La escobita nueva se desgastó muy pronto. El glamour, aunque todavía queda mucho del mismo, se agotó en dos renglones esenciales para recuperar la credibilidad comunitaria: la seguridad pública y cuanto se relaciona con el imperio de la corrupción. Para desgracia del presidente Enrique Peña Nieto se trata de temas torales, diríamos de enorme trascendencia, que pueden restarle gran parte del crédito moral otorgado hasta por sus mayores adversarios. Fíjense: hasta Andrés Manuel López Obrador, radicalizado, ha evitado llamarle “espurio”, como sí lo hizo con calderón –minúsculas-, desde el primer día del mandato de éste, pese a sus denuncias sobre las derramas de dinero, las tarjetas Soriana y las de Monex que no fueron consideradas por el TRIFE como pruebas suficientes para anular los comicios de julio de 2012. Los cabildeos resultaron, entonces, bastante efectivos.
Pese a ello, las cifras no andan bien. Los calderonistas, muy entusiasmados, han dado a conocer que el número de ejecuciones cada día, en promedio, aumentó, a partir de diciembre –es decir desde la asunción residencial de Peña Nieto-, de veintisiete a veintinueve cada veinticuatro horas; esto significaría una media de dos homicidios más…salvo por un hecho muy importante. Resulta que el nivel adjudicado a la administración de calderón –minúscula-, es el del todo el sexenio y no las cifras de los últimos once meses de su gobierno, de enero a noviembre de 2012, que alcanzó una media de treinta y cuatro muertes relacionadas con el crimen organizado diariamente, esto es cinco más que a partir del inicio del sexenio peñista en curso lo que devela, entonces, una disminución si no abrupta cuando menos bastante importante, cercana al doce por ciento.
Lo extraño de la cuestión es que han vuelto a darse, con inusitada frecuencia, asesinatos múltiples en diversas entidades del país, espectro que parecía ir a la baja aun cuando no se cesaran los crímenes. Ello revela, con particular acento, un inocultable interés por exhibir la vulnerabilidad de la nueva administración federal pese a que no ha podido hacer funcionar el nuevo organigrama por los consabidos retrasos, acaso mal intencionados, de los legisladores. Esto es: se ha funcionado prácticamente con la misma estructura en el mes y medio desde el comienzo… y apenas en los días recientes los reacomodos han ido dándose paulatinamente, incluso en instituciones en donde los saqueos económicos han sido de altos vuelos como en el caso de Pronósticos Deportivos, dada la escrupulosidad puesta en la recepción de cuentas que no cuadraban. El legado de la derecha en el poder fue terrible y no puede, ni debe, quedar impune salvo si se asimila parte de la complicidad.
El segundo lastre es muy serio también aunque no puede equipararse a la extensión de una violencia sorda legado de las interrelaciones de las mafias con el poder político. El presidente Peña habló, con dureza, contra la corrupción tildándolo como un “cáncer no sólo del ámbito público sino también del privado”, en una suerte de desafío, por demás muy claro, contra aquellos grupos de presión que han pretendido medirlo o chantajearlo. Lo lamentable del asunto es que en este ya largo pulso por conocer el verdadero perfil del mandatario –en lo personal no queda muy bien-, al presentar su declaración de bienes, por obligación deben hacerlo todos los funcionarios, omitió escandalosamente el monto de los mismos por lo que la relación de inmuebles –cuatro terrenos, cuatro casas y un departamento de distintas dimensiones, la mayor parte de ellas estipuladas como donaciones y una herencia, tampoco sin especificar la procedencia de las mismas-, no fue satisfactoria en cuanto a su obligación de informar a sus mandantes, la sociedad en su conjunto, de lo que posee para poder realizar, al final de su ejercicio, si se dio o no un enriquecimiento “inexplicable” a la sombra del poder; más aún, las propiedades sugeridas parecen demasiado para quien ha tenido una carrera más bien corta considerando que, desde su afiliación al PRI, en 1984, optó por ser ayudante de notario como máxima prestación.
Fue hasta 1993 cuando comenzó a tener tareas políticas de alguna relevancia como la de fungir como tesorero durante la campaña al gobierno del Estado de México de Emilio Chuayffet Chemor, quien ahora ocupa la cartera de Educación Pública no sólo como un contrapeso para la estoica y provocadora maestra Elba Esther Gordillo, quien se pavonea como si nada pasara, sino igualmente para cumplir los compromisos de honor que siguen siendo, entre priístas, fundamentales. Desde luego, en dos décadas, en las que además ocupó el gobierno mexiquense, no puede acumularse una fortuna inmobiliaria, además de joyas y colecciones de arte, como la que reconoce el más alto ejecutivo del país. Y es esto, sin duda, lo que debe aclararse a la brevedad para, insisto, no perder el privilegio de la duda concedido por millones de mexicanos hartos ya del nepotismo, los compadrazgos y todos los males del sistema acrecentados durante el periodo de la derecha en el poder.
