Omar Asad lo había advertido durante la semana: el punto débil de Chivas era la defensa, reconociendo que su equipo padecía del mismo mal. El técnico, basado en los números inobjetables, pretendía aumentar los 19 goles en contra del Rebaño, por lo cual se decidió a exhibir esa parte tan frágil de su rival.A él también, desde la dirigencia, Eugenio Ruiz Orozco le había advertido que debía ganar para mantener su puesto.

Pero también Chivas tenía la presión de haber escuchado a su polémico propietario Jorge Vergara anunciar que en el partido contra Atlas se verían las medidas correctivas para algunos jugadores.

 

El epílogo del partido fue un emotivo empate que compromete más al Atlas por la situación de su técnico, pero el escenario de Chivas tampoco se modifica demasiado, suma un punto, y se mantienen en los últimos lugares de la tabla general a lado de su acérrimo rival rojinegro.

DEFENSA DE CRISTAL
Ambos equipos llegaban en su punto más bajo en muchos años, en el fondo de la tabla general con sólo 7 puntos cada uno.

En dichas circunstancias, el nerviosismo en los 22 jugadores fue la emoción más común en cada uno.

Con el conocimiento que pesaba la sentencia de su presidente Eugenio Ruiz Orozco que no había más resultado que la victoria, Asad mandó a su equipo a presionar para tener presencia en el área ante tres defensas confundidos y poco coordinados. Los centrales Néstor Vidrio, Héctor Reynoso, y Kristian Álvarez sufrieron para ponerse de acuerdo en cómo cubrir el ataque rojinegro con Matías Vuoso y Omar Bravo, y los arribos del Amaury Ponce por derecha.

La estrategia futbolística no era nada innovadora, simpelemente consistía en el despeje largo del portero Miguel Pinto o del capitán Leandro Cufré para que el balón cayera en los pies de Millar o Chávez para enviarlo a Bravo o Vuoso.

En cada arribo rojinegro quedaba en evidencia la fragilidad de la zaga rojiblanca y aumentaba la sensación de peligro.

Con estas concesiones, Atlas ya no desperdició más y reflejó su dominio con un gol precisamente en un error de marcación de los tres centrales. Amaury Ponce ejecutó tiro de esquina y con toda calma, se levantó Facundo Erpen para hacer contacto con el balón y girar su cabeza hacia su derecha para estallar las redes y marcar el 0-1.

El Guadalajara no se ordenó, pero sí apeló a lo único que lo podía salvar: al coraje y orgullo. Con el corazón por delante, el equipo de Juan Carlos Ortega recurrió al disparo fuera del área por medio de Marco Fabián, Patricio Araujo y Carlos Fierro.

Atlas renunciaba al ataque, y es cuando entonces se exhibió otra zona de debilidad: su medio campo, donde el boliviano José Luis Chávez estaba inédito y todo el trabajo de recuperación recaía en Millar.

La mejor oportunidad en el primer tiempo la definió Aldo de Nigris con un frentazo en el área chica que rechazó a una mano de manera increíble el portero Pinto.

Chivas avisaba que no se iba a rendir en su estadio, ni ante sus miles de seguidores que esta tarde registraron la mejor entrada en el Torneo de Apertura 2013.

REBAÑO AL FRENTE
Juan Carlos Ortega reconoció en el vestidor que había cometido un error al dejar en la banca a Rafael Márquez Lugo y para provocar un cambio intenso en el ataque con De Nigris mandó a la cancha al ex delantero de Monarcas y le dio las gracias al novato Carlos Cisneros.

El ingreso de Márquez funcionó y manifestó en una mayor movilidad.

Con los espacios generados por Rafael, al 47 De Nigris se encontró con un balón de espaldas al marco y conectó una media chilena que cimbró el travesaño.

Nueve minutos después, Atlas encontró el contragolpe tan buscado cuando Chivas estaba volcado en su área. Alfonso González escapó por el centro, y el que lo acompañaba a la misma velocidad era Omar Bravo. El mochiteco, que había sido abucheado durante todo el partido por los mismos aficionados que alguna vez corearon y aplaudieron sus goles con la camiseta del Rebaño, y que en diciembre estará de vuelta ahi mismo, estuvo a un paso de sentenciar el juego y de otorgarle una mayor tranquilidad a su técnico y a sus compañeros en general para manejar la ventaja. Bravo hizo todo bien, tocó por abajo a la salida de Michel, y el balón rozó burlonamente el poste derecho del portero.

Asad renunció por completo al ataque, optó por asegurar la mínima ventaja dejando todo en manos de las intervenciones heroicas de Miguel Pinto y a que los jugadores rojiblancos persistieran en sus fallas provocadas por la desesperación al tener cada vez el tiempo en contra.

Al 84, el Turco pagó una factura muy alta cuando Marco Fabián concluyó la jugada de pared con De Nigris, y reventó las redes ante un Pinto sorprendido. 1-1 que hizo explotar las tribunas del estadio Omnilife.

Y mientras los rojinegros se rezagaban, Ortega enviaba al campo a un delantero más, al olvidado Miguel Sabah.

El cierre fue espectacular, vibrante y con una supuesto penalti que no se marcó a favor de Vuoso que hubiera significado un historia diferente.

La aparente falla del árbitro provocó los reclamos airados de Asad con el conocimiento que sobre el pesaba una sentencia anticipada de su presidente.