ESCRITORIO DEL EDITOR.
LOS HOMBRES llegaron por la noche al Rancho del ex-presidente. Iban en elegantes camionetas y resguardados por hombres armados. HabÃan sido invitados para discutir un asunto cuya urgencia ameritaba su presencia en la casa del hombre que pretendÃa imponer su candidato en las próximas elecciones presidenciales. La guerra estaba declarada y era feroz. El ex-presidente estaba decidido a imponerse por encima del gobernante en turno que ya no le contestaba ni el teléfono, cuando lo buscaba para solicitarle un favor.
SILENCIOSAMENTE los hombres del ex-presidente fueron entrando en la sala principal donde eran recibidos con un fuerte apretón de manos y un abrazo por parte del hombre de gran estatura. A su lado, como siempre, estaba su infatigable esposa que a pesar de ser tan chaparrita, desbordaba gigantescas ambiciones por el Poder. Eran la pareja dispareja pero polÃticamente muy activos habÃa decidido adelantarse en la sucesión presidencial organizando prácticamente un “complot”. No podÃan aceptar el quedarse “fuera de la jugada”.
AL ENTRAR el hombre que vestÃa siempre de ranchero, los llamaba por su nombre en forma entusiasta: ¿Cómo estás Manuel? ¡Bienvenido Santiago! ¿Qué pasó contigo Fernando? ¡Mi amigazo Diego que bueno tenerte en casa! ¡Señor Obispo es un honor tenerlo aquÃ! ¿Cómo está el Cardenal? y asà fueron llegando los trece invitados que habÃan sido seleccionados cuidadadosmente, luego de considerar su influencia polÃtica y sobre todo su lealtad al ex-presidente. Todo era jolgorio, risas y bromas acerca de su apariencia o sus últimas actuaciones polÃticas. Las burlas entre ellos no podÃan faltar, pero siempre guardando las distancias.
EL ANFITRIÓN los invitó a pasar a su estudio donde podrÃan instalarse cómodamente para dialogar. Conforme fueron pasando les fue ofrecida una copa de su bebida predilecta que sostenÃan en charolas, dos asistentes a la entrada del espacioso salón que servÃa al ex-presidente para de vez en cuando leer un periódico con sus botas sobre el escritorio. Asà eran sus costumbres rancheras. HabÃa allà cientos de libros que jamás serÃan abiertos por nadie de la casa. Invitando a todos a tomar asiento donde fuera su gusto, el grupo se instaló no sin antes brindar por el éxito de los planes que estaban por discutirse esa noche.
EL EX-PRESIDENTE agradeció la presencia de “sus amigos más leales” y sin rodeos les planteó el asunto que les congregaba: Mis amigos -dijo- tenemos que ponernos de acuerdo para impulsar al compañero de nuestro grupo, que merece ser el próximo Presidente de la República. Ya he intentado hacerle la propuesta al “Chaparro” pero el cabroncito -ya saben- ha llegado al extremo de no hacerle caso a nadie. Me comentan que todos los dÃas agarra su botella y termina ahogado gritando e insultando a todos los que según él, lo han traicionado. Lo peor, es que él se cree con derecho de imponer al próximo Presidente sin reconocer que ya desgració al Partido y al paÃs. Vean el desmadre que hay a nivel nacional. Asà que, ó le ponemos un “gallo” nuestro o nos lleva la china hilaria….Con éste hasta fraude hicimos y miren con lo que nos salió…..
A PARTIR de ese momento, todos los asistentes parecieron animarse y empezaron uno por uno a expresar sus opiniones. Manuel se quejó de que estaba a punto de ser expulsado del partido por expresar opiniones contrarias y hasta expediente le habÃan abierto; Santiago manifestó que él seguÃa aspirando a la presidencia, pero que entre el “chaparro” y las televisoras no perdÃan oportunidad de golpearlo, al grado de destrozarle hasta su vida familiar; Fernando señaló que él ya habÃa renunciado al Partido porque era una verguenza que el titular del Gobierno un dÃa se comprometÃa en algo, y al siguiente se rajaba, por su falta de palabra y de hombrÃa; El Obispo presente, un multimillonario cÃnico, casi a gritos dijo que la JerarquÃa estaba indignada por tanto libertinaje propiciado desde el gobierno que no se decidÃa a modificar a fondo las leyes que estana “corrompiendo” a la sociedad mexicana….
