Dentro de unos días se cumplen 20 años que estallo el conflicto en el estado de Chiapas, fui designado, a la par de mi responsabilidad como Senador por el Estado de Michoacán, hacerme cargo de la honrosa encomienda de coordinar un grupo plural de legisladores de las diferentes corrientes políticas y partidos para mediar y procurar mejores condiciones de interlocución política, para implementar el proceso de paz y de reconciliación en la entidad chiapaneca. Por primera vez en la historia de México, un grupo de legisladores se reunió con una comisión de representantes de la Iglesia, la cual tuvo lugar en el obispado de San Cristóbal de las Casas, la comisión de obispos encabezados por el arzobispo Adolfo Suárez, presidente del Consejo Episcopal Mexicano y el obispo de la diócesis local, Samuel Ruiz, nos reunimos además con el titular del Ejecutivo Local y diversas autoridades municipales de Chiapas; con las instancias competentes del Ejército Mexicano; con grupos indígenas y la Comisión Nacional de Derechos Humanos, entre otros.

Los miembros de la Comisión fueron: El Senador Héctor Terán Terán y los diputados Jorge Tovar, Cuauhtémoc Amezcua, Juan Ramiro Robledo, Alvaro Salazar, Felipe Calderón, Alejandro Encinas, Jesús Martín del Campo, Alberto Carrillo Armenta, Adolfo Kunz Bolaños, Israel González Arreguín y Alvaro Castañeda Andrade. Este grupo plural, se desplazó de inmediato a Chiapas, habiendo efectuado en Tuxtla Gutiérrez cuatro reuniones para obtener información actualizada y objetiva sobre los hechos de violencia suscitados en la entidad.

Nuestro trabajo consistía primordialmente en lograr una negociación que comprometiera a los grupos armados y al gobierno federal a evitar el uso de la fuerza, así como a atender los reclamos y demandas legítimas de las comunidades indígenas y campesinas de aquella entidad,  puede tomarse como un triunfo de todos aquellos que, desde la sociedad o desde las instituciones estatales, vieron desde el primer momento la necesidad de una salida  pacífica, política y democrática, a una confrontación violenta tan inesperada como peligrosa.

En esa línea de acción el gobierno declara el cese unilateral del fuego, promueve una ley de Amnistía posteriormente aprobada con modificaciones por el Congreso e inicia el acuartelamiento de los soldados, proponiendo diálogo y negociación con las fuerzas rebeldes. El nuevo curso político comenzó a dar resultados inmediatos: el EZLN asume por su parte el cese al fuego y sobre todo cambia notablemente el lenguaje y las exigencias de sus comunicados. De la demanda de destitución del Presidente y la pretensión de derrotar al Ejército federal, se pasa a exigencias de carácter social, económico y político para Chiapas. Se acepta además la intermediación del obispo Samuel Ruiz, así como la figura del comisionado para la Paz, y se empezó a vislumbrar la posibilidad de pasar del cese al fuego a una negociación capaz de construir una paz duradera.

El levantamiento armado puso de relieve los avances pero también los rezagos de un sistema político y de una sociedad civil que supieron sin duda buscar una salida negociada y política, pero que también fue evidenciado la enorme fragilidad y precariedad de consensos y acuerdos democráticos básicos, que hubieren posibilitado el rechazo del empleo de la fuerza para lograr la estabilidad política y económica que todos los mexicanos anhelábamos.

Detener la violencia en curso, buscar la paz, asumir de una vez por todas que el cambio político y social sólo es viable mediante vías legales y reformistas, es realmente lo único que puede evitar que acabemos acostumbrándonos a la violencia y que terminemos viéndola como algo normal.

Se trato de una experiencia amarga pero nos permitió verificar que lo importante al fin de cuentas es que ante cualquier diferencia que pueda existir dentro de la sociedad mexicana siempre debemos optar por la defensa del Estado de derecho, fortalecerlo, y desprestigiar los medios violentos e ilegales, ello implica reconocer que siempre se debe preferir buscar los caminos por la paz, la política y la democracia.