Aguirre tomo malas decisiones y con su terquedad de alinear a “AGuille” y al Bofo, el Tri se despidió del Mundial de Sudáfrica 2010

El Tri fue víctima de una mala “no decisión” arbitral, y el obsequio del defensa Ricardo Osorio unos minutos más tarde, ciertamente no ayudó. México enfrentó a un rival al que no se le puede regalar nada, y le regaló demasiado.

Pero vayamos más lejos. México no perdió por culpa del árbitro, ni por culpa de Osorio, ni por mala fortuna, ni por culpa de la alineación planetaria. México perdió porque fue superado por un equipo argentino que no fue exigido y que no necesitó de grandes genialidades tácticas.

“Es momento del ‘ya se pudo’…” blah, blah, blah

México quedó fuera de la Copa del Mundo porque regaló medio juego desde la alineación titular. México quedó fuera de la Copa del Mundo porque los cambios no hicieron nada por mejorar al equipo sobre la cancha. México quedó fuera de la Copa del Mundo, porque salió a jugar al fútbol unos 15 minutos cuando necesitaba jugar fútbol por 90.

México hoy pagó la costosa factura de haber elevado a calidad de ídolo a un director técnico inflado por los medios irresponsables, los mismos medios de comunicación que le dieron el puesto después de haberle cortado la cabeza injustamente a su predecesor. México pagó la factura por haber entregado, cedido el control de su fútbol –tanto a nivel clubes como selección– a una oligarquía que vela únicamente se dedica a velar por sus propios intereses monetarios. Para ellos, el fútbol es lo de menos.

El balance para México es, desde algunos puntos de vista, trágicamente desalentador: cuatro partidos jugados; un empate ante Sudáfrica que bien pudo haber sido derrota (hubo un claro penal que no se marcó en contra del Tri, y un balonazo al poste en los minutos finales); una victoria sobre un seleccionado que se asemejaba más a un paciente en fase terminal que a un equipo de fútbol (la peor Francia de la historia); y dos derrotas claras, contundentes e indiscutibles, ante Uruguay y Argentina.

México, probablemente con la mayor cuota de talento individual en su historia, volvió a quedarse allí en el mismo escalón donde desde hace 16 años desde hace 5 torneos mundialistas– se han estancado. Yo entiendo que lograr lo mismo con más es un retroceso.

Ya desde antes del Mundial, sonaban muy huecas las palabras de Javier Aguirre en todos sus comerciales de televisión: “Es momento de pasar del ‘sí se puede’ al ‘ya se pudo’, de cambiar el rumbo de la historia”, blah, blah, blah.

En la conferencia de prensa previa al partido en contra de Argentina, como en la posterior, ese mismo Aguirre –el Vasco, el de la cara de perro de pelea, el bravucón– no fue capaz de levantar la mirada. Su lenguaje corporal era el de un derrotado, de un abatido, de un tipo al que el traje le quedaba igual de grande como en 1986 cuando se hizo expulsar en el partido ante Alemania (donde quedó fuera México); como en el 2002, cuando al frente del Tri se vio ampliamente superado por los Estados Unidos de América en la misma instancia, durante la Copa del Mundo del 2002.

Hoy, el mismo Aguirre que anunciaba a manera de ultimátum que se despedía del Tri después de Sudáfrica, deja abierta la posibilidad de seguir al frente de la selección. ¿Será este aparente cambio de disposición producto de un diagnóstico preliminar de la baja de sus bonos después de su decepcionante actuación? Es prematuro saberlo, pero está claro que falló y falló rotundamente. Se repitió hasta el cansancio que estarían “los mejores 11” sobre el campo, lo cual fue una mentira vil, un imposible. México no llevó a los mejores 23 jugadores de los que disponía para Sudáfrica. Aún dentro de los 23 que hicieron el viaje, no alinearon los mejores 11, nunca al mismo tiempo.

Probablemente no sepamos nunca cuál fue el peor pecado de Aguirre: su necedad intransigente, o su miopía futbolística. La terquedad de llevar a alinear a Guillermo Franco es inadmisible, pero alinear a Adolfo Bautista en el partido más crucial del torneo raya en lo cómico.

