.

Fue un buen diciembre para el gobierno entrante. Corrieron las felicitaciones, los acuerdos, las sonrisas de los opositores –salvo el siempre ceñudo Andrés Manuel López Obrador quien sólo sonríe cuando tiene encima los reflectores a conveniencia-, y hasta una crítica suave, benigna, expectante ante los derroteros de una administración capaz de ir hacia delante.

Todo aquello, tras doce años de presencia de una derecha predadora e insensible, además mentirosa y demagoga –desde el primero y único informe trimestral del señor Fox a los cinco meses de su asunción para anunciar el fin del autoritarismo presidencial al que él mismo volvió al mancillar la voluntad mayoritaria de los mexicanos en 2006-, sonaba a campanas de victoria. ¡Vaya, hasta la reforma educativa, aprobada fast track, era respuesta a un clamor sobre la calidad del magisterio y sus enseñanzas! También una advertencia que, hasta el momento, ha quedado en sólo eso. Una primera llamada sin segunda. El auditorio ya está más que impaciente.

Pero llegó enero. Dicen que el presidente Peña Nieto –insisto, reconocido como tal hasta por el intransigente López Obrador y sus reproches sostenidos sobre el evidente derroche de las campañas, de todas, interpretado como una lesiva compra-venta de sufragios que anula todo concepto democrático-, copia al carbón algunas de las ideas de Carlos Salinas de Gortari, a quien se confiere la condición de “padrino” de todas las mafias olvidándose de Ernesto Zedillo Ponce de León, el gran simulador como le llamé en el cenit de su mandato. Pese a ello se olvida un hecho trascendente: Salinas, quiérase o no, actuó, en enero de 1989 precisamente, luego de les y medio de gestión, contra el más poderoso de los dirigentes sindicales de entonces: Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, lo exhibió y encarceló, incluso contra los tópicos de los derechos humanos, desmantelando, a su favor, al STPRM, bastión del personaje que había repartido millones al obtener el dos por ciento, sólo el dos por ciento, de los desperdicios de PEMEX para reciclarlos.

 

A cambio de ello, Peña Nieto dejó ir enero. Hasta se muestra generoso con quienes son sus adversarios, dentro y fuera del PRI, y se sitúa en un plano en el que, ante cada grupo, concede razón a sus interlocutores –o les da el avión como coloquialmente se dice-, mientras el gabinete no acaba de reacomodarse. Ni en Hacienda ni, mucho menos, en Gobernación y Relaciones Exteriores. Todo está en el aire, desde el nombramiento de embajadores –los panistas siguen aferrados a las sedes diplomáticos- hasta la condescendencia sospechosa de los coordinadores de las bancadas de su partido en la Cámara de Diputados y, por supuesto, en el Senado. Para todos hay espaldarazos como si nada hubiese ocurrido en el pasado… ni en el presente.

 

Un ejemplo por demás evidente: la “maestra” Elba Esther Gordillo se regodea en algunos actos públicos, controlado el llamado “aplausómetro” –supuestamente para medir los índices de polaridad bajo el sistema de acarreo de incondicionales y mercenarios como se dio durante el reciente informe del gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, quien, cuando menos tiene memoria y sabe responderle a la dirigente que le colocó en donde está-, y mirando, de reojo, a las cámaras, con su nuevo “look” –una especie de retrato mexicano de Dorian Grey-, para mandarle así un mensaje al presidente ya no tan decidido, como en diciembre, a ponerle límites… o el punto final. Habla cuanto quiere, se muestra en pro de lo indefendible –esto es que los maestros y comisionados del SNTE, seis mil reconoce, sean sometidos a una evaluación para depurar al sector educativo de paracaidistas y testaferros bajo el manto protector de quien ignora el nombre de la Normal en donde debió cursas su enseñanza magisterial-, y mantiene su desafío a Peña: se negocia con ella o paraliza las escuelas del país como ya lo hizo en una sola jornada, como aviso. Los escolapios van en prenda para asegurar el cacicazgo que ya se extiende mucho más de lo razonable.

 

Firmeza en diciembre; complacencia enfermiza en enero. Dos caras de la misma moneda en tan sólo sesenta días. Es lógico que la ciudadanía se pregunte si la “escobita nueva” dejó o no de barrer bien como parecía en principio. Y esto no es especulación rampante ni crítica mal intencionada; es, sencillamente, una muestra indeseable de debilidad que extiende el mal mayor legado por la derecha: el vacío de poder. Creíamos que se ocuparían los espacios sin necesidad de llegar al modelo autoritario del priísmo hegemónico; ahora dudamos acerca de si la derecha, al aumentar los vicios del sistema, sigue marcando la senda indeseable. No lo podemos definir; quizá en febrero próximo, ya muy próximo, cuando lleguen las festividades por una Constitución maltrecha por más de quinientos parches, algunos contradictorios en esencia, en ausencia de una auténtica tendencia hacia el mundo contemporáneo en donde ya no caben “dictaduras casi perfectas” sino se espera el aliento de una democracia que no nace.

