La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) define a la educación financiera como “el proceso por el que los inversores y consumidores financieros mejoran su comprensión de los productos financieros, conceptos y riesgos y, a través de la información, la enseñanza y/o el asesoramiento objetivo, desarrollan las habilidades y confianza precisas para adquirir mayor conciencia de los riesgos y oportunidades financieras, tomar decisiones informadas, saber dónde acudir para pedir ayuda y tomar cualquier acción eficaz para mejorar su bienestar financiero”.
El nuevo punto focal de la OCDE, junto con otros organismos e instituciones como el Banco Central Europeo, la Comisión Económica Europea y bancos como el Banco de España, enfila a los países a incentivar tanto a sus órganos públicos y privados a incluir una disciplina didáctica financiera a fin de educar a los participantes del sistema financiero.
La idea es hilvanar una cadena de cambio que comience con educar en términos financieros a la ciudadanía para poco a poco construir una cultura financiera que permitirá que, al mejorarse el nivel de conocimiento, las habilidades y la capacidad de toma de decisiones de las personas y familias
sean más racionales y por ende, menos riesgosas para las personas y las familias.
Para lograrlo, primero se debe partir por el principio más útil que es el de educar, dotar a la población de herramientas, habilidades, conocimientos relacionados con la economía y las finanzas más básicas, no se trata de enseñarle a realizar correlaciones econométricas, más bien proveerle de conocimientos útiles para sobrevivir en el complicado sistema financiero lleno de recovecos con letras chiquitas, comisiones, tasas de interés infladas por el CAT y tantas otras “trampitas” fáciles de caer precisamente por la falta de conocimiento y orientación pertinente.
A COLACIÓN
El Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) elaboraron un Plan de Educación Financiera para los usuarios, actuales y futuros, de servicios financieros definido en tres rasgos básicos: 1) Generalidad. El plan no excluye en principio ningún segmento de población y cubrirá progresivamente todos los productos y servicios financieros. 2) Cooperación. Por su ámbito y características, el plan se enmarca dentro de la política de educación financiera del Gobierno, lo que exige una intensa cooperación entre supervisores financieros, administraciones públicas competentes y está abierto a la participación de los agentes sociales e instituciones que puedan apoyar esta tarea. 3) Continuidad. Aunque el plan se ha diseñado para cubrir un periodo de cuatro años, la naturaleza de sus objetivos exigirá el mantenimiento de las actuaciones más allá de este periodo.
Por su parte, en México, la educación financiera es abordada con acento de singularidad y con las peculiaridades propias del entorno, aunque sin metas de corto plazo bien definidas como sucede en ultramar.
Fundamentalmente el esfuerzo va encabezado por la Secretaría de Hacienda, la Asociación de Bancos de México (ABM), la Comisión Nacional para la Defensa de los Usuarios Financieros (Condusef) y la Comisión Nacional para el Sistema del Ahorro para el Retiro (Consar).
A diferencia de otros países europeos, México tiene el handicap de arrastrar sendos problemas de bancarización, baja penetración de la banca online, poca cultura del pago y aunque la ABM se encarga de promover encuestas entre los usuarios de los servicios bancarios para difundir que la gente está contenta con el servicio y confía en las instituciones de crédito, hoy por hoy, el grueso de la gente prefiere guardar su dinero debajo del colchón y ahorrar mediante las tandas del vecino, que acudir a un banco y contratar una cuenta.
Tan es así que diversas investigaciones del Banco Mundial advierten que la penetración del sistema financiero alcanza sólo al 25% de la población.
La promoción de la educación financiera implica entonces una ventana de oportunidades –a futuro- para aprovechar el potencial del mercado informal del ahorro y del crédito y pasarlo al mercado formal del ahorro y del crédito.
También pienso en los niveles que faltan por detonar en cuestión del ahorro para el retiro, planes y pensiones hoy en día ausentes para millones de personas inmersas en la economía informal y que están totalmente desprotegidas de toda cobertura, servicio público y lejos de los requisitos del sector privado.
























