FLOR Y LATIGO.
La Comisión Nacional para la Conmemoración del Centenario del Fallecimiento de Don Benito Juárez, reedita el presente libro Flor y Látigo, del escritor oaxaqueño Andrés Henestrosa, que constituye una valiosa recopilación del ideario humanista, liberal, republicano y demócrata del ilustre patricio.
Juárez se definió siempre más como un hombre de acción que de pensamiento, Reclamó a sus conciudadanos y a al posteridad ser juzgado por sus hechos y no por sus dichos. Mis dichos son acciones, decÃa.
Sin embargo, el vigor de sus actos no opaca la profundidad y congruencia de su pensamiento. Hay en él una concepción ideológica muy clara de los problemas de su época y de las finalidades que perseguÃa. En la selección que nos ofrece Henestrosa se ponen de manifiesto, con singular claridad, sus concepciones acerca de los deberes inherentes a la calidad del gobernante, su acendrado patriotismo, su fe permanente en las virtudes del pueblo, la consistencia de su voluntad inquebrantable, su convicción inconmovible en el éxito final de la causada por la que luchaba. La lectura de esta sÃntesis tan bien lograda del pensamiento juarista nos proporciona también elementos muy objetivos para aquilatar la grandeza de su espÃritu, las virtudes excepcionales de su carácter y la honestidad que siempre demostró entre las palabras y los hechos.
Los reaccionarios también son mexicanos.
En las cuestiones polÃticas lo mismo que en la guerra, nada hay fijo y seguro: cualquier incidente, aún el más insignificante, trastorna los planes mejor concebidos y da a los negocios un giro inesperado.
El que no quiere oÃr es preciso hablarle recio y seguido.
Lo que dicen González Ortega y sus partidos de que estoy de acuerdo con Santa Anna y que he vendido la Baja California, son vulgaridades con que siempre me han atacado los que no pueden hacerlo con razones y hechos fundados.
En las presentes circunstancias, lejos de ser útiles los servicios que Santa Anna ofrece serán nocivos a la causa nacional, el cargo terrible de traición que pesa sobre él, mantiene viva la indignación pública en su contra. Pero si él deseare someterse a un juicio para que fallen sobre su conducta, cuando lo pida en forma el gobierno determinará la manera, el lugar y la época en que deba verificarse el juicio.
En tiempos de guerra las noticias demasiado buenas ponerlas en cuarentena.
Muy buena es la idea de que se publique un periódico nuestro, o por lo menos hubiera un fondo para los gastos eventuales en impresiones. Frecuentemente se presentan oportunidades de desbaratar una intriga o de dar un fuerte impulso a la causa nacional, por medio de la prensa que bien vale la pena hacerlo sin parecerse en ninguna clase de sacrificios.Â
No es posible autorizar la impunidad de los traidores que tanto se han distinguido en asesinar a los defensores de la patria. Perdonarlos, siendo notorio sus crÃmenes y siendo muy clara la ley que los condena, serÃa una falta inexcusable que el gobierno no debe aprobar.
Haya energÃa para hacer cumplir la ley, esto bastará para que la nación se salve y sea feliz.
Bismarck es un hombre que ha logrado poner en alarma y movimiento a los demás lobos de Europa. Dios lo mantenga en su firmeza para que el incendio no se apague sino que devore hasta el último opresor de aquella parte del mundo.
Hay hombres que son incorregibles por más que uno se empeña en hacerlos buenos, elevándolos para su propio bien.
Nuestro cuerpo social está plagado de llagas añejas que nosotros, los reformadores, debemos curar con cautela y amputaciones para detener la gangrena que lo conduce a la muerte. Nada de contemporizaciones con los hombre viciados y con los que se han acostumbrado a hacer su voluntad como moros sin señor.
Me parece bien la regla de no fusilar a la clase de tropa que caiga prisionera ya se componga de mexicanos o de extranjeros. Con los cabecillas prominentes, jefes y soldados en quienes concurran circunstancias agravantes, debe usarse todo el rigor de la ley.
