ESCRITORIO DEL EDITORDISCURSO.

Al celebrar un aniversario más del cambio de nombre de Valladolid a Morelia, el regidor priísta señaló:

La historia es la lucha permanente de un pueblo por escribir su propio destino, que conlleva a buscar la satisfacción de sus necesidades elementales y promueve además el desarrollo de la sociedad.

La historia de una ciudad se construye cotidianamente por el quehacer de sus mujeres y sus hombres, que con sus actos y hechos, se han distinguido, por otorgarle honra y prestigio al lugar en que han nacido.
 
La historia de una ciudad se plasma en sus calles y jardines, plazas y edificios, parroquias y escuelas; pero además, una ciudad se identifica por sus tradiciones y costumbres, así como por su cultura.

El entrañable espacio michoacano en que vivimos y con el que sentimos compromiso para hacer de él, hogar de nuestra vivencia, Morelia, representa una fuente inagotable de gentes pensantes y actuantes, congruentes entre lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen.
 
Mucha de su gente, desde siempre, ha participado en la construcción de la patria, sobre todo en los episodios fundamentales de su historia: la Independencia, la Reforma y la Revolución.

Mucho es lo que se ha escrito para dejar constancia de ello: aquí surgió la inquietud de liberarnos del yugo de la monarquía española, por eso bien se afirma que Morelia es la cuna ideológica de la independencia nacional, hito histórico que festejamos en estas fechas.

Los historiadores registran el hecho de que en el antiguo Valle de Guayangareo, el Virrey don Antonio de Mendoza fundó la entonces Valladolid, en territorio protegido bondadosamente por la naturaleza a través de los cerros del Punhuato, del Quinceo y la loma de Santa María.
 
La fundación de Valladolid se realizó el 18 de mayo de 1541, conforme al acta de toma de posesión.

Se dice que en virtud de la orden del virrey para posesionarse, trazar y poblar la nueva ciudad, los comisionados se apearon de los caballos en que venían, pasearon por dicho campo y arrancando ramas y yerbas, hoyaron el sitio con sus pies: ordenaron que el terreno destinado a plaza, iglesia, casa de cabildo, audiencia, cárcel y carnicería, fuese limpiado por los naturales en señal de adquisición y posesión.

Hecho lo anterior se levantó el acta respectiva que fue firmada por el escribano, los testigos y los fundadores.
 
Transcurrió el tiempo y en la antigua Valladolid, corriendo el año de 1765, el día 30 de septiembre, a una mujer de pronto la sorprendieron los dolores del parto, por lo que entró a la casa más inmediata, -ubicada en el barrio de la parte posterior del Convento de San Agustín- y ahí dio a luz un niño, al que posteriormente pusieron por nombre José María Morelos y Pavón, que al paso del tiempo, sería el más grande de los soldados insurgentes de América.
 
Cualquiera de los hijos de esta tierra, cuyo cielo hoy nos cobija, conoce de sobra las acciones del alumno del Cura de Dolores en el Primitivo y Nacional Colegio de San Nicolás, su paso por curatos de pueblos y ciudades del entonces obispado de Michoacán, destacando la tierra caliente del Balsas, desde donde, al estallar el Grito de Dolores, se puso a las órdenes de Miguel Hidalgo y Costilla.
 
El genio militar de Morelos hace inflamar el pecho de los insurgentes deseosos de libertad e independencia desde la costa sureña de Acapulco.

Su visión de estadista al convocar al primer congreso constituyente, mejor conocido como el Congreso de Chilpancingo y en que dio lectura  al documento denominado “Sentimientos de la Nación” en septiembre de 1813, en el que declaraba la independencia total de la América Mexicana y establecía un gobierno popular representativo con división de poderes, prohibía la esclavitud y la división de la población por castas.

Conocemos además que por la persecución de los insurgentes, posterior a aquel congreso, impulsa la promulgación del Decreto Constitucional para la libertad de la América Mexicana, mejor conocida como la Constitución de Apatzingán en octubre de 1814.
 
No pretendo remontarme, como he dicho, a pasajes históricos del hijo más grande que haya parido esta ciudad: Morelos.

Hoy, deseo hacer énfasis en los hechos, de manera breve, en que se sustentó aquel doce de septiembre del 1828, nos congregamos para rememorar que hace ciento ochenta y dos años, nuestra ciudad trastocó su nombre de Valladolid para siempre, y adoptó el de Morelia, en reconocimiento a aquel genio militar de la Guerra de Independencia.
 
En el desarrollo de las labores parlamentarias del Congreso de Michoacán, la sesión del 23 de agosto de 1828, fue el marco para que un grupo de diputados presentara a la consideración de la cámara, un proyecto para modificar el nombre de la ciudad de Valladolid, cambiándolo por otro, pues, como decía la exposición de motivos del proyecto, debía quitarse de la memoria del pueblo el recuerdo de aquellos que lo oprimieron durante trescientos años.