Es curioso, además, que se estipule un sueldo de ciento noventa y tres mil cuatrocientos setenta y ocho pesos al presidente de la República, por debajo de los salarios del secretario de la Defensa Nacional, general Salvador Cienfuegos, y de la Marina, Almirante Vidal Soberón Sanz –éste último favorecido en la quincena anterior a su nombramiento cuando aún era vicealmirante y estaba en desventaja por ello con otros aspirantes al cargo salvo por una condición: su cercanía con el poderoso titular de Hacienda, el doctor Luis Videgaray Caso-. Si se trata de proteger con ello a tales secretarios de los “cañonazos” de las mafias nos suena a poco; no así si consideramos la condición de depauperación de la mayor parte de los mexicanos a quienes no se considera pobres en extremo si ganan más de dos dólares al día. Así, tazados con la moneda estadounidense.
Mientras ello ocurre es lamentable que el gobierno federal no se haya fijado, como una de sus prioridades, sacar del abismo a las entidades federales endeudadas y, por ende, asfixiadas por los requerimientos cotidianos –sólo en pago de maestros erogan el sesenta por cierto de sus presupuestos-, a sabiendas de que no será factible operar, en serio, el federalismo, en toda su dimensión, sin este apoyo indispensable lo que obligaría a los gobernadores a retornar a la vieja costumbre de la postración, esto es como mendigos, ante las distintas instituciones centrales. Lo que tanto se temía, entre los mandatarios estatales, al fin de su peculiar duelo con la derecha en el poder presidencial que les permitió tener márgenes de soberanía reales por no depender de un presidente de su misma filiación política y darse el lujo, por ende, de indisciplinarse y aún de tener los desplantes jugosamente mediáticos con los que trataban, sobre todo, al señor calderón –minúscula-, obligado muchas veces a tragar “sapos” en cada periplo por la República; el estigma de la ilegitimidad le acompañó de principio a fin de su ejercicio malhadado.
Preocupa que, tan temprano, se dilapide el crédito público de un gobierno con capacidad, hasta hoy, para signar compromisos con las fuerzas opositoras, el Pacto por México, y para alcanzar consensos necesarios en pos de reformas constitucionales que rompan con los candados oxidados… sin tocar los derechos y conquistas básicos de los mexicanos.
Debate
La ausencia de regulación de las llamadas redes sociales, cuya libertad es encomiable salvo si se cometen abusos contra la estabilidad del país, está provocando ya serias consecuencias en el ámbito de la seguridad pública. El hecho de que el grupo autodenominado Anonymus, con cobertura internacional, haya podido hackear varias veces las páginas WEB de las secretarías de la Defensa y Marina, pilares hasta el momento del combate no interrumpido contra el crimen organizado –aun cuando el presidente Peña admite que no será por mucho tiempo-, coloca a sendas corporaciones en predicamento en cuanto a la necesidad de mantener una ventana hacia la ciudadanía libre de incursiones externas con evidente capacidad para dañarlas. (Infelices los periodistas que sufren lo mismo: si la Defensa es vulnerable, ¿cómo no vamos a serlo quienes informamos?)
Lo anterior vuelve a conducirnos a los planos de las vendettas, la más antigua de las tradiciones mafiosas, con el riesgo de que personajes del pasado inmediato, por ejemplo Genaro García Luna ahora avecindado en Florida en un despacho “particular”, tuvieran parte en estas andanadas contra las citadas dependencias estatales con el único fin de “negociar”, chantajes de por medio, con el nuevo gobierno del que fueron desplazados y señalados. El fin de la secretaría de Seguridad Pública es, en sí, una abierta condena a cuanto se hizo y deshizo en ésta durante el deplorable régimen anterior. ¿Y calderón –minúsculas- no debe ser igualmente investigado a pesar se su parapeto en la escuela John F. Kennedy de Harvard?¿Significa lo anterior la posibilidad de que los centros de educación superior –o muchos de ellos- estén sirviendo para el inefable “lavado de dinero” a cambio de favorecer a mandatarios que permitieron actuar, con su tolerancia, a los mayores cárteles de México y Latinoamérica? Tal es, sin duda, la cuestión de fondo.
Desde luego lo que no es posible conceder es la impunidad a quienes la sociedad señala por las más de cien mil ejecuciones documentadas y los veintitrés mil desaparecidos –posiblemente muertos ya- del gobierno calderonista.
La Anécdota
Respecto a la “competencia” entre las secretarías de Defensa y Marina, exacerbada a partir de la ejecución callejera de Arturo Beltrán Leyva, en Cuernavaca el 16 de diciembre de 2009, ya es momento de poner el orden: nunca dos o tres cabezas han resuelto los conflictos armados sino que siempre es necesario la voz determinante de un comandante. Nos dirán que tal corresponde al presidente de la República pero, sin duda, en cuanto a los operativos necesarios para abatir el crimen organizado es menester que uno solo, y no dos o tres como en el sexenio pasado, se arrebaten facultades al extremo que los marinos realicen cateos en el Distrito Federal a cientos de kilómetros de las costas a ellos encomendadas.
Sobre el particular, me dice un general de tres estrellas, Diplomado de Estado Mayor:
–Si hacemos un análisis serio, las Fuerzas Armadas están formadas por el ejército, la marina y la fuerza aérea; y sobre todas ellas debería tener prioridad el secretario de la Defensa Nacional, al frente de las tres corporaciones. ¿O vamos a caer en la torpeza de hacer crecer a la Fuerza Aérea al nivel de otro ministerio?
El planteamiento está hecho… pero antes es necesario depurar a fondo a las tres instituciones del mismo tronco.
























