En la Catedral Metropolitana de Río de Janeiro, el papa Francisco hizo un llamado a los obispos de las Américas, a quienes mandó a salir de las parroquias y tener coraje para de difundir el Evangelio.

Francisco se vio eufórico al ingresar al enorme templo de forma cónica, con sus paredes internas cubiertas de vitrales, al ser rodeado por prelados y seminaristas que lo abrazaban y tomaban fotos para conmemorar su presencia, en el penúltimo día de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

 

Al pedirles tener coraje para llevar el Evangelio a los jóvenes, Francisco instruyó a los prelados a educar a los jóvenes a salir, a ponerse en marcha, a ser callejeros de la fe. “No podemos permanecer encerrados en la parroquia, en nuestras comunidades, cuando hay tanta gente esperando el evangelio”, le dijo a los religiosos.

El pontífice llegó a la Catedral en el carro abierto, similar al “papamóvil” y que utiliza desde el inicio de su visita el lunes. Como en ocasiones anteriores, sus agentes le acercaron niños pequeños para que él los besara a lo largo del recorrido.

Desde su elección como jefe del catolicismo mundial, en marzo, el argentino Jorge Mario Bergoglio ha insistido en que la iglesia tiene que salir a encontrarse con las personas.

El jueves, en un encuentro con peregrinos de su país, Francisco pidió a los jóvenes “hacer lío”, una expresión coloquial que utilizó para pedirle a los fieles sacudir a la iglesia y llevarla a las calles.

Francisco tenía previsto reunirse el sábado con representantes de la clase dirigente de Brasil, incluyendo un diplomático por cada uno de los cinco continentes, y posteriormente almorzaría con cardenales brasileños y obispos de los países americanos.