Hay circunstancias en la vida en que es preciso aventurarlo todo si se quiere seguir viviendo fÃsica y moralmente.
Mi única aspiración es servir a los intereses del pueblo y respetar su verdadera voluntad. Siempre he procurado hacer cuanto ha estado en mi mano para defender y sostener nuestras instituciones. He demostrado en mi vida pública que sirvo lealmente a mi patria y que amo la libertad. Ha sido mi único fin proponerlos lo que creo mejor para vuestros más caros intereses, que son afianzar la paz en el porvenir y consolidar nuestras instituciones. SerÃa yo feliz si antes de morir pudiera verlas para siempre consolidadas.
Nunca se olvide que la constancia y el estudio hacen a los hombres grandes y que los hombres grandes son el porvenir de su patria.
He tenido una emoción indecible al volver a México después de cuatro años de ausencia, mi vuelta era el triunfo de las instituciones republicanas que a costa de tanta sangre, conquistaron nuestros abuelos.
El principio de no intervención es una de las primeras obligaciones de los gobiernos, en el respeto debido a la libertad de los pueblos y a los derechos de las naciones.
Queremos libertad completa de cultos, no queremos religión de estado y debemos por lo mismo considerar a los clérigos, sea cualesquiera su credo religioso como simples ciudadanos, con los derechos que tienen los demás.
Son ridÃculos todos esos rumores absurdos, relativos a venta de territorio nacional. Son armas de mala ley de que han querido valerse nuestros enemigos con objetivo de desprestigiar, si pueden el gobierno de la nación. Para mà es tan importante la integridad del territorio, como la misma independencia y ni concibo siquiera la posibilidad de que pueda un mexicano consentir en enajenar voluntariamente una sola pulgada de territorio nacional.
El gobierno federal no puede ni debe nombrar un gobernador, Este debe ser escogido por medio de la elección.
Espero que de hoy en más no pretenderán los gobiernos extranjeros mezclarse en los asuntos domésticos de nuestro paÃs, que no necesita a Dios gracias de tutela para marchar.
El pueblo mexicano, son su patriotismo, su valor y su constancia en la lucha, ha salvado su independencia y sus instituciones. En vano pretendió la intervención monárquica destruir a la República y a su gobierno. La intervención desapareció combatida por el pueblo, quedando en pie la República, más fuerte en el interior y más considerada en el exterior. Los hijos del pueblo, que por su valor y sus sacrificios fueron grandes en la lucha, ha sido después del triunfo, todavÃa más grandes por su generosidad. Ocuparon sucesivamente todas las ciudades todas las ciudades, dando protección y garantÃas a sus mismos enemigos, sin distinción de nacionalidad.
Si en el uso de las facultades extraordinarios he cometido errores os pido vuestra indulgencia, en el concepto de que en todos mis actos nunca he tenido más móvil que el interés nacional y la salvación de nuestra querida patria.
Si yo hubiese consultado exclusivamente mi interés personal, me habrÃa retirado a la vida privada después de terminada la lucha contra lo invasores que pretendieron destruir nuestras instituciones, pero he juzgado de mi deber trabajar por la reconstrucción del paÃs en el puesto en que ha querido colocarme nuevamente el voto de la nación.
Comprendo que hace usted un verdadero sacrificio separándose de la mujer con quien acaba de contraer matrimonio, pero hay circunstancias extraordinarias en que es necesario sacrificar todo.
El egoÃsta, lo mismo que el esclavo, no tiene patria ni honor. Amigo de su bien privado y ciego tributario de sus pasiones no atiende al bien de los demás, ve las leyes conculcadas, la inocencia perseguida, la libertad ultrajada por el más fiero despotismo, ve el suelo patrio profanado por la osada planta de un injusto invasor y sin embargo, el insensato dice: Nada me importa yo no he de remediar al mundo, ve sacrificar a sus hermanos al furor de una cruel tiranÃa con la mima indiferencia que la oveja mira al lobo que desolar el rebaño.
