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Las pandillas juveniles no necesariamente remiten a la consumación de excesos antisociales; también existen las que sirven para unir hondos afectos y cumplir metas comunes. Por ejemplo, Luis Echeverría, el discreto y callado burócrata que acabó convertido en uno de los más locuaces presidentes –sólo superado recientemente por Vicente Fox en este renglón-, reunió en torno suyo a varios de sus contemporáneos y con dos de ellos, José López Portillo y Salvador Pliego Montes, emprendió una larga marcha por centro y Sudamérica como desfogue a la permanente curiosidad juvenil. Fue entonces cuando se signó un pacto entre ellos que habría de tomar significación mayor a la hora de la postulación de López Portillo para suceder a Echeverría en la Presidencia de México.

En la política mexicana suele ocurrir que los amigos más entrañables no sean llamados para agrupar a los mandatarios, ni a los estatales ni al nacional, en la hora de sus exaltaciones. Alguno habrá que disfrute de algún cargo, pero la mayor parte queda al margen acaso como una manera de asegurar los privilegios que se obtienen a la sombra del poder sin requerir ejercerlo. Miguel Alemán Valdés, por ejemplo, logró que todos sus afectos cercanos labraran enormes fortunas bajo el cobijo de la impunidad. Otra de las manías tiene que ver con las parentelas exultantes e intocables a lo largo de cada administración si bien son igualmente intocables, salvo excepciones muy precisas –el cuñado de Echeverría, el hermano de Carlos Salinas-, después del finiquito sexenal.

 

 

 

calderón –minúsculas- estuvo caracterizado por su lealtad afectiva, una condición que también se observó en Salinas quien no dejó de proteger, estimular, cuidar y privilegiar a cuantos le fueron útiles en su ruta hacia Los Pinos o formaron camarilla con su padre Don Raúl quien arañó el sueño presidencial cuando cursó como Secretario de Economía durante el periodo de Adolfo López Mateos –1958-64-.

 

Ernesto Cordero Arroyo, antiguo condiscípulo de Calderón en el Instituto Tecnológico Autónomo de México en donde éste cursó una licenciatura en Actuaría, llegó a la Secretaria de Desarrollo Social, y Juan Camilo Mouriño, nacido en Madrid en 1971 pero “mexicano por nacimiento” según explicó reiteradamente ante los medios de información, se asentó en el Palacio de Bucareli desde donde se maneja la política interior del país, se cerró el círculo de los grandes amigos, condiscípulos y discípulos, en torno a la figura del mandatario acosado cuyo optimismo pareció aumentar al consumarse los nombramientos –más sorpresivo el de Mouriño, acaso el más joven de cuantos han desempeñado la titularidad de la legendaria Gobernación y luego concluyó bajo el peso del drama-, como si se hubiera librado de un gran agobio interior y de un enorme peso sobre los hombros.

 

No olvido que cuando, en diciembre de 2006, tras la asunción presidencial a trompicones, sugerí que aquel mandatario carecía de controles específicos para cumplir sus tareas a satisfacción, un observador acucioso de la vida institucional, amigo entrañable de esta columna, aseguró que la fase de posicionamiento tardaría poco más de un año de acuerdo a la estrategia establecida por el propio calderón –minúsculas- y sus operadores. Iría paso a paso hasta lograr hacerse del mando territorial real. Lo recuerdo, claro, porque el pronóstico resultó casi exacto lo que develó un complejo conflicto de tiempos: el periodo presidencial se acortó dramáticamente sin necesidad de reforma alguna, de seis a cuatro años porque el último del sexenio se perdió irremisiblemente en las controversias electorales.

 

De una manera u otra, aunque algunos digan, como este columnista, que en este 2013 ya se ha iniciado la carrera por la sucesión –un factor que tiende a debilitar a la figura central-, el calor de los amigos, tanto los contemporáneos como quienes comenzaron su andar siguiendo sus pasos, arropa hoy al presidente Peña Nieto quien, además, cuenta con sus hermanos políticos, los propios también, para enfrentar con ellos, todos juntos, los desafíos por llegar. Y está confiado, tanto que insiste, en que las previsiones sobre un año difícil acabarán por ser un recuento de saldos favorables. Esperemos que esta vez el optimismo no conduzca, como ha sido inevitable, a la demagogia rampante.

 

Debate

 

Cuando escribí “Confesiones y Penitencias” –Océano, 2007-, dediqué un capítulo íntegro a desmenuzar las conexiones y orígenes de dos familias gallegas de extraordinario éxito en México: los Vázquez Raña y los Mouriño, con núcleos, las dos, en la fronteriza Vigo, acaso el rincón más rico de España y muy cerca de Portugal además. Tierra de navegantes y descubridores ansiosos de aventuras y fortunas. Sendos grupos, desde luego, han alcanzado a plenitud sus objetivos. Los Vázquez, al calor del echeverriato lo lograron al convertirse en los más prósperos prestanombres del mandatario desde el momento en que le fue arrebatada al histórico Coronel José García Valseca su cadena de periódicos, la mayor de Latinoamérica. Y los Mouriño aprovecharon la calma de Campeche, adoptada por ellos como reducto, para extender vínculos por todo el sureste mediando redituables negocios enlazados con PEMEX.

