ESCRITORIO DEL EDITOR.

He intentado siempre ser congruente y consecuente en las críticas que hago al sistema político mexicano.

En la actualidad, vivimos una situación profundamente adversa, que nos tiene inmersos a los mexicanos en la desesperanza, desilusión y más aún, sin el deseo de participar en asuntos públicos de nuestro país.

La política económica aplicada por el gobierno federal, con gran desenfado, ha dado lugar a una creciente legión de desempleados, y como resultado de esto se incrementa la necesidad constante de recursos materiales y económicos lo que impacta a los sectores más desprotegidos de nuestra sociedad.

Derivado de esa política económica errónea (sin intentar ser reduccionista), se han conformado otras dificultades de no menor importancia, como es la inseguridad, toda vez que los ciudadanos y la población en general, vivimos en zozobra constante que no nos permite luchar con tranquilidad por tener una mejor vida.

La depresión, la congoja y el miedo, son factores que han incidido día con día en nuestra gente. Y como no va a ser así, si no conocemos tan siquiera el fin o meta a que llegaremos en esta lucha del gobierno contra el crimen organizado, realidad que ha impactado de manera fuerte en población inocente.

Y no estamos en contra de esa lucha, pero sí de los procedimientos aplicados, en virtud de que no existe un programa estratégico para ese fin.

Es obvio pensar que la desilusión y desesperanza están hoy en el sentimiento de los mexicanos, porque desde hace diez años, cuando se dio la alternancia en la Presidencia de la República, se generaron grandes expectativa de cambio y desarrollo en el país.

La esperanza era innegable en ese tiempo, y miren que si conozco bien la situación, toda vez que mi participación política era precisamente en tal institución partidista. Sabíamos de la responsabilidad que tenía el PAN ante el país entero, y la gran oportunidad para un verdadero cambio se acercaba, desgraciadamente lo que hoy nos está abrazando a la mayoría es el sufrimiento.

Se conocía de las dificultades que vendrían, y la verdad de las cosas, el partido y sus actores políticos inmersos en la administración federal, no supieron y no lo entienden aún, cuál era su responsabilidad histórica y el compromiso de lograr una mejor calidad de vida para los mexicanos.

La falta de solidaridad y de corresponsabilidad de todos los partidos y sus dirigencias, no pueden negar que han puesto dificultad tras dificultad para que las metas que se ha propuesto el gobierno federal no se logren.
Lo que buscan es solo salir favorecidos en sus intenciones fundamentalmente electorales, y por supuesto, esa búsqueda incansable por el poder de los detractores del presidente, nos ha llevado a la deriva.

Es entendible que todos tenemos responsabilidad de la situación actual que vivimos. Y curiosamente, se nos olvida que México ha sido un país de altas y bajas en todos los sentidos, y que no hemos sabido comprender y por supuesto, atender esas vivencias históricas para solventar lo que hoy vivimos. Poco hemos aprendido del pasado.
No responsabilicemos a una sola instancia de gobierno, mucho menos a una persona. Seamos consecuentes y aceptemos cada uno de los mexicanos lo que hoy vivimos.

El reto no es fácil, por un lado las instancias legadas del PRI hegemónico de 70 años y por otro Una izquierda desmoronada y sin ideas precisas, conduciendo movimientos sociales anárquicos y reaccionando sistemáticamente al quehacer público.

Si no somos serios, críticos y más aun autocríticos, para entender cual es nuestro quehacer en la historia y participamos con lo aprendido, entonces dejemos que otros que tengan mejor intención realicen un buen trabajo por nuestro pueblo, y sobre todo, por la gente más pobre y marginada de México.

Aceptemos como hombres y mujeres de conciencia y razón, que todos podemos ser factor de cambio y no de destrucción. No carguemos culpas a nadie y busquemos la solidaridad y el compromiso de mejorar a nuestro pueblo.
Hoy en nuestra democracia “la responsabilidad política es de todos”.