Doscientos setenta millones de armas están en manos de la población civil en los Estados Unidos; catorce mil armerías se encuentran, del lado norteamericano, el la región de la frontera sur; el gobierno del norte destina cerca de veinticuatro mil millones de dólares para curar a los adictos que, según cálculos oficiales, son más de veintinueve millones sólo en el país vecino con una gran capacidad de consumo: las ventas de drogas son superiores allá a los 600 millones de dólares anuales. México, por supuesto, aporta los muertos y el absurdo de un combate entre mafias, las de dentro y fuera del aparato gubernamental, como herencia maligna de los vacíos de poder heredados de una derecha temerosa e irresponsable a lo largo de doce años. Las estadísticas estremecen: no disminuyó, ni en un solo gramo de cocaína y de otros estupefacientes, las “exportaciones” de droga a través de la frontera entre México y los Estados Unidos.
Tampoco conocemos los nombres de los grandes “padrinos” de los Estados Unidos quienes se encargan de asegurar el libre tránsito de los cargamentos del mal a través de las autopistas de la gran potencia norteña. En reciente entrevista que este columnista concedió a Univisión, interesada en el tráfico incesante de armas hacia México a través del monopolio de Jaime Camil Garza, padre de uno de los galanes más socorridos de Televisa, insistí en el punto: ¿por qué jamás se indaga a quienes, del otro lado de las mojoneras y del río Bravo, hacen posible que no detecte la transportación y distribución de las drogas en el mayor mercado de consumo en el mundo? Quienes grababan pusieron cara de asombro ante esta cuestión pues pareciera que no es comparable la inmensa corrupción de los corporativos multinacionales con las bandas criminales mexicanas. ¡Y vaya si lo es!
Si consideramos la tremenda diferencia en poder de fuego entre los ejércitos de México y los Estados Unidos –la mayor potencia militar de todos los tiempos, sin duda-, podremos observar a simple vista el peligro mayor de todos: la posibilidad, latente, que al ser visto México como “un estado fallido”, esto es incapaz de sobreponerse al flagelo de la red multinacional de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, como exponía el plan inicial del gobierno de calderón –minúsculas- para ser implementado por el malogrado Juan Camilo Mouriño, el “delfín” que fue lanzado al vacío, y urgido, por tanto, de la “bien intencionada” y hasta “generosa cooperación” del Pentágono con sus marines de asfalto.
¿Está a salvo nuestra soberanía? No olvidemos que preservarla es el deber principal del titular del Ejecutivo Federal, señalado como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, y del ejército mexicano con inclusión de los marineros y los miembros de la fuerza aérea que no tienen nivel ministerial, por cierto, por una de tantas deformaciones de nuestra estructura jurídica. De hecho, insisto, una de las premisas principales que defienden los generales de alto rango es que debe ser una sola la cabeza de mando operativo y no dos ni tres aunque se aduzca que tal papel sólo corresponde al presidente de la Republica; pero éste, desde luego, no puede ni debe estar en los frentes de guerra porque sus funciones son tras aun cuando tenga la última palabra para determinar la defensa del país ante los riesgos, cada vez más serios, de la inestabilidad territorial, uno de los elementos básicos que nos llevan a la peligrosa condición de “estado fallido”, situación esperada por la embajada estadounidense en México desde hace dos lustros con la presencia de diplomáticos especialistas en lidiar con esta deplorable perspectiva haciendo valer el poderío de su país. Tal es lo más trascendente en la carpeta del embajador Earl Anthony Wayne, lo mismo que el de sus antecesores quienes fueron exhibidos por su notoria ingerencia en los asuntos mexicanos desde que Antonio O. Garza, el diplomático-casamentero y cazador de fortunas –se matrimonió con la mexicana más rica de la lista de Forbes, María Asunción Aramburuzabala, sólo para divorciarse obteniendo enormes ganancias-, situó a México en la lista de los “enemigos” de Estados Unidos al no definirse como “amigo” rechazando la invasión a Irak en 2003, parafraseando al entonces presidente Bush junior de nefasta memoria y cuya impunidad es referente de la de los ex mandatarios mexicanos.
En la misma línea se cuelga la desaparición de la Secretaría de Seguridad Pública, cuyo titular fue durante el sexenio de la violencia –el inmediato anterior- nada menos que el célebre experto en montajes policíacos, Genaro García Luna, y la creación del Consejo Nacional de Seguridad bajo el mando del eficiente –hasta antes del inicio del actual régimen-, Manuel Mondragón y Kalb quien, hasta el momento, no ha podido exhibir sus armas para combatir al mayor flagelo de la sociedad mexicana: precisamente, la inseguridad creciente, acaso como rastro de la herencia magra de la derecha o continuidad de la tendencia para desestabilizar al país desde el despacho de consultoría, en Miami, del propio García Luna. Los círculos suelen cerrarse, en este renglón, cuando se analizan los hechos y se hilan las circunstancias y condiciones prevalecientes.
En este sentido, ¿no es una vergüenza acaso que la antes prestigiosa Universidad de Harvard –me enorgullece que ninguno de mis hijos haya cursado en ella-, sirva como refugio para ex mandatarios bajo sospecha, como en los casos de los mexicanos ernesto zedillo y el ya mencionado calderón –minúsculas en ambos casos aunque en primero, cuando menos, tuvo el aval de la legitimidad electoral-, y el colombiano Ernesto Samper Pizano cuya campaña fue financiada por los entonces prósperos cárteles de Cali y Medellín, cuyo desmantelamiento no ha sido óbice para que sigan funcionando los grandes laboratorios para refinar la coca y convertirla en droga lo que es, en sí, una fehaciente demostración de que otros tomaron la batuta –por ejemplo “El Chapo” Guzmán-, coludiéndose con mandos militares y políticos de aquel país. Pablo Escobar Gaviria, al parecer, tuvo un brillante alumno con toda la barba sinaloense.