Libre y para mà muy sagrado el derecho de pensar.
Si como hombre público pudiera hacer lo mismo que como particular, yo callarÃa resignándome a lamentar en lo privado las desgracias de mi patria. Pero no es asà los crÃmenes cometidos en el Estado, los atentados contra la moral reclaman del gobierno las medidas que caben en sus atribuciones, para que los primeros no queden impunes y para que el poder de la segunda se restablezca y consolide.
Un sistema democrático y eminentemente liberal, como el que nos rige tiene por base esencia la observancia estricta de la ley. Ni el capricho de un hombre solo, ni el interés de ciertas clases de la sociedad, forman su esencia. Bajo un principio noble y sagrado él otorga la más perfecta libertad a la vez que reprime y castiga el libertinaje. Él concede derechos e impone obligaciones que no sabe dispensar, por consiguiente está lejos de comprenderlo cualquier ciudadano que se crea protegido por él faltar a su deber o barrenar la ley. El puntual cumplimiento del primero y el más profundo respeto y observancia de la segunda forman el carácter del verdadero liberal del mejor republicano. Es por tanto evidente que a nombre de la libertad jamás es licito cometer el menor abuso.
Bajo el sistema federativo los funcionarios públicos no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad no pueden gobernar a impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las Leyes, no pueden improvisar fortunas ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, resignándose a vivir en la honrada medianÃa que proporciona la retribución que la ley haya señalado.
El primer gobernante de una sociedad no debe tener más bandera que la ley, la felicidad común debe ser su norte e iguales los hombres ante su presencia como lo son ante la ley, sólo debe distinguir al mérito y a la virtud para recompensarlos, al vicio y al crimen para procurar su castigo.
Formar a la mujer con todas las recomendaciones que exige su necesaria y elevada misión es formar el germen fecundado de regeneración y mejor social. Por esto es que su educación jamás debe descuidarse.
Es imposible moralmente hablando que la reacción triunfe.
Odian el sistema federal, porque no alcanzan a comprender su ingenioso mecanismo, porque este sistema creado para los hombres de la ley de los principios no se presenta a justificar los avances de los que quieren gobernar a los mexicanos con una voluntad despótica.
Es necesario considerar que cuando una sociedad, como la nuestra, ha tenido la desgracia de pesar por una larga serie de años de revueltas intestinas se ve plagada de vicios, cuyas raÃces profundas no pueden extirparse en un solo dÃa, ni con una sola medida. Se necesita de tiempo para preparar los elementos con que se pueden reorganizar los diversos ramos de la sociedad, se necesita de constancia para no desperdiciar esos elementos a fin de llevar a cabo la obra comenzada, se necesita de firmeza para ir venciendo las resistencias que naturalmente imponen aquellos que han saboreado los frutos de la licencia y de los abusos y se necesita de una grande capacidad para elegir y aplicar con la debida oportunidad los medios a propósito que satisfagan las exigencias del cuerpo social, sin exasperar sus males.
La dominación de esta República y su pacificación es empresa superior a las fuerzas del austriaco. El tiempo y nuestra constancia lo derrotarÃan al fin.
El patriotismo no debe medir el tamaño de los sacrificios, sino afrontarlos con resignación.
Una causa que es la de mi corazón y mi conciencia.
El gobernante no es el hombre que goza y que se prepara un porvenir de dicha y de ventura, es sà el primero en el sufrimiento y el trabajo y la primera vÃctima que los opresores del pueblo tienen señalada para el sacrificio.
Estoy de acuerdo con usted en que a Vidaurri es necesario atraérselo o eliminarlo. Estoy por el primer extremo. Sólo que no baste esto para utilizarlo en bien de la nación debe recurrirse al último. Trabajo pues, en lo primero.
