A través de la historia, no sólo la contemporánea, los perfiles de los pueblos y los destinos de éstos, en buena medida, han estado marcados por los males físicos de los gobernantes. En 1815, en Santa Elena, exiliado pero sin someterse del todo a sus custodios ingleses, Napoleón Bonaparte uno de los más grandes conquistadores universales, murió víctima de sobredosis de arsénico y no de enfermedades gastrointestinales como se supuso en su época. Tal era el miedo terrible que se le tenía: posiblemente las paredes de su recámara estaban tratadas de modo especial para cobrarse su existencia sin dejar rastro, una sofisticada manera de actuar de los destacamentos de inteligencia de aquella época, hace ya dos siglos.
Males parecidos han padecido diversos jefes de Estado, agravados por la negligencia o la complicidad con sus adversarios de quienes fueron sus médicos. Lo mismo los espantosos dolores de espalda de Kennedy como diversos padecimientos insoportables de Hitler, Churchill, Ike Eisenhower, Margaret Thatcher, Ronald Reagan, el papa Juan Pablo II, Mao Tse-Tung o Tony Blair, en cada momento crucial, sufrieron de enfermedades extrañas, poco difundidas, en los momentos coyunturales de sus gobiernos, fuesen o no tiranos, modificando objetivos fundamentales o convirtiéndose en piezas vulnerables ante los propósitos d conquista de sus rivales… aunque éstos fueran infinitamente más débiles como en el caso de los talibanes-terroristas quienes fueron capaces de golpear al corazón financiero del mundo –las célebres Torres Gemelas de Nueva York-, evidenciando que nadie podría sentirse seguro sobre la tierra nunca más.
Lo anterior puede documentarse en la excelente obra de David Owen,”En el Poder y en la Enfermedad” –El Ojo del Tiempo, Siruela, 2011-, en la que se plantea la interrelación entre el ejercicio del mando y los males internos de los jefes de Estado, sobre todo aquellos destinados a modificar las estructuras del sistema hasta acabar, en buena parte de los casos, colapsados, incluso asesinados, como exhibición palpable de la reacción de quienes vieron en peligro sus intereses personales, gregarios e incluso religiosos. Algunos han pagado costos muy elevados por ello y ni siquiera éstos han sido recogidos adecuadamente por las crónicas de cada ciclo, como si no hubiese existido la relación causa-efecto.
Durante los últimos años, las enfermedades han devastado a varios mandatarios latinoamericanos, con recuperaciones más o menos creíbles –porque muchos saben ocultarlas hasta que se extreman-, y consecuencias terribles en cuanto a la inestabilidad causada en sus naciones. Podríamos empezar con el relevo forzoso y fraternal de los hermanos Castro en Cuba –aun contando con la decrepitud inevitable de Fidel por la edad-, y el cáncer resistente de Hugo Chávez en Venezuela desde que su imagen mesiánica se partió en dos: por una parte, la repulsión dl mundo capitalista por sus desplantes constantes –por cierto, siempre dirigidos sus ataques verbales a los Estados Unidos ero sin tocar sus intereses a cambio de derribar las inversiones europeas-; y la capacidad de liderazgo para aglutinar en torno suyo a otros jefes de Estrado como los de Nicaragua, Bolivia, Ecuador e incluso Uruguay y, a últimas fechas, la Argentina de Cristinita Fernández, la última representante de los matriarcados gauchos. Igualmente han padecido episodios cancerígenos dos mandatarios de Brasil, Lula de Silva y la actual Dilma Vana Rousseff, el de Uruguay, José Alberto Mujica Cordano, el de Colombia, Juan Manuel Santos, y la mencionada señora Fernández viuda de Kirchner. No es posible creer en las coincidencias ante tantas sospechas de haber sido víctimas de un proyecto global para controlar las regiones más ricas de Sudamérica. No es cualquier cosa, digo.
Recientemente, por ejemplo, el presidente de Bolivia, Evo Morales, vindicó el consumo de la coca, por ser parte de la alimentación cotidiana de las etnias indígenas de su país, tratando de separarla del estigma de la cocaína que, para producirse como droga, es necesaria refinarla en laboratorios especializados y protegidos, en muchos casos, por los mismos mandos que dicen perseguir a los narcotraficantes, incluso marines de los Estados Unidos con carta blanca de sus respectivos embajadores como ha sido demostrado ampliamente con la conducta de los diplomáticos que han sido especializados, precisamente, en el tratamiento de los”estados fallidos”, uno de los propósitos de la gran potencia estadounidense para poder expandirse sin necesidad de justificar invasiones, simplemente basados en la urgencia de combatir a los cárteles multinacionales o al gran corporativo de éstos encabezado por el mexicano Joaquín”El Chapo” Guzmán Loera.
