La capital de Estados Unidos amaneció hoy en medio de una intensa persecución contra tres hombres que burlaron estrictos controles de seguridad y abrieron fuego contra un grupo de, al menos, 10 personas, entre ellas un policía, en las inmediaciones de la base naval de la marina en esta capital.

Al menos una persona habría perdido la vida, según un informe preliminar de la policía tras el atentado.

Tras casi dos horas de pesquisas, en la que participan decenas de agentes policiales, del FBI, del cuerpo de alguaciles y grupos de rescatistas que se desplazan por aire y tierra, al menos dos hombres se habrían atrincherado en uno de los edificios aledaños, según información del diario The Washington Post.

 

Un tercer atacante habría sido “neutralizado”, según la policía que no confirmó si acaso había sido herido o abatido.

Por el momento, la policía confirma que, al menos, 10 personas habrían sido heridas durante éste atentado. Todas ellas, apuntó, con heridas de consideración. Las inmediaciones de la comandancia de la marina, donde laboran unas 3 mil personas, se han visto tomadas por decenas de agentes.

“Uno de ellos era un hombre alto, vestido de negro y con un rifle que disparó sin mediar palabra”, según el testimonio de una testigo.

En medio de una cacería, la policía metropolitana ha bloqueado las principales rutas de acceso a esa zona en el sector Sureste de la capital. Un puente que cruza el Río Potomac, en la calle 11, ha sido bloqueado y seis escuelas primarias han sido cerradas.

En el Capitolio, a unas 10 calles de distancia, la policía ha reforzado los controles de seguridad, pero la zona donde se mantiene el operativo para detener al atacante ha sido acotada.

Mientras la operación para reducir o neutralizar al atacante se mantiene en ese sector de la ciudad, el presidente Barack Obama ha sido informado puntualmente de la situación. El Secretario de Defensa, Chuck Hagel, fue informado de la situación y dirige una parte del operativo.

Poco antes de los actos que marcaron el 12 aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el presidente Obama confirmó que el Departamento de Seguridad Interna (DHS) mantenía la guardia por todo lo alto ante la posibilidad de un atentado terrorista.