Lo más importante que contiene el derecho como verá usted es la independencia absoluta del poder civil y la libertad religiosa. Para mi estos puntos eran los capitales que deberÃan conquistarse en esta revolución y si logramos el triunfo nos quedará la satisfacción de haber hecho un bien a mi paÃs y a la humanidad.
Puede usted descansar en la seguridad que le ofrezco la de castigar a los culpables del asesinato de súbditos españoles de que asà se hará. Porque a ello me obligan el deber y la conciencia, sin que sean causa de que yo obre asà deje de hacer justicia, las palabras amenazantes y las expresiones ofensivas e injuriosas de que usted se permite usar en su carta y que me abstengo de contestar porque semejante tarea me colocarÃa en un terreno a que me prohÃben descender la dignidad y el decoro del pueblo que ocupo.
Hice todos los esfuerzos que estuvieron a mi alcance para disuadir a estas personas de cometer el más leve atentado pues yo como gobernante legÃtimo de la sociedad harÃa todo lo posible para que los delincuentes fueran castigados conforme a las leyes, pero que jamás permitirá que se usase de las vÃas de hecho contra los reos que están bajo la protección de las leyes y de la autoridad. Que advirtieran que los que sacrificaron a mi leal amigo el Señor Ocampo, eran asesinos y que yo era el gobernante de una sociedad ilustrada.
La democracia es el destino de la humanidad futura, la libertad su indestructible arma. La perfección posible, el fin donde se dirige.
Yo aún sufro y seguiré sufriendo, porqué los sentimientos naturales del corazón no pueden extinguirse por mucho que nos empeñemos en sofocarlos con la reflexión y con la energÃa de nuestra voluntad. Sólo la familia y la amistad pueden mitigarlos algún tanto, sintiendo con nosotros nuestras penas y fortaleciéndonos con sus palabras de consuelo. Es todo lo que pude endulzarnos esta vida tan llena de amargos sufrimientos.
Para todos, justicia, para los amigos, favor y justicia.
Quedo impuesto por su grata de 29 y 30 de noviembre último de la bella Ãndole de esos habitante los de San Luis Potosà asà como del estado lamentable de atraso se hallan todavÃa, dominados por las costumbres y preocupaciones de los siglos pasados. Es que sus gobernantes inmediatos no tienen la convicción profunda de los principios de libertad y por eso no tienen fe en el progreso de la humanidad ni se afanan por mejorar la condición de los pueblos removiendo los obstáculos que les impiden ver su desnudez y su miseria. Sin embargo no debemos desconsolarnos, porque habiendo como hay en casos pueblos, una buena disposición para el bien y un instinto natural a la libertad bastará que tengan a su cabeza un decidido partidario de las ideas liberales para que salgan del estado de abyección en que hoy se encuentran y esto no será remoto atendido el impulso irresistible del siglo. Entretanto, nosotros por nuestra parte, debemos seguir la propaganda, procurando en nuestros escritos y aún en nuestras conversaciones educar a los pueblos inculcándoles las ideas de libertad y de dignidad, con lo que les haremos un bien positivo.
El pueblo única fuente pura del poder y de la autoridad.
Respecto de la frialdad con que Zarco publicó la muerte del desgraciado Comonfort yo también lo he sentido y censurado pero yo no podÃa obligar a este señor a obrar de otra manera, porque si Zarco ejerce influencia alguna sobre mà como equivocadamente creen o fingen creer algunos, ni yo la ejerzo sobre él, ni quiero hacer indicación alguna éste ni a ninguno de los escritores públicos sobre sus escritos, porque no quiero contraer compromisos que me priven de la libertad de obrar contra ellos cuando cometan alguna falta en su profesión.
Todo lo que a México no haga por sà mismo para ser libre, no debe esperar, ni conviene que espere que otros gobiernos u otras naciones hagan por él.
Yo he sentido profundamente esta desgracia, porque Lincoln, que con tanta constancia trabajaba por la libertad completa de sus semejantes, era digno de mejorar suerte y no del puñal de un cobarde asesino.