Una propuesta pretendía que a Valladolid se la otorgara el nombre de Ciudad Morelos, pero este nombre fue muy discutido por los legisladores y no estuvieron conformes con ello.
 
Otra más que volviese a dársele el nombre de Guayangareo, que había tenido antes de la conquista, pero tampoco fue aceptada.   Más allá figuró el nombre de que se le llamara “Patria de Morelos”, para significar que en ese lugar había nacido el Héroe de Cuautla.
 
Después de un largo debate propuso el diputado Silva que se llamase “Morelia”, formando un derivado de Morelos, a semejanza de Bolivia para recordar a Simón Bolivar, o al mismo tiempo, estableciendo el vocablo último “ia” que significa “lugar de…”.

Finalmente, por mayoría, los diputados aprobaron el nombre de “Morelia” y el decreto se formalizó el día 12 de septiembre de 1828, conociéndose, desde entonces, a este lugar con ese nombre.
 
Así, la ciudad que denominó el Gran Morelos como “El Jardín de la Nueva España” cambió para siempre su nombre.
 
Con ello, entre sus barrios y plazas, entre casonas y jardines, para siempre también el nombre de esta ciudad se alza hasta las más grandes alturas para recordar las hazañas heroicas de quien se ha colocado como el gran campeón de la independencia nacional.

Sin embargo, el hecho de que los morelianos llevemos sobre nuestras espaldas el privilegio y el honor de tal apellido, no sólo conlleva a esas virtudes, sino también a grandes compromisos y responsabilidades.
 
Compromisos tales como el trabajar, desde la más modesta de nuestras funciones, a partir del hecho de que “la soberanía dimana del pueblo”, sin tener más límite que nuestras capacidades, para hacer de Morelia, precisamente el jardín con el que soñó Morelos.
 
En ese sentido, los morelianos de hoy -autoridades y la población-, aún tenemos una deuda por saldar con las presentes generaciones, para dar fiel cumplimiento al sueño de Morelos.
 
Los morelianos de hoy, debemos de refrendar nuestro pacto de unidad y de trabajo, para que más allá de ideologías políticas o de credos religiosos, vayamos al encuentro de puntos de coincidencia, que aún dentro de las divergencias, nos permitan hacer de Morelia, el pueblo que merecen y debemos de heredar a nuestros hijos.

Mi llamado de hoy, señoras y señores es para dejar atrás posiciones particulares o de grupo y que al interior de los órganos colegiados del cabildo y del congreso, sean las voces de la población las que se escuchen a través de sus genuinos representantes populares y no solo aquellas que trastocan la sana convivencia y la civilidad política.
 
Debemos de aquilatar aquellos preceptos de Morelos, plasmados en los Sentimientos de la Nación, respecto a trabajar en la unidad para “crear leyes que moderen la opulencia y la indigencia” y así pugnar por estadíos de una mayor justicia social.

Morelos llamó a su congreso a abolir la esclavitud y a evitar la división de la población por castas y tal parece que los mexicanos, los michoacanos y los morelianos de hoy, impulsamos procesos de un moderno esclavismo, al que sujetamos a aquellos que no piensan como nosotros, bajo el entendido de una democracia personal.
 
Que nunca más sean las divisiones, entre los hijos que habitamos esta tierra, por motivos políticos o religiosos, los que nos lleven a enfrentamientos estériles entre hermanos, y hago votos porque sean más bien, los nuevos enemigos de la sociedad michoacana y moreliana, los que nos hagan trabajar en la unidad por combatirlos y desterrarlos.

La introducción de mayores y mejores servicios municipales a la ciudad y a las comunidades, combatir los flagelos de la inseguridad, y el desempleo, por ejemplo, deben ser el objetivo de nuestro trabajo actual.
 
Al mismo tiempo de este llamado, reconozco el esfuerzo de las autoridades estatales y municipales de Morelia, porque juntos hemos venido encontrando esos puntos de coincidencia anteriores, más allá de diferencias partidarias.
Ese es ejemplo que el Gobierno de Michoacán y el Gobierno de Morelia, ofrecen al resto de los michoacanos, para superar rezagos, para superar metas y para lograr mejores condiciones de vida en beneficio de nuestros representados.
 
Considero que en esta misma medida, el Gobierno Federal también hace su parte, más aún si consideramos que también Morelia es la cuna del titular del Poder Ejecutivo Federal, el compromiso se avizora cada día mayor en beneficio de los michoacanos y los morelianos en particular.

Concluyo mi intervención recordando los versos del poeta Lucas Ortiz Benítez:

“Cuatro siglos te miran

llevar tres nombres de gloria:

Guayangareo por el indio,

Valladolid por Mendoza

y Morelia, por Morelos”,

tres tiempos de nuestra historia” …