A cualquier persona indigna ver en los periódicos y en la TV los constantes escándalos de corrupción sindical. Es tan común ver esto en las noticias que ya nos dimos cuenta de que no existen consecuencias o sanciones reales en la mayoría de los casos; al contrario, hay total impunidad ante este tipo de prácticas y abusos.

A propósito de los anterior, en estos días, Luis Emilio Giménez Cacho  presentó un documento de trabajo titulado “La transparencia sindical, otra gran marcha” donde profundiza sobre la necesidad de modernizar a las organizaciones sindicales e incluirlas como sujetos pendientes a la transparencia. En este texto se menciona la inmensa lucha que ha significado inculcar el valor de la democracia a los sindicatos y la urgente modernización que requieren.

En principio, estas organizaciones sociales representan los intereses de una colectividad y ayudan a su defensa integral de sus derechos. En la práctica, esta figura atraviesa una crisis de representación y legitimidad severa. La falta de información básica sindical a los trabajadores, a la propia ciudadanía, la cultura de opacidad bajo la cual operan muchas de estas organizaciones y la nula rendición de cuentas en ellas son temas pendientes que no podemos seguir postergando. Sin duda, la democracia y transparencia sindical es una necesidad urgente.

La transparencia y rendición de cuentas es una realidad mexicana en construcción. Los esfuerzos por avanzar en esta materia son considerables. Esta situación es incompatible con la vida interna de los sindicatos. Bajo el argumento de la autonomía y libertad sindical, estas organizaciones laborales han desvalorizado su razón de ser y se han convertido, en muchos casos, en espacios prolíficos de concentración de poder.

No deben ni pueden existir instituciones públicas (prácticas y actores) ajenas a la transparencia. Los sindicatos son personas morales de relevancia pública que no pueden escapar a la rendición de cuentas. Como sabemos, su quehacer reviste cuestiones de interés público porque son el medio a través del cual los trabajadores ejercen su derechos constitucional de asociación, de huelga y al trabajo. Su funcionamiento está en ciertas ocasiones vinculado con la protección de derechos humanos (piensen en el derecho a la salud). También los sindicatos públicos ejercen recursos del Estado. Además, se trata de una cuestión de certeza y seguridad jurídica para sus agremiados y para la población en general.

Para construir un sistema de rendición de cuentas necesitamos información veraz, accesible, oportuna. Con dicha información podemos entonces exigir a las autoridades que justifiquen sus acciones para que, en caso de incumplimiento, se apliquen las sanciones correspondientes. Con la reforma a la Ley Federal de Trabajo se incorporaron algunos pequeños indicios de transparencia sindical. Ahora ya son públicos los estatutos, las tomas de nota y los contratos colectivos. Además, la labor interpretativa del Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) ha sido fundamental para lograr apertura en el medio. En esta lógica de apertura, la reforma constitucional en materia de transparencia y rendición de cuentas —pendiente de aprobarse en el Senado— incluye a los sindicatos públicos como sujetos obligados directos en relación a los recursos públicos que reciben. De aprobarse así, representaría un avance sustancial.

No obstante, falta todavía —como menciona Giménez Cacho— una gran marcha. Las obligaciones de transparencia de las autoridades laborales son notoriamente escasas, la cultura sindical permanece burocrática y opaca. Faltan además incluir mecanismos eficaces de rendición de cuentas en la vida sindical. Se requiere, por lo pronto, auditorías externas que fiscalicen las finanzas sindicales y se necesita combatir las prácticas innatas de corrupción sindical con una cultura de apertura y transparencia gubernamental.

Es decir, necesitamos cambiar el modus operandi de estas organizaciones sociales y en esta ruta, implementar la lógica de la transparencia proactiva. Asimismo, es indispensable que los sindicatos publiquen información útil, accesible y veraz que permita a la ciudadanía y a los propios trabajadores recuperar la confianza en una de las instituciones torales de la vida laboral en cualquier país. Ya es hora de la transparencia sindical.

*Gabriela Aguirre es investigadora del área de Transparencia y Rendición de Cuentas de Fundar, Centro de Análisis e Investigación.