En fin, mientras permanezca la impunidad, ¿cómo podrá garantizarse la urgente depuración de los mandos castrenses y policíacos? Primero deben derribarse los cimientos podridos para iniciar la construcción de un nuevo andamiaje. De no hacerse así, el colapso siempre será mayor y mucho más dañino, en este caso en cuanto a la pérdida inútil de vidas humanas ante un corporativo del crimen perfectamente pertrechado… en los Estados Unidos, sobre todo. Y México seguirá aportando muertos contra todo rescoldo de soberanía a cambio de múltiples chantajes que tienen como finalidad la toma gradual de nuestra riqueza petrolera. ¿No se acuerdan que así lo expresó, sin ambages, la señora Teresa de Kerry, esposa del hoy secretario de Estado de la Unión Americana, rechazando los afanes bélicos de su gobierno bajo el camuflaje de las invasiones?¿Repetiría lo mismo ahora cuando su consorte, John, reemplazó a la emplazada Hillary Clinton quien ya admitió su responsabilidad sobre el ataque a la embajada de su país en Libia? Es necesario reconstruir la madeja para explicarnos las intenciones de fondo. El peligro para México, desde luego, no es menor.
Por cierto, ¿qué pasó con el proyecto del general colombiano, Óscar Naranjo Trujillo, reclutado por Peña Nieto desde su campaña electoral por la Presidencia?¿Fue sólo humo que se llevó el viento? Todo parece indicar que sí… como aquel proyecto de reforma integral del Estado, anunciado dos veces, por Colosio y Fox, y paralizado por la torpeza operativa de Porfirio Muñoz Ledo; una cosa es la cultura política y otra, muy distinta, la capacidad de desarrollar lo acordado con verdadera decisión ejecutiva.
Debate
Ya he mencionado que el desaparecido maestro Ignacio Burgoa Orihuela consideró al presidencialismo “el mal más ponzoñoso de nuestro sistema político”. Sin pretender corregir al ilustre jurista creo que olvidó plantearse que el verdadero germen maligno está en la impunidad que cobija los actos de corrupción más severos y evidentes. Es uno de las grandes grietas que han ido abriéndose por la displicencia de los gobiernos cuya prioridad pareciera ser proteger a quienes se van para merecer con ello un trato similar en el futuro inmediato, esto es cuando cese su encargo sin forma de prolongarlo… hasta ahora.
¡Cuánta sabiduría la del Constituyente de Querétaro cuando hizo suya la proclama revolucionaria contraria a la reelección! De no ser por este antecedente –aun cuando la Carta Magna, de tan parchada, se ha convertido en un amasijo de contradicciones y confusiones a favor de los grandes pillos-, no pocos ex mandatarios habrían operado para quedarse, al estilo del venezolano Hugo Chávez y de cada uno de sus discípulos de Sudamérica, o ser sustituidos por sus consortes cómo tanto desearon los Fox, más bien ella, Marta, la d las “muchas faldas”, ahora convertida en una suerte de hostelera de lujo en el templo faraónico del sexenio encabezado por su consorte. ¡Nos libramos de un matriarcado oficioso, sin otro mérito que el de compartir el lecho –nada más eso- con el jefe del Estado! Dejemos eso a los argentinos: si algún día Messi es postulado a la Presidencia seguro le reemplazará su modelo al servicio de las mafias del balompié.
Este febrero es el mes para actuar y acabar por definir el verdadero perfil de Peña Nieto, visto ahora desde dos perspectivas equidistantes: su buen diciembre y su mal enero. Falta el tercero de sus meses, desde la asunción presidencial –con protestas callejeras pero ya sin la parodia del corral de comedias en que se convirtió el Congreso en 2006-, para corroborar cuál es la verdadera madera con la cual pretende construir su imagen histórica. ¿García Luna?¿calderón -minúsculas-?¿O algunos de sus financieros y estimuladores cernidos a las viejas e intratables mafias que jamás dejaron de operar?
La Anécdota
Indignan las burlas de los franceses; igual que cuando la célebre “guerra de los pasteles” originó la absurda invasión de México por parte de fuerzas guerreras de Francia, Inglaterra y España, si bien el general Prim, catalán, optó por retirarse de Veracruz ante la seguridad de que se estaba cometiendo un atropello en febrero de 1862, muerto después de un atentado, en la calle del Turco en Madrid, en 1870, cuando ejercía la jefatura del gobierno hispano.
Ahora los franceses, sin disimulo, vuelven a la carga presentando a Florence Cassez, quien no fue declarada inocente por la Suprema Corte sino sólo fue beneficiaria de tremendos errores procesales –testigos falsos, ausencia de apoyo consular y cien contradicciones-, acaso fraguados por Genaro García Luna, quien parece haber protagonizado los papeles de los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía, fusilados al lado del espurio enajenado de Miramar, tras posibilitar la llegada de un emperador austriaco blindado por las fuerzas militares francesas. Al fin y al cabo, se llevó la soberanía nacional por delante… construyendo un caso atípico e ilegal en sus formas para dejarle el paquete encendido al nuevo gobierno. ¿Lo pasaremos por alto?
























