“El desarrollo es el nuevo nombre de la paz.â€
Juan Pablo II
Desde Platón y Aristóteles los filósofos han discutido qué es la calidad de vida. Todo el mundo desea lograr una mejor calidad de vida, aunque pocas personas puedan definir con precisión el objetivo de su búsqueda. Si la clave de una buena calidad de vida fuera simplemente tener un buen ingreso, los gobiernos podrÃan concentrar sus esfuer¬zos en el crecimiento económico e ignorar qué necesita la gente para desarrollarse y la sociedad para lograr el bien público.
La realidad es muy distinta. En cualquier sociedad democrática, los gobiernos y los sistemas polÃticos que los incluyen son juzgados no sólo por la calidad de los resultados macroeconómicos, sino por su capacidad para inter¬pretar y responder a las demandas del electorado en los más diversos frentes, desde la seguridad nacional hasta el acceso a la justicia, y desde la provisión de servicios públicos hasta el funcionamiento de los hospitales y las escuelas.
Unas cuantas es¬tadÃsticas económicas y sociales básicas, y una cierta dosis de intuición para interpretar a la opinión pública y las acciones de los polÃticos son, por regla general, las principales fuentes de información en las que tienen que basarse los juicios y decisiones de los lÃde¬res de gobierno.
Sin desechar estas fuentes, también es posible acudir directamente a la opinión de los individuos para saber qué piensan sobre los aspectos más importantes de sus vidas, como su salud, su educación, sus empleos y sus viviendas, y cómo perciben los principales aspectos de las polÃticas públicas y del ambiente económico y social en el que viven. Con este fin, cada vez se utilizan más encuestas patrocinadas por organizaciones privadas o por los mismos gobiernos.
A principios del siglo XXI, la calidad de vida que posee el habitante promedio de América Latina está considerada entre las más bajas del mundo. Peor aún, en los últimos cuarenta años, en esta región se ha reportado una de las más modestas tasas de progreso en referencia a los indicadores de desarrollo humano de otras regiones. Este persistente rezago en los indicadores de progreso humano en América Latina ha estado permanentemente acompañado por la acentuada inequidad en la distribución de la riqueza –la más extrema del planeta. Situación que ha desembocado en el continuo avance de la pobreza y la exclusión social.
En este tenor, el jueves pasado conocimos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) el informe sobre Desarrollo Humano 2010 en el cual se mide el Ãndice de Desarrollo Humano (IDH) compuesto por tres dimensiones básicas del desarrollo: vida larga y saludable, acceso a educación y conocimientos y nivel de vida digno, además este año se incorporan tres nuevos indicadores: el Ãndice de Desarrollo Humano ajustado por la Desigualdad, el Ãndice de Desigualdad de Género y el Ãndice de Pobreza Multidimensional.
Para la ONU el desarrollo humano “comprende la creación de un entorno en el que las personas puedan desarrollar su máximo potencial y llevar adelante una vida productiva y creativa de acuerdo con sus necesidades e intereses. Por lo tanto, el desarrollo implica ampliar las oportunidades para que cada persona pueda vivir una vida que valoreâ€.
Por tratarse del vigésimo aniversario, se trata del informe más completo que se haya realizado viendo en retrospectiva el desarrollo humano en el mundo. En general podemos decir que hoy el mundo es un lugar bastante mejor que en 1990, o en 1970. Desde entonces, la población del planeta ha experimentado considerables avances en los aspectos más importantes de su vida.
Sin echar las campanas al vuelo, según el informe las personas hoy son más saludables, más educadas y tienen mejores ingresos que nunca antes en la historia, y tienen más capacidad para elegir a sus lÃderes y exigirles responsabilidad por sus actos. Desde 1990, el IDH mundial promedio ha aumentado 18% (y 41% desde 1970). Esto refleja el progreso obtenido en cuanto a esperanza de vida, matriculación escolar, alfabetización e ingresos. Este avance ha beneficiado a casi todos los paÃses. De 135 paÃses de la muestra de 1970 a 2010, donde vive el 92% de la población mundial, sólo en 3 –la República Democrática del Congo, Zambia y Zimbabwe– el IDH es menor hoy que en 1970.
Los paÃses mejor calificados y que encabezan la lista en el IDH fueron Noruega, Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos e Irlanda. Ningún paÃs latinoamericano está dentro de los primeros 40 lugares, el mejor ubicado fue Chile (45), luego Argentina (46), Uruguay (52), Panamá (54) y en el quinto puesto de la región México (56) por encima de Brasil (73) y Venezuela (75).
La calificación obtenida por México de 0.750 (la más alta posible serÃa 1) representa una discreta mejorÃa respecto al 0.745 obtenido en 2008 y 2009. Esto como resultado de una expectativa de vida al nacer de 76 años, a 8.6 años promedio de escolaridad y a una tasa de robo de 504 por 100 mil habitantes, poco halagadores aun cuando en 1980 la esperanza de vida llegaba solo a los 66 años y los años de escolaridad apenas alcanzaban los 4.
Si bien se ha avanzado significativamente en el mundo, el desarrollo humano sigue siendo un reto formidable y una responsabilidad de todos. No cabe duda que el trecho por recorrer es enorme en asuntos como la pobreza, la inseguridad y las desigualdades.
De esto hablaremos un poco más la próxima semana. Nada de que presumir, tristemente, en nuestro México, entre otras cosas por la corrupción y la impunidad –en otras palabras, la avaricia y la falta de rendición de cuentas- que prevalecen más allá de que hablemos del sector privado o del sector público, o de un u otro orden de gobierno, o trátese de este o aquel partido polÃtico.























