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Las denuncias de la apropiación indebida de grandes extensiones propiedad de las culturas indígenas de este continente, por parte de terratenientes extranjeros en complicidad con malos mexicanos, han venido sucediéndose y denunciadas por los ancestrales propietarios de las mismas, todo por la poca preparación y educación y pobreza en la que se encuentran.

No termina un litigio en demanda y defensa de la titularidad de estas tierra, cuando ya nos damos cuenta de otros tantos latrocinios cometido en perjuicio, no solamente de los indígenas, sino de todos los mexicanos, que vemos con indignación y coraje (con la excepción de aquellos que se han vuelto cómplices en esta serie de atracos) el despojo y la expoliación de nuestro suelo patrio, lo que nos conduce a solidarizarnos con los desposeídos  en diversas partes de la República.

Ya en varias ocasiones he tocado el caso del pueblo Wixárika (como ejemplo) y de  su lucha permanente en defensa tanto de sus ancestrales costumbres, como por la recuperación de terrenos que ellos consideran “territorio sagrado” y que por razones que francamente no entendemos, se les han entregado en  concesión de muchos años a extranjeros, principalmente canadienses, asociados con mexicanos de esos conocidos como “prestanombres”, que han venido impulsando en los últimos años, un liberalismo económico que se vuelve letal para los más desprotegidos y para el desarrollo del propio país, lo que hace retrotraernos en el tiempo y recordar algunos de los puntos esenciales de los “Sentimientos de la Nación”, que en este año cumplen doscientos años de enunciados por el Generalísimo Morelos, cito:

Que la América es libre e independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno o Monarquía y que así se sancione dando al mundo las razones.

Que los empleos sólo los americanos los obtengan.

La patria no será del todo libre y nuestra, mientras no se reforme el gobierno, abatiendo al tiránico, substituyendo el liberal y echando fuera de nuestro suelo al enemigo español que tanto se ha declarado contra esta nación.

Que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales que obliguen a constancia y patriotismo, modere la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal al pobre, que mejore sus costumbres, aleje la ignorancia, la rapiña y el hurto.

Que la soberanía dimana del pueblo, el que sólo la deposita en sus representantes y dividiendo los poderes en Legislativo, Ejecutivo y Judicial.

Que la esclavitud se proscriba para siempre y lo mismo la distinción de castas, aquedando todos iguales y sólo se distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud.

Que a cada uno se le guarden sus propiedades y se le respete su casa…

Que se quite la infinidad de tributos que nos agobian…

El caso de los huicholes (Wixárika) no es un caso particular, ni aislado; se anunció en meses anteriores el interés por concesionar los canadienses cerca de 60 mil hectáreas, para explotar yacimientos auríferos, que afectarían principalmente el área sagrada de este pueblo nayarita.

En la semana que termina, hay otro caso de despojo, éste de más de sesenta mil hectáreas, en las que se pretende “sembrar”  cientos de turbogeneradores eólicos de compañías extranjeras, tal  como lo vienen haciendo en el Istmo de Tehuantepec, y que pagarían por concepto de renta mensual, la cantidad  de 90 mil pesos.  Es decir, por cada 10,000 metros cuadrados de superficie se les entregaría , mensualmente, la cantidad de un peso con cincuenta centavos. Los terrenos ansiados por extranjeros están en baja California y los dueños de los mismos son el pueblo pai pai.

Estos sucesos actuales nos marca pasajes de nuestra historia que pensábamos habían quedad atrás y observamos con pena la reedición de despojos nacionales constantes; sin embargo, nuestra misma historia nos muestra que ha sido la insatisfacción de nuestras inquietudes y la perseverancia de nuestras ideas lo que nos da  la pauta para encontrar solución a tanta corrupción.

Al amparo de una economía sana y prospera los males políticos y sociales se desvanecen; por el contrario, cuando ésta no existe, como lo  es el caso presente,  se recrudecen y se encienden luces rojas de alerta. Desde hace meses, los focos fueron encendidos artificialmente por el hijo desobediente y es hora de que se haga un esfuerzo para acabar con la corrupción y el pillaje. ¡Se apagarán a tiempo?