Barack Obama ha calificado de “acto destructivo” la  intención de una congregación cristiana de Florida de quemar copias del Corán el próximo 11-S, con motivo del noveno aniversario de los atentados en Nueva York y Washington, como advertencia al extremismo islámico.

A sólo dos días del aniversario del 11-S, el mundo entero mira hacia una pequeña iglesia protestante del Estado de Florida en la que, si la presión internacional no lo impide, serán quemados los versos del Corán en señal de protesta por los atentados de 2001. Mientras, los mandatarios de países de todo el globo piden que se evite un acto que podría acarrear graves consecuencias.

Primero fueron los dos máximos responsables militares estadounidenses en Afganistán, que advirtieron desde Kabul del peligro que supondría para las tropas estadounidenses la quema del texto sagrado de los musulmanes. No se trata de advertencias sin fundamento: una protesta el pasado lunes en la capital reunió a cientos de personas que corearon “muerte a América” en señal de protesta contra el plan de la iglesia del Dove World Outreach Center.

La propia Casa Blanca expresó su preocupación por la quema colectiva propuesta por el pastor Terry Jones a través de su portavoz, Robert Gibbs, quien suscribió lo dicho por las fuerzas estadounidenses y, en concreto, por el general David Petraeus. Hillary Clinton, por su parte, calificó de “vergonzosa” la ceremonia incendiaria prevista.

A pesar de ello, Jones aseguró el pasado miércoles que no cederá a las “presiones” y seguirá adelante con sus planes. El autor del libro ‘Islam is of the Devil’ (El Islam es del Demonio), aseguró que su iniciativa “también ha recibido apoyos”. A sus ojos, el evento pretende “llamar la atención respecto a algo que está mal”.

“Es tiempo de ponernos en pie y enfrentar el terrorismo”, afirmó el pastor en una rueda de prensa. Sin embargo, mandatarios de todo el mundo no parecen opinar que este acto conmemorativo sea la mejor medida para frenar el terrorismo internacional.

Presión internacional

El miedo a un incremento de la violencia en una zona en guerra ha provocado la reacción de lideres políticos de todo el mundo. Hay antecedentes: unas caricaturas de Mahoma publicadas en el diario danés Jyllands-Posten ya provocaron altercados en 2006, que se saldaron con diez muertes. Algo similar ocurrió en enero, cuando un grupo de soldados afganos acbó con la vida de ocho manifestantes durante unos disturbios a raíz de una supuesta profanación del Corán.

Los jefes de los gobiernos de países como India e Indonesia han condenado la iniciativa, pidiendo a las autoridades norteamericanas que tomen medidas fuertes y a los medios de comunicación que no difundan las imágenes del acontecimiento. En Indonesia se registraron manifestaciones frente a la Embajada estadounidense en Yakarta.

La UE, por su parte, ha manifestado su total condena al acto: “Condenamos con fuerza cualquier intento de este tipo. La Alta Representante respeta todo tipo de creencias religiosas y este no es el camino adecuado para avanzar”, afirmó una portavoz de la Alta Representante de la Unión Europea para la Política Exterior, Catherine Asthon. Ban Ki-moon y el propio Vaticano también han condenado el acto.

Las protestas también vienen de parte de instituciones musulmanas. “Eso será una oportunidad para el terrorismo. ¿Quieren luchar contra el terrorismo o fomentarlo?”, opinó ayer el jeque Abdel el Moati el Bayumi, directivo de la importante institución religiosa suní Al Azhar. “Si el Gobierno no logra impedirlo, constituiría la última manifestación de terrorismo religioso y arruinaría las relaciones entre EE UU y el mundo musulmán. Esto aumentará el odio hacia Estados Unidos”.

El goteo de condenas promete extenderse a medida que sea cerque la fecha clave con la esperanza de evitar una clara provocación hacia el mundo musulman que promete provocar más odio. “Esperamos que el mundo aprecie que ésta es la acción de un grupo muy reducido y extremo que no representa las visiones de Estados Unidos o de el conjunto de los estadounidenses”, dijo el portavoz del Departamento de Estado.