 

Lo interesante de la cuestión estriba en que sendas familias mantuvieron sus faros encendidos hacia la casa presidencial si bien con una diferencia sustantiva: los Mouriño ya contaban con amplios caudales a la hora de conquistar la cima del poder reflejo; los Vázquez, en cambio, consolidaron sus haberes cuando su gran socio del Palacio los habilitó de manera definitiva aun cuando ya habían reunido también un jugoso capital.

 

En “Penitencias” –pagina 55-, de acuerdo a una investigación realizada en octubre de 2006, se señala con puntualidad el desarrollo del corporativo “GES”, numen de las empresas de los Mouriño, con Carlos, el padre, a la cabeza luego de la tragedia de su hijo Juan Camilo quien no vivió para contar la historia de su interrumpido sexenio de crecimiento, que se desenvuelve bajo tres grandes líneas de inversión:

 

1.- Grupo Energético del Sureste a través del cual se administran varias decenas de gasolineras, sobre todo en el sureste del país.

 

2.- Transportes Especializados Ivancar, destinados a la adquisición de “pipas” para el traslado de productos energéticos, un rubro, por cierto, en donde han ejercido el liderazgo los Hank.

 

3.- Franquicias. Del consorcio depende la comercialización de algunas firmas por demás conocidas en México: Burguer King, Benedettis Pizza, Church´s Chicken, Tortas Locas Hipocampo, Baskin Robbins, Tintorerías Max, Ges Autowash y Tiendas de Conveniencia Ges.

 

Un verdadero emporio. A su llegada a Bucareli, el treintañero Juan Camilo Mouriño, explicó que los negocios de los suyos tenían, cuando menos, tres décadas de asentamiento y también puso el énfasis en que él, al optar por la política, se había desprendido de los mismos, sin intervenir. Con ello buscó atajar las sospechas sobre los intereses familiares en cuanto tocaba a la reforma energética y la posibilidad de que los Mouriño fuesen los mas beneficiados con la misma. Pese a ello, no explicó por qué, entonces, fue él quien representó al gobierno de calderón –minúsculas-, unas semanas después de que cesó el diferendo electoral en julio de 2006, en los encuentros con los empresarios petroleros de mayor calado organizados, faltaba más, por el siempre inquieto Pedro Aspe Armella, la joya de la corona salinista.

 

No buscaba, decía, pero a Juan Camilo los vínculos le cayeron del cielo aunque, al final, fue él quien lo hizo, colapsado. Él fue un político y, como tal, no actúo, no sean ustedes mal pensados sobre quien ya no puede defenderse, en pro del consorcio que su padre puso en sus manos y en las de su hermano Carlos a quien su padre, por mera estrategia, colocó al frente de los negocios. Para Juan Camilo, desde luego, el destino fue otro, terrible, dramático, la muerte misma. Digamos que en el seno de la familia Mouriño la planeación integral costó muy cara.

 

El Reto

 

En espacios anteriores hemos insistido en la arribazón de algunos grupos corporativos españoles, como el gigante Prisa de las comunicaciones que se ligó a Televisa para la explotación de la XEW reclutando en principio, “casualmente”, a Juan Ignacio Zavala Gómez del Campo, uno de los entrañables cuñados del mandatario calderón –minúscula-, como parte de una paulatina reconquista, cuando menos en el rubro financiero, destinada a expandir los intereses ibéricos sobre territorios que antes fueron parte de la Corona.

 

Sobre el particular hay más, mucho más de fondo. Y Mouriño lo supo a plenitud. Desde luego, su escasa experiencia no le permitió evitar ser tan previsible como para intuir que sería el cordero para el sacrificio. Uno de ellos.

 

La Anécdota

 

Recreé en “Penitencias” parte de los Cantares Gallegos de la inmortal Rosalía de Castro:

 

“Airiños, airiños, aires

 

airiños d´a miña terra;

 

airiños, airiños, aires,

 

airiños, leváime á ela”

 

Esto es:

 

“Airecillos, airecillos, aires,

 

airecillos de mi tierra;

 

airecillos, airecillos, aires,

 

airecillos, llevadme a ella”.

 

Tal el llanto de los emigrantes, en este caso gallegos pero aplicado a cualquiera de los millones de nómadas que deambulan por el mundo, incapaces de desprenderse de las raíces sagradas y siempre añoradas. Siempre vuelven, como los Mouriño a Vigo, su tierra, en donde el patriarca, Don Carlos, adquirió en cuatro millones de euros al equipo de fútbol Celta. Y no ha sido éste, desde luego, el único gol que el clan ha marcado en los últimos tiempos.