A finales de 1992, en el preámbulo de los años trágicos inmediatos, el doctor Pedro Aspe Armella –para los entendidos en cuestiones de economía, el último titular de Hacienda que sabía por donde ir-, entonces uno de los “presidenciables más visibles” –la carrera la ganó, magnicidio de por medio, el doctor Ernesto Zedillo Ponce de León quien juega hoy a las “vencidas”, en materia de influencias, con quien le entregó el relevo, Carlos Salinas de Gortari-, cometió un desliz político de tal magnitud que marcó, para siempre, a la tecnocracia mexicana, muy cerca del dinero y muy lejos de la realidad: “la pobreza –dijo- es uno de los mitos geniales entre los mexicanos”.
La torpe idea, desde luego, le restó toda posibilidad de concurso para la carrera sucesoria que se vio envuelta en la barbarie. ¿O sabía tanto cómo para salirse a tiempo gracias a un desplante espectacular? Es posible. Recuérdese que, tras el asesinato de Colosio en Tijuana –marzo de 1994-, Aspe evitó una gran fuga de capitales esgrimiendo contra los grandes consorcios multinacionales, prestos a la huída financiera, la mayor de las armas del gobierno salinista: el fisco, utilizado para amedrentar o estimular de acuerdo a los alineamientos de cada poderoso. Y no se saqueó, como en 1982, a los bancos todavía obedientes a los lineamientos oficiales; después comenzaron a hacer cuanto les vino en gana arropados por las grandes empresas multinacionales.
En su tiempo, Ernesto Zedillo, tildado por este columnista como “El Gran Simulador” –Grijalbo, 1998-, y quien había cursado por la Secretaría de Educación Pública como preámbulo y antes por la de Programación y Presupuesto –entonces vista como hacedora de presidentes-, sólo estimó necesario un maquillaje superficial para rendirse a las ambiciones de la influyente Elba Esther Gordillo quien comenzó a ser, en ese tiempo, todopoderosa; esto es, una aliada para contrarrestar las indudables herencias salinistas de cuantos formaban el cerrado círculo del poder por esos años de parálisis e indecoro ante los amagues de los vecinos del norte. En ningún otro tiempo, fuera de los períodos de guerra –cubiertos por el armamentismo sin cuento de los Estados Unidos-, se había cedido tanta soberanía nacional hasta el grado de mudar las rectorías económicas, sociales y políticas –acaso las más graves-, que culminaron con el imperativo de la primera alternancia con el visto bueno del gobierno de Washington.
Con los gobierno de la derecha sobrevino la manipulación extrema. Por ejemplo, los Fox, ella y él naturalmente bajo la figura de un co-gobierno inconstitucional, dispusieron, de manera discrecional, reducir por decreto los niveles de la pobreza extrema arguyendo, para sí, que quienes ganaban ¡dos dólares diarios o más! no debían ser incluidos en el nivel de la miseria extrema. Hubo un presidente norteamericano quien dijo que mientras la mayor parte de los mexicanos no ganaran, al día, el equivalente al precio de un kilo de carne siempre estaríamos supeditados a los lineamientos de la gran potencia vecina… y universal. El estigma, por desgracia, ha permanecido en el tiempo, rigurosamente, para vergüenza de las instituciones mexicanas que administran a una nación rebosante de recursos naturales distribuidos galantemente para beneplácito de un puñado de multimillonarios con grandes conexiones con la cúpula del poder.
A calderón -minúsculas- sólo le preocupó conservarse en el poder presidencial a partir de la usurpación descarada dl mismo. Y para ello, claro, requirió el apoyo incondicional de “la maestra” Gordillo -¿En dónde cursó sus estudios normalistas? En ninguna parte-, quien, presurosa, levantó la mano del aspirante panista a la Presidencia en julio de 2006 cuando los órganos rectores de la contienda por este cargo apenas comenzaban a enterarse de los múltiples desaseos registrados; por desgracia, el PRD y partidos de acompañamiento no fueron capaces de defender, con razones legales y pruebas suficientes, su presunta victoria comicial. La vergüenza salpicó a sendas fuerzas políticas en desdoro del electorado humillado y defraudado. Tanto peca el que mata a la vaca como el que le amarra la pata.
La reforma educativa reciente es, desde luego, como todo obra humana, imperfecta. Lo sabemos. Pero reúne, sin duda, viejos anhelos para escalar importantes niveles de competitividad, empezando con la evaluación magisterial, tema que ha encendido la protesta de la “novia de Chucky” -¡Qué nadie ose quitarme la autoría sobre este mote!-, sin que se produzcan, hasta ahora, actos multitudinarios con sabor a subversión; al contrario, el turbio personaje se pasea por las pasarelas políticas a las que le invitan –recientemente durante el informe del gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle-, con cataratas de aplausos mercenarios. Esperaba yo que en este mes de enero se zanjara la cuestión y no ha sido así.
Pero también se ha lanzado una “cruzada contra el hambre” –será en minúsculas hasta conocer los resultados-, cuyo objetivo, dice el presidente Peña Nieto, no es el clientelar sino la justicia social. Para el efecto, se montó en Chiapas un mitin a la vieja usanza con el concurso de gobernadores de distintas militancias y una fuerte dosis de acarreos-convocatorias acaso para contener las recientes oleadas poéticas del “sup” Marcos como si éste fuera una suerte de gurú irrebatible o un santón con nichos tan altos que se vuelven inalcanzables. De hecho, Peña no hizo sino seguir, con su sello, las sostenidas arengas de su adversario mayor, Andrés Manuel López Obrador –quien se dirige al mandatario como “presidente” a diferencia de cómo llamó a calderón –minúsculas- a quien jamás exentó de su condición de “espurio”-, en pro de los pobres como reclamo justiciero a las enormes diferencias de clase que perviven.