Es singular esa gente de México, al que no la conozca y es fatuo, sus ocasiones y adulaciones lo embriagan, lo tiran y lo pierden y si es débil, sus injurias y maldiciones lo tiran y lo pierden también.
He visto el decreto que me consagra el Congreso de Colombia. Yo agradezco este favor pero no me enorgullece porque conozco que no lo merezco, porque realmente nada ha hecho que merezca tanto encomio, he procurado cumplir mi deber y nada más.
Yo sigo impasible viendo venir los acontecimientos sin cuidarme de otra cosa que de la defensa nacional que es mi preferente deber mientras ocupo el puesto que la nación me ha señalado.
Los ricos y los poderosos ni sienten, ni menos procuran remediar las desgracias de los pobres. Aquellos se temen y respetan y no son capaces de romper lanzas por las querellas de los débiles, ni por las injusticias que sobre ellos ejerzan.
Podrá suceder que alguna vez los poderosos se convengan en levantar la mano sobre un pueblo pobre, oprimido, pero eso lo harán por su interés y conveniencia. Eso será una eventualidad que nunca debe servir de esperanza segura al débil.
Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.
Es sensible el bombardeo de ValparaÃso pero en lo general es un bien para la América, porque afirmará para siempre la absoluta independencia de este continente del de Europa. Ya no habrá términos medios, no contemplaciones con lo que tanto los que tanto provecho han sacado de las repúblicas suramericanas.
Muy grande es la calamidad que ha pesado sobre nosotros en estos últimos años, pero debemos consolarnos con el porvenir, para mà casi próximo y seguro de que después de la presente guerra las repúblicas americanas, no hablo de la de Washington, al menos la de México, quedarán absolutamente libres del triple yugo de la religión de estado, clases privilegiadas y tratados onerosos con las potencias europeas. El reconocimiento de éstas al emperador Maximiliano ha roto los pactos con que nos redujeron a un pupilaje.
Lo mejor que puede hacer Santa Anna es vivir lejos del paÃs al que tantos males ha causado, pues no es posible que el gobierno acepte sus servicios.
Perder y levantar a apuesta sólo lo hacen los bandidos cuando se consideran fuertes, pero Napoleón en la situación actual es débil.
Los impacientes están dados a Satanás, porque quisieran que en un instante quedara todo terminado, aunque los grandes criminales quedarán impunes y sin garantÃas la paz futura de la nación pero el gobierno, sin hacerles caso, sigue corriendo despacio con el firme propósito de hacer lo que mejor convenga al paÃs sin que influyan en sus determinaciones la venganza personal, la compasión mal entendida, ni amago alguno extranjero, sean cuales fueren los términos con que se quiera disfrazar, hemos luchado por la independencia y autonomÃa de México y es preciso que esto sea una realidad.
Por otra parte yo también sentÃa repugnancia de separarme de su lado, dejar la casa que habÃa amparado mi niñez y mi orfandad y abandonar a mis tiernos compañeros de infancia con quienes siempre se contraen relaciones y simpatÃas profundas que la ausencia lastima, marchitando el corazón.
Debemos facilitar a la nación, porque después de un largo perÃodo de encarnizada lucha para establecer nuestras libres instituciones y afirmar nuestra independencia, podemos ya consagrarnos tranquilamente a la reorganización y mejoramiento de nuestra sociedad. Sin embargo no debemos confiar ciegamente en que esas instituciones y la paz están del todo aseguradas: existen aún latentes los elementos que las pueden destruir los partidos del retroceso y de los abusos acechan la oportunidad para restablecer su antiguo predominio y es preciso redoblar nuestros trabajos y nuestra vigilancia para contrariar y destruir sus tendencias antipatrióticas.
Los gobierno civiles no deben tener religión porque siendo su deber proteger imparcialmente la libertad que los gobernados tienen de seguir y practicar la religión que gusten adoptar, no llenarÃa fielmente ese deber si fueran sectarios de alguna.