De allí igualmente el interés por promocionar, a veinte años de su muerte, al”patrón” del cártel de Medellín, Colombia, Pablo Emilio Escobar Gaviria, pretendiendo hacer creer que tales organizaciones criminales –sumando al anterior el de Cali-, han siso desmanteladas. Lo que nadie explica entonces, ¿es cómo sigue llegando la cocaína, en grandes cantidades, a territorio mexicano, específicamente al Puerto Lázaro Cárdenas, en Michoacán… procedente de Guatemala?¿Serán sólo los remantes o se extiende una monumental mentira contra quienes conserven alguna posibilidad de deducción? El hecho es que no pocos niños y adolescentes mexicanos ya quieren ser… como Pablo Escobar o, mejor aún, igual al inalcanzable”Chapo”, a quien tanto aseguró que capturaría la administración farisea de felipe calderón –minúsculas-, ya convertido, con toga y birrete, en académico de Harvard, convertida esta célebre institución de estudios superiores en refugio de ex mandatarios… protegidos por distintas causas como Ernesto Zedillo o su contemporáneo, el colombiano Ernesto Samper Pizano a quien se descubrió el uso de fondos sucios durante su campaña electoral en 1994, el mismo año de la barbarie en México. No creo en las coincidencias porque, casi siempre, ocultan los hilos conductores de la verdad.
En nuestro México, bien sabemos que el presidente Adolfo López Mateos –1958-64-, acaso el único que conservó su popularidad al final de su gestión a pesar de los terribles hechos represivos contra médicos y ferrocarrileros perpetrados por órdenes suyas, cuyos dolores de cabeza extremos fueron muy evidentes para cuantos tuvieron cercanía con él. Miguel Alemán Velasco, ex gobernador de Veracruz, cuenta que Don Adolfo tenía distribuidas, por cada rincón de su despacho en Palacio Nacional, amén de las salas de juntas y recepciones, una especie de dulceras en donde atesoraba aspirinas que el paciente se tomaba a puños, sin el menor recato ante la presión que padecía. Para enloquecer a cualquiera, sobre todo si, como se sabe, prestó servicios notables a Estados Unidos, en detrimento de los intereses soviéticos durante la llamada guerra fría, específicamente en el renglón de la carrera espacial que los segundos iban ganando a nuestros intransitables vecinos del norte.
Para terminar, también trascendió que Enrique Peña Nieto, en los meses anteriores al inicio d la precampaña formal por la presidencia, debió someterse a un tratamiento para controlar un cáncer de próstata en fase de incubación; por fortuna, para él, tal se detectó a tiempo y, en apariencia, sus secuelas no le derrotarán antes del término de su sexenio… pero acaso sí en veinte años más. Eso se sabe hasta el momento, pero es obvio que no puede extirparse, de igual manera, la vulnerabilidad física del personaje quien se confesó promiscuo –”2012: La Sucesión”, Océano, 2010-, para zanjar esta debilidad públicamente evitando con ello que se convirtiera en un arma política contra él durante su periplo por la Presidencia que, al fin, ganó… sin ser llamado”espurio” por los más radicales. Una ventaja, sin duda.
Debate
Comentamos ya la alta corrupción que imperó en el área de Pronósticos Deportivos durante la administración de calderón –minúscula-. Primero, bajo la batuta de Adolfo Blanco Tutto, quien tenía la costumbre de llevarse a sus empleados y directivos a tomar seminarios en Valle de Bravo en donde, para confraternizar, les obligaba a andar a gatas, por la tierra y el césped, como parte de una rutina inventada por el corrupto foxista, Javier Díaz Brasseti, quien se presentaba como presidente del grupo llamado Latinoamerican Speakers que concentraba conferenciantes para tenerlos entretenidos, pagándoles el treinta por ciento de cuanto él cobraba, de acuerdo a los lineamientos oficiales para darles o no tribuna a quienes convenía. Este columnista confiesa que se tragó el cuento hasta 2003, cuando publiqué”Marta” –Océano-, y fue objeto de una feroz persecución soterrada por parte de aquella pareja hoy ex presidencial.
Pese a ello, Díaz Brasetti tuvo la”suerte” de reacomodarse como exclusivista d Pronósticos Deportivos gracias a que fue acercado a Blanco Tutto por los Fox, con debilidad por aquel personaje, el albino Díaz Brasetti, quien se comprometió –y cumplió- a convertir a Vicente en una especie de bolsa sin fondo presentándolo en diversas comunidades universitarias de los Estados Unidos, con sueldos inusuales para un elemento de tan poca monta cultural y política, hasta auxiliarle en la elaboración de su libro, en inglés, con el que pretendió justificar sus excesos. Es la hebra de la madeja que, sin lugar a dudas, conduce al núcleo de la gran corrupción de la institución ahora bajo investigación. Menos mal que la nueva titular, fusionada la Lotería Nacional con Pronósticos, María Esther Sherman dio órdenes precisas para que la entrega efectiva de ambas empresas se tomara el tiempo necesario para no encubrir a los defraudadores.
Bien se sabe que igualmente, el segundo de los directores de Pronósticos, Jesús Villalobos López, es ahora uno de los elementos más a mano para sancionar al irresponsable régimen del señor calderón –minúsculas-, tras seis años de depredación permanente. Tal es el lastre heredado.
La Anécdota
A mitad del sexenio de Miguel Alemán Valdés, en el diario Novedades surgió el rumor de que el presidente padecía una enfermedad seria. Para confirmarlo, fue enviado un joven reportero a la residencia oficial, precisamente Carlos Loret de Mola Mediz, padre de este columnista, quien fue recibido por el secretario particular del mandatario, Rogerio de la Selva Escoto:
–No se meta en honduras, amigo –replicó el funcionario-. El presidente Alemán es un roble, está sano y fuerte. Jamás se enferma. Las especulaciones son obra de quienes quieren desestabilizar a México.
Unos días después, sin mayores explicaciones, reapareció el mandatario con su sonrisa a flor de labios.