¿Y cómo reaccionó López Obrador?¿Acaso reconoció la importancia de la cruzada, si esta cumple sus propósitos primarios? No, por el contrario, tildó de demagógica la acción, la descalificó y la situó como un pretexto para asegurar votos, con vista al futuro inmediato, a cambio de las prebendas de los alimentos; esto es, sólo no sería así si Andrés Manuel ejecuta los proyectos; cualquiera otra persona no es sino un manipulador con falsa aura de redentor de circunstancias. Otra vez, el sectarismo faccioso; de nuevo, la intolerancia más sagaz y oportunista. ¿Es ésta la manera de consolidar la bisoña “democracia” nuestra o es sólo una demostración más de los paralizantes ejercicios de partidismo ciego, ineficaz, paralizador?
No puedo saber, en este momento, si la cruzada rendirá o no frutos; si no lo hace, téngase por seguro, no seremos los únicos en reprocharle el desplante demagógico a Peña Nieto; pero, ¿y si funciona? De allí la insistencia en mantener el beneficio de la duda antes de lanzar juicios lapidarios… sobre lo que los mismos que lo cuestionan todo si no lo hacen ellos, habían lanzado como una de las pocas formas para redimir a millones de mexicanos de su abandono. ¿Esperamos o seguimos sumidos en la desesperanza? Cada quien debe resolver la cuestión en su fuero interno.
Debate
Se habla de hacer un padrón… de perros. Ello como efecto de los canes asesinos del Cerro de la Estrella defendidos, con vehemencia, por los animalistas que a veces parecen perder el raciocinio al condenar, siempre, a la rza humana, la propia, en beneficio de los irracionales a quienes mantienen cautivos como mascotas. ¿Peor es la muerte a la penuria de perder toda libertad? Me inclino porque lo segundo es bastante más grave ya que la existencia tras las rejas, así sean jaulas de oro, equivale a la demencia de sostener rehenes para siempre. En algunas culturas orientales es castigo mayor la cárcel que la horca. ¿Lo sabían quienes procuran exaltar las sentencias del mismo origen cuando les conviene?
Al mismo tiempo los altos funcionarios, sean del Distrito Federal o de las entidades, olvidan de iniciar otro padrón mucho más trascendente: el de los centros educativos de alto nivel… financiados por los cárteles para “lavar” dinero sin ser auditados por cuanto significa dotar de sitios a miles, millones de jóvenes que requieren de ellos para estudiar y buscar salidas dignas –no el reclutamiento como sicarios o soldados, con amplia preferencia por lo primero-, hacia un futuro como profesionales. Podría comenzarse, para que los anglosajones dieran el ejemplo, por la Universidad de Harvard y sus escuelas afiliadas, convertidas en refugios de ex mandatarios sobre los cuales no se ha extendido el juicio de la historia. De haber existido esta salida en el siglo pasado, Victoriano Huerta habría alcanzado un doctorado “honoris causa” por los mismos fueros.
Pero, mientras, los mexicanos estamos obligados, sí, a indagar la proliferación de campus privados que surgen, en ocasiones, de la nada. Cuidado: hay algunos que deben ser reconocidos por el esfuerzo de sus fundadores con mentalidad altruista; pero los más, por desgracia, responden al espejismo con que las grandes mafias ocultan sus verdaderos objetivos medrando descaradamente con la juventud en estado de indefensión por su desesperación académica y su postración social. Porque, para desgracia de nuestra sociedad, también existen perros de dos patas, miserables, capaces de esto y mucho más con tal de blindarse contra el fisco mientras sus sicarios institucionales –senadores, diputados, jueces y algunos más arriba-, los protegen, toleran y exaltan. No falta mucho para que “El Chapo” Guzmán sea convertido en multirrector de las universidades copadas. Y Hacienda como si nada.
La Anécdota
En los años cincuenta, cuando vivíamos en Ciudad Juárez, mi padre me llevó a El Paso. Y me moría de ganas por tomarme una espléndida “malteada” de chocolate –cómo las extraño ahora-. No pudimos. En la cafetería que parecía un vagón de ferrocarril, leí con azoro un letrero que decía:
“No mexicans, no nigros, no dogs” –ni mexicanos, ni negros ni perros-. No había diferenciaciones entre estos tres géneros.
Hace unos días, el presidente Obama, al iniciar su segundo mandato en el día de Martín Luther King, habló en defensa de los “inmigrantes y… los homosexuales”, situados a la par aunque es mucha la diferencia social: los segundos han ganado batallas tales que, en muchos casos, se han puesto por encima de los heterosexuales cada vez más silenciosos y acaso escasos en no pocos países del “primer mundo”. Hablar de que actuará a favor de ellos, cuando en los cuatro años anteriores han sido deportados un millón de emigrantes hacia sus respectivos países –sobre todo México-, es tanto como reconocer que en la gran nación de la discriminación, ésta sigue imperando.






