La ley ha sido siempre mi espada y mi escudo.
En los gobierno representativos las interpretaciones del cuerpo legislativo son frecuentes y ordinarias, porque son la esencia de la institución y no importan un ataque a la persona del jefe de Estado.
Los lobos no se muerden se respetan.
La respetabilidad del gobernante le viene de la ley y de un recto proceder y no de trajes ni de aparatos militares propios sólo para los reyes de teatro.
Los gobernadores de la sociedad civil no deben asistir como tales a ninguna ceremonia eclesiástica, si bien como hombres pueden ir a los templos a practicar los actos de devoción que su religión les dicte.
La situación del archiduque no puede ser mayor comprometida. Traicionó al clero, adoptando a medias las Leyes de Reforma y no ha logrado atraerse al partido nacional. Sólo está rodeado de la facción moderada que ha perdido a todos los gobiernos y a todos los hombres notables que se han sometido a su dirección y que en los momentos de solemne conflicto, lo abandonaré para recibir de rodillas al nuevo vencedor.
Doblado habrÃa dejado una memoria grande si hubiera muerto en defensa de su patria.
Los hijos de los ricos no se avienen con la vida miserable del pobre.
Nada con la fuerza todo con el derecho y la razón se conseguirá la práctica de este principio con sólo respetar el derecho ajeno.
La responsabilidad de los gobiernos sólo puede fundarse en la impartición absoluta de la justicia.
Todo ciudadano está obligado a servir a la patria en el puesto que se le asigne, desde la porterÃa de un ministerio se puede servir y honrar a México.
El pueblo que quiere ser libre lo será. Hidalgo enseñó que el poder de los reyes es demasiado débil cuando gobiernan contra la voluntad de los pueblos.
La instrucción es el elemento de la felicidad social, el principio en que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos.
Nadie he perseguido por sus opiniones públicas, ni una lágrima se ha derramado por mi causa. La paz es la primera necesidad del pueblo. Pero no hay que confundir indulgencia con debilidad. Cuando se pretende subvertir la tranquilidad social, el poder público ha de proceder con la energÃa que dan la fuerza y la opinión.
La libertad civil y religiosa es una de las bases de nuestras instituciones.
Dios es el caudillo de las conquistas de la civilización.
Este es el programa del partido del retroceso: esclavizar al pueblo para explotarlo en beneficio propio.
Los déspotas aborrecen la luz y la verdad.
La voluntad vence obstáculos. El patriotismo opera milagros.
El mundo entero no hubiera podido ofrecerme un galardón que igualase a la conciencia de haberme identificado con las leyes y con la suerte de mi patria en los dÃas tormentosos de que ha salido con tanta gloria.
La educación del pueblo es una de las primeras atenciones de todo gobierno. Sin escuelas jamás podrá nuestro pueblo tener el conocimiento de sus deberes y la apreciación de sus derechos.
La causa más grande y más sagrada para los hombres y para los pueblos, la defensa de la patria.
Procuremos en nuestros escritos y aún en nuestras conversaciones, educar a los pueblos, inculcándoles las ideas de libertad y dignidad con lo que les haremos un bien positivo.
Los sacrificios santifican la libertad.
México un pueblo tan libre, tan soberano, tan independiente como lo más poderosos de la tierra.
Plegue a Dios que el triunfo de México sirva para asegurar la independencia y respetabilidad de las repúblicas hermanas.
Se ultraja a un pueblo cuando se ataca el poder que él mismo ha elevado y quiere sostener.
México vive. Un pueblo no sucumbe al capricho del poderoso, si defiende la causa de la justicia de la civilización y de la humanidad.
La paz es el bien principal de los pueblos.
La adversidad nunca es suficiente para que desmaye aquel que defiende su patria y su derecho.
La independencia y la libertad, dos grandes bienes sin los cuales todos los demás son tristes y vergonzosos.