¿Sorpresa? No tanto. Los directores técnicos mexicanos del pasado reciente se han encargado de obstaculizar el progreso de la selección mediante el obtuso respeto a las “jerarquías” que colocan al presente del fútbol mexicano con un pie en el pasado, en lugar de lanzarlos con un pie en el presente.

Los jugadores jóvenes no reciben la confianza de jugar para sus clubes, menos la van a recibir para jugar con la selección mayor. Pérez, Franco, Bautista, Cuauhtémoc Blanco, Gerardo Torrado y Rafael Márquez demostraron que debían haber recibido las gracias y la despedida, en lugar del pasaje a Sudáfrica. Pasaron cuatro años en que se desperdició el tiempo que se pudo aprovechar desarrollando a jugadores como Adrián Aldrete, Enrique Esqueda, Cristian Bermúdez, Julio Cesar Domínguez, Patricio Araujo, Jonathan Dos Santos, etc.

Con trabajos vieron minutos de juego Pablo Barrera, Andrés Guardado, Israel Castro, Héctor Moreno y Javier Hernández. Aguirre decidió rotar el gafete de capitán como si estuviera jugando a “las traes”, y decidió colocar a Osorio en una posición (central por derecha en línea de cuatro al fondo), en la que no había jugado por lo menos en los últimos 5 o 6 años, dejando a defensas centrales naturales como Moreno o Johnny Magallón en la banca.

Aguirre colocó a Franco y Bautista en situaciones imposibles, y en ese sentido, habría que sentirnos mal por ellos. No tenían forma de ganar. No tenáin las condiciones para estar allí, y mucho menos de alzarse como “mesías” del Tri. Todo estaba en su contra, y se impuso la lógica. México alineó con 10 jugadores, o menos, durante buena parte del torneo.

Ese “respeto” a las falsas jerarquías virtualmente asegura que no salen los mejores 11 a la cancha, y ese es un mal intrínseco del fútbol mexicano, tanto a nivel de clubes como a nivel de selección. Además, prolonga el rezago en el desarrollo del talento joven, y en esencia obstaculiza al Tri.

Posiblemente, México ya se perdió la oportunidad de capitalizar en el 2014 aquel título del Mundial sub-17 del 2005, de cosechar los réditos de una generación de futbolistas que en nuestro país no ha tenido paralelo, de una generación que sabe lo que es ser N° 1.

Entre las ridiculeces que ofreció un penoso Aguirre después del encuentro, dijo “hay que seguir por este mismo rumbo… no hay que empezar desde cero”, cuando se refirió al proceso actual y a lo que viene para el Tri. Perdóname Vasco, pero con todo el respeto que no me mereces, te equivocas. Seguir el mismo rumbo equivale a decir que debemos seguir confiando en directores técnicos subdesarrollados, so pretexto de contratar a alguien que “conoce al futbolista mexicano”, seguir estancados en octavos de final, seguir perdiendo ante los grandes, y seguir ofreciendo fracciones de partidos en lugar de jugar 90 minutos. Pero sobre todo, significa seguir priorizando los intereses de las televisoras y los patrocinadores sobre el fútbol. Significa seguir construyendo castillos en el aire, y comprando los espejos que venden las televisoras/porristas que son incapaces de ofrecer una visión crítica sobre el producto que ellos mismos fabrican.

Ojalá las palabras de Aguirre caigan rápidamente en el olvido, y milagrosamente se obtengan los directivos que merece la afición mexicana, el técnico que se merece la selección mexicana, y el seleccionado que se merece la afición mexicana. Ojalá algún día se tengan las agallas de seguir el ejemplo de Alemania, quien no solo lleva al combinado más joven, en promedio, a Sudáfrica, sino que ha jugado espectacular hasta el momento.

Ojalá algún día México tenga una selección que refleje fielmente todo el dinero y la publicidad que se invierte en ella, y ojalá que un día la afición mexicana reciba esa alegría que se le ha estado debiendo por tanto tiempo.(Rafael Zamorano-ESPN)