El Chapo tenía su guarida impenetrable po0r allí, concretamente en Guanaceví:

–“Por ahí está El Chapo, por ahí vive, pero bueno, todos lo sabemos, menos la autoridad” –expresó, convencido, el alto prelado-.

Luego, desde luego, se retractó balbuceando y con el temor y la inquietud reflejados en el rostro. No sabemos si fue amenazado por los propios capos… o por el gobierno incomodado por sus declaraciones sobre este territorio “de nadie”. Mientras, el gobierno de Durango extrema actividades en todos los demás municipios… pero no por allí en donde nadie se atreve siquiera a sobrevolar. No vaya a ser que algún artefacto se atraviese en el camino; pero, para esto no hay límite: ni las Lomas de Chapultepec.

La Anécdota

Si se trata de olvidar los magnicidios, la estrategia podemos observarla en la exitosa serie: “Pablo, el Patrón del Mal”, dos décadas después de que el mayor narcotraficante de Colombia fuera “abatido” por el ejército, en una de las casas de protección del criminal. Luego –recuérdese el caso del cuerpo de Heriberto Lazca “El Lazca”- su ataúd fue robado de la capilla ardiente en donde sus familiares lo velaban, entre ellos su madre, doña Hermilda, su mayor defensora ante quienes lo fustigan o lo reverencian como santo –los extremos se tocan-, y devuelto al ser recuperado por los soldados. Bien sabemos, desde el medioevo, que se puede fingir la muerte con una epilepsia inducida durante algunas horas… las suficientes para que “vuelva a la vida” un perseguido perfectamente protegido.

Tal sucedió el 2 de diciembre de 1993; la supuesta muerte de Amado Carrillo Fuentes, el 4 de julio de 1997, tras una cirugía en la Clínica Santa Mónica de Polanco, vino a darse después. Por desgracia, hasta en este renglón no ganamos los mexicanos.