La indiscriminación pesimista de un jefe militar en tiempos de guerra, equivale a la pérdida de una batalla.
Es deber nuestro luchar en defensa de la patria y entre la defensa de una madre y la traición no encuentro medio alguno honroso.
La defensa de la patria y de la libertad es un deber imprescindible importa la defensa de nuestra propia dignidad, del honor y dignidad de nuestras esposas y de nuestros hijos del honor de todos los hombres.
Los que sostenemos el orden legal no hemos ascendido al poder por los medios reprobables de la intriga ni de los motines militares. Fuimos llamados por el voto libre y espontáneo de la mayorÃa nacional. Es nuestro objeto cumplir y hacer la ley hacer efectivas las garantÃas que tiene todo hombre para pensar, hablar, escribir adorar a Dios según su conciencia y ejercer sus demás facultades sin otro lÃmite ni valladar que el derecho de otro hombre.
El hombre que carece de lo preciso para alimentar a su familia, ve la instrucción de sus hijos como un buen muy remoto, o como un obstáculo para conseguir el sustento diario. En vez de destinarlos a la escuela se sirve de ellos para el cuidado de la casa o para alquilar su débil trabajo personal, con qué poder aliviar un tanto el peso de la miseria que lo agobia. Si ese hombre tuviera algunas comodidades, si su trabajo diario le produjera alguna utilidad, él cuidarÃa de que sus hijos se educasen y recibiesen una instrucción sólida en cualesquiera de los ramos del saber humano. El deseo de saber y de ilustrarse es innato en el corazón del hombre. QuÃtensele las trabas que la miseria y el despotismo le imponen y él se ilustrará naturalmente aun cuando no se le dé una protección directa.
Contra los sentimientos de naturaleza humana, contra la situación de un pueblo se estrellan siempre aún las medidas que bajo un aparente celo, hace el más bárbaro despotismo.
Hijo del pueblo yo no lo olvidaré, por el contrario sostendré sus derechos, cuidare de que se ilustre se engrandezca y se crié un porvenir que abandone la carrera del desorden, de los vicios y de la miseria a que lo han conducido los hombre que sólo con sus palabras se dicen sus amigos y sus libertades pero que con sus hechos son sus más crueles tiranos.
Consuela sentir y llorar juntos las desgracias.
Yo puedo condonar las ofensas personales que se me hagan, pero no está en mi arbitrio permitir que se ultraje la dignidad del gobierno y que sea el escarnio y la befa de los malvados.
Quisiera que se me juzgara no por mis dichos sino por mis hechos.
Una imprentita importa mucho hacer la guerra con la pluma.
El ejecutivo procurará conservar y mejorar la administración de los negocios públicos, de absoluta conformidad con las leyes vigentes y cuidará preferentemente de la conservación de la paz de la República porque juzga que en ésta consiste el primero y más sagrado de sus deberes.
La paz es elemento indispensable de felicidad y progreso.
En extender cada vez más la comunicación del pensamiento, en la construcción de vÃas férreas y canales en las mejoras materiales de toda especie, sin olvidar un conveniente colonización estriba el porvenir de nuestra patria. Para impulsar estos objetos es indispensable la subsistencia de la paz.
La buena organización del Ejército Nacional es una garantÃa para la independencia el orden y las instituciones.
La paz es hoy el medio de alcanzar la apetecida y necesaria reconciliación de los mexicanos mientras sufrieren perturbaciones o amenazas se encontraran cada vez más las pasiones los odios que han dejado tras de si tantas guerras tantas agitaciones y desgracias públicas.
La reactitud y la justicia son ciertamente la base única en que pueden descansar las relaciones amistosas entre dos naciones libres.
El gobierno general no debe mascarse en las cuestiones locales de los estados, sino en los casos previstos por la Constitución, solo asàobrará de una manera legal sin aparecer parcial y como interesado a favor de determinado partido o de marcada persona, toda otra injerencia oficiosa por parte del ejecutivo no harÃa más que aumentar las divisiones haciendo menos fácil tal vez la conciliación.
