Una multiplicidad de objetos triunfa sobre los sujetos humanos; es absurdo quejarse ya que la mente humana está tan seducida por ese mundo, que cualquier intento de cambiar esa visión es complicado. El simple hecho de que cualquier cosa haya pertenecido a alguien célebre o poderoso, le confiere un valor personal. De esta manera, no sirviendo para nada, sirve profundamente para algo. ¿De donde emerge esa motivación y gusto por lo antiguo, al mueble viejo, a lo auténtico, al objeto de estilo, a las marcas, a lo hecho a mano, a la cerámica indígena, a lo folklórico? Las respuestas son personales y diversas.

Algunos objetos te dan un valor como persona. No nos fijamos en quién es la persona sino en los objetos que nos exhibe. ¡Qué bonita bolsa trae! ¿Ya te diste cuenta de la ropa que usa? ¿Has visto su casa por dentro? Una maravilla. ¿Ella quien es? ¿Qué hace? No importa mucho.

Otro ejemplo de esto lo tenemos en el automóvil; da prestigio y una connotación formal, mayor a la de la esfera doméstica ya que puedes lucirlo en muchos espacios sociales. Parte de su grandeza se debe a que contribuye en forma importante al desplazamiento en forma privada. Es vivido como una continuación del sí mismo y produce fascinación y poderío. Muchas personas han comentado: me siento diferente con mi auto nuevo, mejor que cuando usaba el viejo. La función del objeto es la misma pero la sensación es diferente.

Una persona lo describió como la tierra de nadie entre el lugar de trabajo y la casa. Ahora con la invasión del celular se ha convertido en un espacio de fácil localización. Es sorprendente ver la popularidad que ha adquirido este objeto tan común en ambientes sociales diferentes. Las personas quieren ser libres y son más localizables que nunca antes. Un médico recomendó a un cliente que tenía una tensión estomacal constante dejarlo a la hora de las comidas, y mientras dormía y cuando se preparaba para salir por las mañanas. Este confesó que aunque mejoró su estado físico, se sentía extraño de no tener sus aparatos cerca.

Es innegable la maravilla de la tecnología moderna; hacer un trabajo escrito con la computadora, ahorra tiempo y no es comparable con los escritos que se hacían hace 25 años. . Cada corrección que se quería hacer era con papelitos que se iban numerando para introducirlos en el escrito en la siguiente revisión. Un mínimo error se corregía con corrector blanco y sobre él se ponía la nueva letra o palabra, se notaba que uno se había equivocado. Cuando había más manchitas que las permitidas, había que repetir la página escrita y encomendarse para equivocarse lo menos posible. ¡Qué fácil! No dejemos de lado la facilidad que trajo la máquina de escribir eléctrica en relación a las otras, tan duras que los dedos se cansaban.

Cualquier persona es capaz de manejar los medios electrónicos, si lo quiere hacer, que nos comunican en segundos a cualquier parte del mundo y ha venido a sustituir en cierta medida, a los periódicos, los libros e incluso el teléfono de casa. Es frecuente estar en un restaurante y observar a las personas más pendientes de sus aparatos que de quien está frente a ellos.

He leído algunas novelas que muestran relaciones y enamoramientos que surgen a través del Internet; son amorosas, íntimas y emocionantes. Esta forma de comunicación, nos lleva de la mano a través de un espacio perturbador y fascinante, que se vive como real.

Es una especie de erradicación de la interacción personal. Se crean amistades en donde la fantasía ocupa un gran espacio: “No te veo pero te imagino”; se produce fascinación y estupefacción.

Es una comunicación en el vacío, sin cara, sin edad y solo contamos lo que nos conviene; sin embargo, hay quien confiesa intimidades que no conocen sus seres cercanos. También hay casos de relaciones de pareja, en la vida real, que se inician de esta forma, algunas funcionan y muchas terminan en fracasos y frustraciones.

La magia de tener miles de amigos a través de las redes produce sensaciones de placer infinitas. Facilita un mundo de ilusiones haciéndonos sentir que esto es real, se ha creado un otro imaginario; se puede fantasear que ese otro siente desagrado o simpatía y se actúa en consonancia. Se percibe como real aunque la interacción no se produce en un espacio vital, el usuario tiene la sensación de estar presente.

Las distintas redes ofrecen al sujeto la posibilidad de moverse, desplazarse, visitar determinados espacios y lugares como si se encontrara allí. Una realidad virtual que ha eliminado la frontera existente entre realidad e irrealidad. Genera ilusiones, sin un soporte físico real.

Las más elementales reglas del de las relaciones humanas se han transformado; ahora son relaciones de pantalla a pantalla. Los participantes pueden pasar uno junto al otro sin reconocerse y cuando llegan a sus computadoras se viven como grandes amigos.

La sociedad de consumo ha creado bienestar, ha multiplicado las opiniones, ha dado libertad, autonomía, modos de vida más cómodas, longevidad, pero es incapaz de cumplir con las aspiraciones más elevadas del hombre; tener valores y ser creativo, cualidades peleadas con la sociedad de consumo; el compromiso para lograr mayor satisfacción espiritual es personal. Cada quien tiene que buscar la manera de sentirse bien consigo mismo y no ser sólo un consumidor obediente de objetos que multiplican el hastío y aburrimiento.