Se ha demostrado, por vez primera, que usando sólo fuerzas mecánicas se puede revertir y detener el crecimiento descontrolado de células cancerosas. Este cambio se produce aunque sigan presentes las mutaciones genéticas responsables de la malignidad.

Apretar la célula cancerosa, al menos en el caso de las de cáncer de mama, sirve para que vuelva a seguir un patrón de crecimiento normal.

 

 

 

El equipo de Daniel Fletcher, de la Universidad de California en Berkeley y del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley (Berkeley Lab), en Estados Unidos, ha comprobado que la organización del tejido es sensible a acciones mecánicas ejercidas desde el entorno en las etapas iniciales del crecimiento y desarrollo. Una acción temprana, en la forma de compresión, parece hacer que estas células malignas vuelvan a seguir el camino correcto.

 

A lo largo de la vida de una mujer, el tejido mamario crece, se encoge y se desplaza de manera muy organizada como respuesta a cambios en su ciclo reproductivo. Por ejemplo, cuando se forman las estructuras que secretan leche durante la lactancia, las células mamarias sanas se adaptan a la nueva situación a medida que forman una estructura organizada. Y, sobre todo, las células dejan de crecer cuando deben hacerlo.

 

Aunque la perspectiva científica tradicional del desarrollo del cáncer se centra en las mutaciones genéticas dentro de la célula, Mina Bissell, del Berkeley Lab, ya realizó experimentos pioneros que mostraron que una célula maligna no está condenada a forjar un tumor, sino que su destino depende de su interacción con el microambiente circundante. Sus experimentos mostraron que la manipulación de este ambiente, mediante la introducción de inhibidores bioquímicos, podía hacer que células mamarias mutadas pasaran a comportarse de forma normal.

 

El trabajo más reciente del laboratorio de Fletcher, en colaboración con el laboratorio de Bissell, da un gran paso adelante al introducir el concepto de las influencias mecánicas sobre el crecimiento de células cancerosas.