DIEGO EL JEFE, con ese aire aristocrático que lo caracterizaba, le dió una chupada a su habano de la mejor calidad, se puso de pié y recorriendo con la mirada a todos, dijo en tono grave: Señores, respetable Señora, creo que nuestro señor Presidente ha cometido el más grave de los pecados. Y ese es la Soberbia. Se ha olvidado todo lo que hicimos, legal e ilegalmente, para sentarlo en esa Silla Presidencial. Está hinchado de soberbia y prepotencia y es hora de darle una lección. Lo que está haciendo es entregar la próxima presidencia a los del partido tricolor y eso no se lo podemos permitir. O una de dos: O entiende por las buenas y nos toma en cuenta, o por la malas le declaramos la guerra y nos apoderamos del Partido. Ya de allà saldrá el candidato que nosotros sabemos es el mejor. No hay vuelta de hoja, aquà a ser cabrones, nadie nos gana, dicho todo esto, con todo respeto, para la dama presente.
EL EX-PRESIDENTE sonrió satisfecho. Su esposa más discreta aprobó con un movimiento de cabeza lo dicho por Don Diego que era un hombre con reputación de duro y bueno para el golpeteo polÃtico. Los asistentes apuraron el trago a sus copas, y alguno hasta hizo el intento de aplaudir, pero se contuvo. No era el momento. Sin embargo, Diego el Jefe, no habÃa terminado. Tomó airé y pidió atención: Señores, estamos a tiempo; aquà ni el señor que está en el Palacio Nacional ni nadie es dueño del paÃs. En este barco vamos todos y todos tenemos el derecho de ser escuchados. Es una verdadera majaderÃa que ni siquiera a nuestro ex-presidente le tome una llamada éste mentecato que nos ha llevado a una “guerra” sin estrategia y por la cuál nos hemos desprestigiado nacional e internacionalmente. Es la hora de ponerle un hasta aquà a éste señor Presidente. Y terminó diciendo: Si le quieren llamar complot, que lo llamen, pero esto no puede continuar asÃ. Asà como paramos en seco a López Obrador, asà vamos a parar en seco a los tricolores que se mueren por meter al señor ese del copetito ridÃculo en la residencia oficial.
NO LEJOS de allÃ, en una cabañita estratégicamente construÃda, tres técnicos en comunicaciones escuchaban la conversación de los congregados. Su asombro era total y rápidamente comunicaron a sus superiores, la naturaleza de la reunión y la calidad del material que habÃan recopilado. El asunto era de de máxima seguridad y deberÃa ser entregado al Presidente en turno para su conocimiento y toma de decisiones. Cuando la reunión en el rancho cercano finalizó, los “espÃas” tenÃan dos horas de conversaciones y propuestas. Lo peor, tenÃan los nombres de los presentes y ausentes que compartÃan sus proyectos en el corto plazo. El material era explosivo y muy delicado.
SIN EMBARGO a la mañana siguiente, el mandatario “crudo” y medio aturdido escuchó la insólita grabación. Después de todo para eso se habÃa montado un sistema nacional de espionaje polÃtico con el pretexto de combatir a la delincuencia organizada. Sin embargo, al escuchar las conversaciones en el rancho del ex-presidente, no pareció inmutarse y dió una orden sorprendente a uno de los oficiales que lo acompañaban en su desayuno: “Entréguele una copia de este material al Gobernador del copetito ridÃculo que allà mencionan. El ya sabrá que hacer y que medidas tomar”. El oficial se quedó helado al escuchar eso y sólo acertó a decir: Sà señor.
UNA SEMANA después la camioneta del señor Diego apareció abandonada en un camino de terracerÃa que lleva a su mansión-rancho. La prensa informó que habÃa rastros de sangre, pero no aparecÃa el cuerpo de Don Diego, el mismo que se habÃa expresado fuerte contra el regreso de los tricolores al Palacio de la República y particularmente a la imposición del hombre del copetito ridÃculo. Es fecha que nadie sabe dónde está el señor Diego. Pero lo más extraño es que todos los asistentes a la reunión, recibieron un pequeño sobre con una tarjeta dentro que decÃa: “Para que aprendan a respetar”.
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