Termina la temporada de futbol con el triunfo muy apretado del América, y desde mi punto de vista , lo más destacado de toda esta temporada, aparte desde luego de la propia competencia para sacar al equipo campeón, lo es la alteración recurrente e ilegal de los precios de entrada que son elevados hasta la desfachatez y sin ninguna consideración hacía los aficionados, que son los que sostienen los clubes y que pagán así altos rendimientos (el precio por aficiónados) a los empresarios del futbol.
Los dueños de los equipos y casi de los jugadores, hombres adinerados en demasía, ven en estos clásicos una oportunidad más para “asaltar, sangrar o robar” a su afición sin que se les pueda (aun denunciándolos) castigar por autoridad alguna. Así pasó en la etapa de la “liguilla” en el juego Tigres – América, desarrolladdo también en el coloso de Santa Úrsula, dónde una mano misteriosa acultó los boletos para hacerlos llegar a una altura de casi $1200.00 pesos la entrada, con argumentos baladies que, desde luego, fueron en perjuicio de la misma afición.
Aún cuando prohibido está la alteración de los “precios autorizados”, los incrementos indebidos se dan frecuentemente sin que el órgano oficial de control denominado Procuraduría de defensa del consumidor (Profeco), poco o muy poco cumple con su función de vigilancia y castigo a los que arbirtraria y dolosamente alteran los precios preestablecidos. Los mexicanos sabemos que esta dependencia no cumple ni medianamente en la vigilancia de los precios de los alimentos básicos de consumo, menos lo harán ante el valor de las entradas, alteradas por la ley de la oferta , la demanda o por las maquinitas modernasa que luego se colapsan.
Tengo entendido que en forma genérica, en los diferentes estados en que tiene su sede algún equipo de futbol, los dueños del mismo, sin pudor alguno ocurren ante las autoridades municipales para solicitar, en forma especial, la autorización para subir los precios de las entradas, sobre todo, en un partido especial que en forma sarcástica le llaman “el día de la afición”; función supuestamente en agradecimiento a su público y que pprecisamente por éso, debieran tener una atención a su público y rebajar los precios de entrada.
No es de asombrar tampoco que sea la autoridad oficial la que anuncie que esos desmanes de los señores empresarios se acabarán y que habrá, en consecuencia una super vigilancia, estrecha y particular, para evitar que se salten las trancas y se afecte a la afición, tal como sucedió en el juego de la liquilla, entre Tigres de Monterrey América ya mencionado. Que se sepa, no hubo castigo alguno para nadie en lo particular y el único que salió crucificado lo fue la afición en pleno. Ahora con la sistematización de la venta de boletos (ticket masters, po rejemplo), pues ya hay la disculpa de antemano, por lo que se vuelve fácil decir que las maquinitas tragabilletes son las culpables de las reventas.
En una de las últimas declaraciones del jefazo de Profeco, advirtió éste que en el clásico que habría el domingo (antier), se pondría en marcha un operativo especial de verificacicón y vigilancia nacional para la final Cruz Azul – América, y lo que ocurrió fue que desde el lunes anterior, los boletos se vendieron excl¡usivamente para quienes tuvieran una ¡tarjeta bancaria del club!, o una credencial que los identificara como “seguidores oficiales”.
Y como suele ocurrir en estos clásicos, inmediatmente el sistema telefónico de Tick masters se vio colapsado. Pero no hay sorpresa alguna salvo para los ilusos que pensamos todavía que hay instanacias oficiales que protegen al consumidor y en este caso, al aficionado.
“De detectarse alguna irregularidad, dijo el funcionario ya señalado, los funcionarios de la procuraduría aplicarán medidas precautorias…” y otras más que desde luego pusieron a temblar a quienes artificialmente alteraran el precio de los boletos. Creo que su afirmación puso a temblar tambien pero a los aficionados.
Los dueños de la “bola” juegan pues con el público, le imponen los precios y el propio aficionado sufre las consecuencias de su gusto por el deporte. Antes, cuando vivía todavía El Mago, éste, al menos, les compensaba enviádoles amorosamente y desde el propio campo, una sabrosa torta. ¡Salud para él, en el espacio infinito que se encuentre!
























