Así me pareció, una auténtica sesión del Club Rotario de cualquier ciudad del país, donde los ricos del pueblo, se reúnen en alegre tertulia, para hacer una coperacha y comprar algunos modestos bienes para repartírselos a los pobres de alguna comunidad. Bueno, así me pareció, una alegre tertulia donde los ricos convocados, asesorados por los maestros del pueblo, léase rectores de las universidades locales, acordaron reunirse cuando menos una vez al mes para evaluar los avances de tan importante cruzada. Más después, se supo en los corrillos de la institución organizadora, que se está reclutando “voluntarios” para después de ser capacitados acertadamente, vayan a esos cinturones de miseria, objeto de la cruzada, a dar capacitación a los habitantes de esas comunidades, pueblos y colonia en extrema pobreza, capacitación en el más importante de los objetivos de la cruzada: Nutrición. Solo que ese concepto me genera dudas e interrogaciones tales como: ¿cómo puede desarrollar técnicas de nutrición aquel que no tiene nada que comer? ¿Acaso será que les quieren enseñar a cómo no morirse de hambre con algo menos que frijoles y maíz?, pero además, se pretende implementar una campaña de reclutamiento de “voluntarios” que serían quienes sin recurso alguno, concretamente sin sueldo ni viáticos, se trasladaría a la comunidades de extrema pobreza a dar esa capacitación. Sí lo logra, estaría reclutando a verdaderos patriotas sociales que darían su tiempo, su esfuerzo y conocimiento en pos de rescatar de la miseria a los más desposeídos de este país. Pero hasta en los rotarios, en las iglesias de las distintas creencias, cuando van a dar algo a las comunidades, invitan a los “representantes” de esos pobres, para que les digan quienes son los más pobres y merecen se les dé lo que se lleva; en el acto ceremonial de ayer en casa de gobierno, no vi la presencia de los jodidos, a los representantes de los presuntos destinatarios de la ya famosa cruzada, sino a los ricos del pueblo que tradicionalmente se atribuyen la “representación de la sociedad”, los concanacos, los concamines y los concabrones, que se les veía relamerse los bigotes, con la firme idea de que la tal cruzada podría significar un buen negocio. Me queda la esperanza de que quien dirige los esfuerzos, haga un alto en esa vorágine política del dar y busque armonizar las circunstancias para que el adagio popular de que se debe enseñar a pescar para tener de comer toda la vida y no regalar un pez, para tener qué comer un solo día, sea lo que se le lleve a los más necesitados y no alegría pirotécnica de política de rancho.

























