Hoy en día el concepto de soberanía es ampliamente utilizado tanto en el discurso político como en la apreciación cotidiana de nuestra realidad social.
Aparece lo mismo en los espacios televisivos que dan cuenta de los asuntos que afectan nuestra nación, en las opiniones de los foros que los abordan, como en los debates ciudadanos sobre la amenaza que para ella representa alguna realidad o política pública. Así por ejemplo, aparece como eje rector de los debates sobre la apertura de la inversión privada a la explotación de los recursos petroleros, sobre los efectos que el flagelo del crimen organizado producen en la eficacia del gobierno, o sobre el rechazo a operaciones realizadas en territorio nacional por agentes o tecnologías extranjeras con matices de poder gubernativo.
No obstante la ambigüedad con la que se emplea y en ocasiones su tergiversación con fines populistas, el hilo conductor que homogeneiza el concepto en la retórica mexicana evoca sentimientos nacionalistas, de pertenencia y exclusividad, de independencia, una imagen que propone que de la vigencia de dicho concepto depende que sea el pueblo de México quien decida en los aspectos más básicos y fundamentales, cuál es el curso que debe seguirse en el devenir de nuestra nación. Curiosamente el concepto de soberanía que el ciudadano identifica hoy en día como de raigambre netamente liberal, en realidad tiene un origen absolutista, siendo que la concepción que se utiliza indiscriminadamente en los distintos discursos a los que me referí, en realidad coincide con el diverso de soberanía nacional de cuño mucho más reciente
Es importante destacar que el texto órdenes normativos no debe entenderse el de normas jurídicas positivas, sino toda norma que rige la actividad social pues en ellas se depositan las convicciones populares y culturales y si estos valores se contraponen o simplemente no encuentran cabida en el modelo de gobierno reconocido formalmente a nivel constitucional, el pueblo se hará sentir por considerar una vez más que es necesario recuperar su soberanía.
Únicamente quiero destacar que la idea de la soberanía delegada por el pueblo y la legitimación que adquiere el Estado constituido sobre esta base, está íntimamente vinculado a la estabilidad política del mismo en un momento histórico determinado frente a la sociedad sobre la que se despliega. Esto quiere decir que la ruptura del principio de que la soberanía reside en el pueblo y que éste la delega para su ejercicio sobre la condición de su detentación razonable en aras de alcanzar los valores del populares, solamente puede apreciarse en retrospectiva, pues ante un levantamiento o una revuelta en contra del Estado, solo la victoria de uno u otro bando podrá definir si efectivamente existió dicho quebrantamiento.
A mi modo de ver, el principio de la soberanía popular no es constitutivo, sino declarativo, pues solo es pueblo soberano el que lucha imponiéndose frente a lo que considera arbitrario y tiránico, con la reforma que pronto será discutida veremos si el pueblo bien informado y consciente de que se tomara una decisión que le favorecerá a través de resultados inmediatos, solo así, podrá concluir que en verdad la Soberanía se está ejerciendo en su beneficio por medio de sus órganos constitucionales de representación.
























