No sorprende el triunfo republicano en las elecciones intermedias en Estados Unidos. La combinación de una situación económica difÃcil con un gobierno incapaz de generar apoyo popular creó un espacio para el crecimiento de un movimiento de base, conocido como Tea Party, que más que conservador en el sentido social, se trata de un movimiento tÃpico estadounidense que se remite al conservadurismo fiscal que caracterizó su origen. Ante esto, el presidente Obama no tendrá más vÃa libre para avanzar su agenda legislativa. Además, con la contienda por la presidencia en el horizonte, el margen de maniobra para su administración se verá reducido.
Este nuevo panorama coloca a México en una posición complicada para negociar los dos asuntos de mayor relevancia en la relación bilateral: migración y seguridad. En su visita a Washington en mayo de este año, el presidente Calderón se alineó con la agenda del Partido Demócrata en estos dos temas. Sin embargo, en muchas de las contiendas electorales ganadas por el Partido Republicano, se emplearon los argumentos esgrimidos en esa visita como razón por la cual elegir a candidatos más duros en temas de seguridad.
En el tema migratorio si bien es posible que los republicanos en el Congreso se vean forzados a proponer una reforma en el tema, puede que ésta no avance en el sentido que México desearÃa. Lo más probable es que aumente el otorgamiento de visas únicamente para personas de alta competencia técnica, y que se promueva una legalización limitada, pero que se modifiquen los términos de la legislación migratoria para privilegiar el crecimiento económico sobre la reunificación de familias. Esto tendrá un impacto negativo sobre los aspirantes mexicanos a emigrar o a legalizar su situación.
Al haberle apostado a la agenda del presidente Obama, la administración del presidente Calderón se encuentra ahora ante el enorme reto de buscar una estrategia que le permita avanzar los temas que considera importantes en un entorno adverso.
Mando Único de PolicÃa: el diablo está en los detalles
El Mando Único de PolicÃa es una idea teóricamente sólida en principio que, sin embargo, tiene dos problemas principales: busca resolver un problema que quizá ya no exista para cuando se ponga en práctica y, más importante aún, no está lo suficientemente desarrollada como para evaluarla, porque no hay un ejemplo exitoso de la aplicación del modelo en México y la propuesta no detalla cómo se podrÃan alcanzar los grandes objetivos que se traza.
El primer problema resulta inquietante. La iniciativa concibe una policÃa que pueda hacer frente a la amenaza actual del crimen organizado, pero su aplicación tardará cuando menos cinco años. A menos que se suponga que la situación de emergencia actual continuará durante la próxima década es difÃcil argumentar la necesidad de una transformación estructural del modelo como plantea la iniciativa de reforma constitucional aprobada por el Ejecutivo. Este horizonte temporal hace también difÃcil entender la oposición de los presidentes municipales: para cuando la iniciativa se apruebe y se aplique, ninguno de los presidentes municipales actuales estará en el puesto, de hecho, es probable que más de alguno se haya convertido ya en Gobernador o legislador. Ciertamente la iniciativa beneficia a los gobernadores futuros en detrimento de los ediles, pero resulta una torpeza posponer una transformación estructural por las consideraciones de corto plazo de funcionarios actuales.
El segundo problema es más importante. Nadie puede poner en duda que la incapacidad y corrupción de las policÃas municipales ha sido un obstáculo para consolidar niveles aceptables de seguridad pública en el paÃs. La idea de una policÃa de proximidad, cercana a la población, nunca ocurrió en México. En cambio, la policÃa municipal se convirtió en un instrumento de control polÃtico y extorsión que eventualmente llegó, en muchos municipios, a funcionar de manera prácticamente autónoma. En este contexto, la desaparición de las policÃas municipales abrirÃa la oportunidad de abatir la intimidación y la corrupción de autoridades municipales a manos del crimen organizado. El problema, sin embargo, es que no hay un modelo eficiente en México que sirva de ejemplo para lo que se pretenda hacer. Esto es, la PolicÃa Federal aún no está a la altura de las expectativas que se crearon, debilitada como está por escándalos de corrupción, extorsión y abuso de fuerza. Aunque los controles de confianza, el informe policial homologado y la homologación de jerarquÃas y sueldos son principios loables, la práctica en México dista mucho de ser un modelo a seguir y la iniciativa es notablemente parca en qué lecciones se han aprendido y cómo se planea corregir los errores del modelo. A los gobernadores actuales les gusta la idea del Mando Único, igual que al Ejecutivo Federal, pero el hecho es que aún no han ofrecido una ruta que permita suponer que sus sucesores tendrán mejores herramientas que ahora.
Semana PolÃtica CIDAC es una publicación semanal del Centro de Investigación para el Desarrollo A.C. www.cidac.org
























