Una serie de atentados explosivos en diversos puntos de la capital iraquí, incluida la resguardada “zona verde”, donde se encuentra la sede del Gobierno y varias embajadas, dejaron como saldo 33 muertos y 56 heridos.

Al menos siete automóviles estallaron en diferentes distritos de Bagdad, dos de ellos habitados en su mayoría por chiítas, y otro por musulmanes sunitas y chiítas, según informó la Policía a la televisora Al Yazira.

 

El primer atentado se registró cerca de una estación de autobuses del distrito capitalino de Jazimiya. Otro coche-bomba estalló en un área comercial del barrio de Bab al-Muadham; en el distrito de Husseiniyah se presentó un tercer siniestro similar. En tanto, otras dos explosiones se registraron a unos cuantos metros de la “zona verde”, donde están ubicados los principales ministerios, entre ellos la sede de la cancillería, que ha sido blanco de ataques, y varias embajadas, entre ellas la de Estados Unidos.

Fuentes médicas confirmaron, en calidad de anonimato, un total de 33 muertos y 56 lesionados como consecuencia de las explosiones, aunque la cifra podría ser mayor, ya que algunas víctimas fueron recogidos por familiares y muchos heridos no requirieron hospitalización.

La Policía investiga las causas de las explosiones.

Los atentados no han sido reivindicados, pero grupo armados sunitas, entre ellos algunos relacionados con Al Qaeda, cometen con frecuencia atentados contra miembros de la comunidad chiíta.

Algunas de las víctimas creen que estos fueron perpetrados por sunnitas y que llevan el sello de la red Al Qaeda en Iraq, que buscan dañar al Gobierno encabezado por chiítas.

El país sufre desde principios de 2013 un repunte de la violencia paralelo a una creciente cólera en el seno de la minoría sunita, que desde diciembre lleva a cabo un movimiento de protesta para denunciar las discriminaciones de las que afirma ser víctima.

Desde principios del año, tres mil 450 personas han muerto en ataques o atentados en Iraq.