Despierta y consulta su horóscopo para saber si los astros le son favorables. Manda un mensaje de texto a la astróloga que aparece en la televisión, para tener amor, trabajo y salud. Revisa sus piedras energéticas, manda buenas vibras a sus hadas, ángeles y seres de luz para que sean propicios. Decreta felicidad y prosperidad al mundo entero. A lo largo del día piensa en la conferencia de fin de semana que el más famoso gurú de la superación personal ha venido a impartir, por supuesto con el patrocinio de “artistas” y “políticos” iluminados y de avanzada espiritualidad “alternativa.”

La tendencia cultural que representa la New Age surgió en un contexto político, económico y social de profunda crisis y convulsión. A partir de mediados del siglo XX, el mundo atestiguaba la Guerra Fría entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, la amenaza de una destrucción masiva provocada por bombas atómicas, el desmantelamiento de los imperios coloniales europeos, el surgimiento de China y la India como nuevas potencias mundiales, el conflicto árabe israelí, la guerra de Vietnam, la revolución cubana, la lucha por las libertades de las minorías negras en Estados Unidos, las dictaduras militares en Sudamérica, la convocatoria al Concilio Vaticano II de la Iglesia Católica, un avance impresionante de la producción industrial, una sociedad consumista, una publicidad desbordante.

Algunos intelectuales, literatos, artistas y figuras de los medios de comunicación pretendieron dar cauce a una opción crítica que cuestionaba todos los cimientos en los que descansaban las principales instituciones de Occidente.

Popularizaron una tendencia de vida “hip” (alternativa) como sustitución de la tendencia generalizada y dominante. Al principio “beatniks”, luego “hippies”, proponían espiritualidades de oriente, el uso de drogas, la música como vehículo de protesta, e incluso, la creación de comunidades con sistemas de convivencia totalmente diferentes a los tradicionales. Por otra parte recibieron un gran impulso por parte de instituciones de educación superior, en especial universidades de la costa oeste de los Estados Unidos, cuyos estudios étnicos, orientales, psicológicos, sociológicos y farmacológicos dieron gran vitalidad al movimiento contracultural.

Vale la pena entender que la New Age actualmente es un movimiento. Al respecto señala el Cardenal Norberto Rivera, Arzobispo Primado de México:

A veces se habla del New Age como un movimiento para señalar su naturaleza de red o network de muchos individuos y grupos que coinciden en una cierta visión del mundo y una aspiración común de cambiarlo. Lo que les une no es una estructura organizativa ni un código de doctrinas bien definidas, sino una misma mentalidad y una comunicación muy fluida. En este sentido podemos hablar de ciertas creencias básicas compartidas en mayor o menor medida por los integrantes del  New Age. Así llegaremos a describir un fenómeno tan vasto y escurridizo que no permite una definición sintética.

(Cfr. Rivera Carrera, Norberto, Arzobispo Primado de México: Instrucción Pastoral sobre el New Age, 7 de enero de 1996.)

Hoy en día un importante componente común al movimiento del New Age es un acendrado gnosticismo, propuesto como un conocimiento oculto, iniciático, mágico, transmitido de generación en generación a lo largo de miles de años. El gnosticismo estuvo presente en las primeras religiones del Cercano Oriente, se introdujo en las primitivas comunidades cristianas de la región, anima las principales herejías cristianas, inspira la figura de los magos, astrólogos, alquimistas medievales, filósofos herméticos, profetas y adivinos de la Edad Media y el Renacimiento, y llega a nuestros días en forma de espiritismo, esoterismo, sociedades secretas y ocultistas.

Las manifestaciones gnósticas del New Age le brindan un marcado carácter contracultural, alternativo y “hip”. Algunas manifestaciones del New Age toman directamente de las diversas versiones de hinduísmos y budismos sus ideas y expresiones más importantes. Por otra parte son muy populares las expresiones culturales relativas a civilizaciones antiguas desconocidas, o bien contactos con seres extraterrestres. Sin embargo, la faceta más visible a nivel global es la relativa a los gurúes de la espiritualidad alternativa y la superación personal. Estos gurúes han generado una gigantesca ola cultural que involucra a miles de millones de personas en todo el mundo, con muchas de las líneas de pensamiento, valores, estilo de vida y mentalidades del New Age.

Al ofrecer sus servicios, técnicas, conocimientos, prácticas, creencias o rituales, estos destacados representantes del New Age se convierten en protagonistas fundamentales de un gigantesco sistema económico que se basa en la explotación de múltiples necesidades y debilidades de las personas en todo el mundo. Frecuentemente crean imperios multimillonarios que manipulan la inteligencia y la libertad de sus adeptos, afectan su libertad y crean un entorno de dependencia y subordinación al poder que ejercen de manera inescrupulosa sus guías espirituales y materiales.

Una oferta cultural y espiritual diversa es signo de los tiempos modernos que vivimos. Lo deseable es que cada persona pueda optar por la que libremente elija, sin impedimentos inapropiados, que manipulan las necesidades más profundas y fundamentales de la persona humana. La cultura light, la cultura superficial, vacía y charlatana, produce personas incapaces de discernir, evaluar y juzgar. En el movimiento del New Age abunda la oferta de productos culturales que intentan satisfacer las necesidades del “hombre light”, sin conseguirlo. Como en muchas otras cosas, el cultivo de las humanidades, la filosofía, la historia, la literatura, la pintura, la música y tantas otras manifestaciones humanas ayuda a formar personas mejor preparadas para optar por vivencias espirituales integrales, que den sentido a su vida y una proyección verdaderamente trascendente.