 

¿Acaso la permanencia de los consejeros del IFE y los magistrados del TRIFE, dependen de cerrar el ominoso capítulo de las derramas sucias e ilegales de campaña? No hablo sólo de la del PRI sino de todas, en su conjunto, aunque la de la causa ganadora esté a la vanguardia en materia de distribución de prebendas. No, por ello, debe devaluarse la intentona, una más como en cada sexenio que esperemos no se quede en la retórica de circunstancias, de combatir la pobreza con la “cruzada contra el hambre”. Quizá en la cena de año nuevo, los funcionarios, o algunos de ellos, se avergonzaron de los festines cuando tantos dejaron de comer; o comprendieron que una de las soluciones contra el flagelo de la violencia –como alguna vez explicó López Obrador cuando, en su tiempo de jefe del gobierno defeño, apuntó hacia este mal para recibir una escalada de descalificaciones a pesar de que entonces mostraba la serenidad que es fruto del equilibrio emocional que perdió en callejonadas y periplos por las zonas marginadas-, es precisamente combatir a la miseria extrema que los Fox, ella y él naturalmente, caricaturizaron al proponer que no se está en estos parámetros cuando se ganan dos dólares al día, menos de lo que costaría un café en uno de los locales de moda acompañado con el periódico del día.

 

El mito genial esbozado por el salinista Pedro Aspe, en una explicación somera de por qué se privilegiaba a la macroeconomía, se convierte en este momento en una lanza tenaz para mantener el interés mediático. Pero todavía Peña Nieto tiene crédito: si va a más, en serio, y comienzan los resultados entonces lo reconoceríamos; si no, sería necesario que todos nos pusiéramos de pie, no sólo los críticos contumaces, como este columnista, a quienes se califica como “anti-sistemas” porque reflejamos la realidad y servimos de voceros para quienes no tienen voz y no para cuantos requieren de la manipulación colectiva para hacerse escuchar por una sociedad poco informada aunque madure poco a poco. Ya no es tan sencillo jugar con el dedo en las bocas de los menesterosos. ¿Más claro?

 

En fin, me esperanzó el diciembre de Peña; y el enero que está por terminar me sembró dudas severas. Lo bueno, para este columnista, es que, por cuestiones de edad, no se amedrenta ante el destino que corren tantos y tantos colegas por el país abandonados a su suerte en plena juventud productiva. ¡Conozco tantos casos! Lo mismo que el reclutamiento de sicarios y soldados –más atractivo lo primero- en las zonas más marginadas de las grandes ciudades del país. El formato no ha cambiado… si bien para esto se requiere más tiempo que dos meses. Lo reconocemos.

 

Debate

 

Caminé, hace unos días, por las calles de Polanco, uno de las pocas demarcaciones con supuestos índices de seguridad altos en la ciudad de México. Y me sorprendió lo que vi, sin necesidad de buscarlo ni pretender hacer una tarea de campo periodística. Como ciudadano nada más, con ojos para ver cuanto se atraviesa por cada calle de una capital rebosante de manifestaciones y ayuna de soluciones, como si se creyese que el solo hecho de vivir bajo la pluralidad política –los poderes federales en manos de un partido y el gobierno citadino con otro, así como la monarquía inglesa vive separa de Downing Strett, la casa oficial del primer ministro británico quien gobierna-, es suficiente para legitimar el concepto de democracia. Una severa falacia.

 

Un día antes de que la Suprema Corte de Justicia decidiera sobre el destino de la francesa Florence Cassez, detenida en diciembre de 2005 y por la cual abogó el gobierno francés que perdió todas las formas diplomáticas por la intransigencia de dos mandatarios panistas que no cedieron un ápice por defender su concepto de estado de derecho –esto es: haciendo valer las voces de quienes han medrado políticamente con sus dramas personales sobre la ilegalidad de los procesos manchados por los montajes burdos concebidos para impactar a los enajenados del modus vivendis electrónico y cibernético-, buena parte de la policía citadina, sin mando todavía visible, se agolpó en la llamada zona hotelera de Polanco. Y esto fue lo que observé:

 

1.- Destacamentos de uniformados, comiendo cacahuates enchilados con displicencia, agrupados en cada esquina.

 

2.- Una compañía femenina, asentada en la calle Dickens, misma que flanquea el Parque Lincoln –el asesinado mandatario estadounidense contemporáneo de Juárez y ahora de moda por una película-, en conversación de comadres con las espaldas recargadas en las verjas –no se vayan a equivocar, amigos correctores- de las casonas de la zona.

 

3.- Decenas de patrullas con elementos durmiendo o devorando platones de frutas, sobre todo jícamas con chile piquín.

 

¿Por qué estaban allí? Sencillo: acordonaban, dijeron, al hotel Hyatt, antes Nikko, en donde el presidente Peña comía con los senadores y los coordinadores parlamentarios. ¡Qué suerte para los paseantes quienes no tuvieron problemas de robos… ese día, martes 22 de enero!

 

La Anécdota

 

Y el presidente Peña Nieto aceptó retratarse con Emilio Gamboa Patrón, el “líder” de la bancada priísta en la Cámara Alta, perteneciente al “grupo” cerrado de Manlio Fabio Beltrones, a su vez coordinador de los diputados de su partido, carcajeándose con alguna de las bromas con las que la madre de Emilio, doña Josefina, hacía las delicias de la señora Paloma Cordero ahora viuda de De la Madrid, para asegurar a su hijo y sus canonjías en la década de los ochenta del siglo pasado. Como Emilio comenzó por ser secretario particular de Ricardo García Sáenz, a su vez secretario de Programación y Presupuesto en 1977 reemplazado por Miguel de la Madrid en 1979, suma ya treinta y seis años viviendo del erario sin que se le conozca alguna acción relevante a su paso por una decena de despachos.

 

¿No se arrepentirá el presidente Peña de tanta carcajada inútil cuando llegue la hora de poner a cada quien en su lugar? Digo, si tiene intención de hacerlo.