Es todo punto falsa la absurda noticia a que usted se refiere sobre cesión del estado de Sonora a los Estados unidos. Espero que jamás vuelva a tener México un gobierno bastante degradado que consienta voluntariamente ceder a ninguna nación extranjera ni una sola pulgada del territorio nacional.
El progreso es una conciliación de la humanidad. El porvenir será necesariamente de la democracia. Las instituciones republicanas del mundo americano se harán extensivas a los pueblos infortunados de Europa que aún conservan monarcas y aristocracias.
Prudencia toda la que sea conveniente, energÃa toda la indispensable.
La experiencia no ha demostrado que la oportunidad de ciertas medidas y la actividad en las operaciones dan siempre buenos resultados.
Me complace que haga usted justicia a mis intenciones porque, en efecto, éstas son siempre buenas y culpa no será de mi voluntad si alguna vez tengo la desgracia en no acertar en los medios de gobernar.
Nunca habrÃa razón para apelar a las armas cuando tienen lo pueblos el camino que les marca la ley.
Para el gobierno, tratándose del servicio público, no hay ni puede haber odios ni predilecciones personales de ningún genero.
Soy franco, me lisonjean mucho, muchÃsimo, esas demostraciones espontáneas de los pueblos en cuanto significan que están contentos con mi conducta. Por lo demás, creo sinceramente que nada he hecho que no fuera cumplir con mi deber hasta donde permitÃan las circunstancias.
Reconozco en cada ciudadano el derecho de tener ideas propias y emitirlas con entera independencia sin consideraciones de ningún género porque sólo asà serán practicables entre nosotros las sanas doctrinas democráticas que a costa de tanta sangre hemos logrado conquistar.
La historia de nuestro paÃs ha demostrado en todos los tiempos que no es esta la tierra en que puedan dar resultados las invasiones extranjeras.
El pueblo que ha defendido con su sangre nuestras libres instituciones ha impuesto a los poderes públicos el constante y sagrado deber de observar fielmente la Constitución y las leyes que afianzan los derechos y las garantÃas de los ciudadanos siendo una demanda segura de la paz y del progreso de la sociedad.
Un dÃa llegara en que sólo como recuerdo existan las preocupaciones absurdas del fanatismo y de la ignorancia.
Paz verdadera y libertad son las primeras bases para el engrandecimiento y prosperidad de la Republica.
Sólo los medios legales pueden dar un resultado satisfactorio y honroso. Las vÃas de hecho solo sirven para desnaturalizar la causa más justa y para sistematiza la anarquÃa.
No creo merecer los elogios que me prodigan. En realidad no he hecho otra cosa sino cumplir mis deberes de gobernante y de mexicano, haciendo todo lo posible para rechazar a los invasores de mi paÃs.
Tengo esperanzas de que los franceses bajo la forma de gobierno republicano que acaban de adoptar puedan reparar los males de toda especie que les causaron las locuras del imperio y deseo ardiente que el resultado de la guerra entre los reyes sea la conquista de la libertad para los pueblos.
Si aparta uno la vista de las escenas de matanza y devastación si logra uno alejar las angustias del presente para mirar y contemplar el futuro infinito dirá que el espantoso cataclismo que amenaza hundir a Francia es por el contrario la señal de su ascenso. Pues está volviendo a su gran vida polÃtica sin la cual una nación por mucho que valga en la literatura, la ciencia y el arte es sólo un rebaño humano encerrado en el cuartel o en la sacristÃa las dos guardas seculares del despotismo que mis amigos y yo hemos estado tratando de destruir en México.
La paz descansa en el sólido apoyo de la opinión general mantenerla es la mejor garantÃa de las instituciones libres y la base indispensable para todo progreso social.
























