La toxina botulínica tipo A se usa desde hace muchos años, aproximadamente 30 ó 35, con fines médicos, mientras que para fines cosméticos apenas tiene 10 ó 12 años, reveló el Dr. Michael Johannes Hirsch Meillón.

“Se usaba con fines médicos que tienen que ver con estrabismo, espasmos o cuestiones neurológicas, parálisis cerebral infantil, lesiones en columna vertebral, algunos padecimientos que tienen que ver con el esfínter anal para la migraña, para la sudoración excesiva de las axilas o las manos”, detalló.

No fue sino hasta el 2007 cuando la Food and Drug Administration (FDA) avaló su uso para fines cosméticos, de manera que se estaba aplicando esta toxina sin los estándares de seguridad.

Cabe mencionar que la marca líder de esta sustancia es el producto popularmente conocido como Botox y es importante aclarar que esta toxina sólo puede ser administrada por el cirujano plástico y el dermatólogo, es decir, “no es el médico general, no es la cosmiatra, no es quien tomó curso de belleza y además es médico”.

Al respecto informó que ello está especificado en la ficha técnica del producto, pero desafortunadamente hay problemas por parte de las autoridades para darle seguimiento a estas irregularidades, e incluso hay desconocimiento por parte del público.

En cuanto a su uso para fines estéticos aseveró: “Los cirujanos plásticos entendimos los balances dinámicos de las fuerzas musculares de la frente, del entrecejo, y con esto balancear las fuerzas musculares del rostro y con ello obtener una mirada más joven”.

Hay dos momentos en los que puede considerarse su uso: cuando ya hay arrugas marcadas por la sobre gesticulación, hay personas que las presentan desde edades tempranas, en sus veinte años y en cambio otras no las presentan sino hasta los 40. Y existe también el concepto del preventivo, “antes de que las arrugas se marquen permanentemente, disminuimos parcialmente la fuerza motora del músculo y por lo tanto ya no se marcan las arrugas”.