“El mejor derivado del petróleo es el poder“.
El petróleo es a la fecha el principal motor energético de las actividades económicas del mundo, de este recurso “no renovable“ se derivan más de dos mil productos, países poseedores como no poseedores dependen de este escaso recurso y dadas estas circunstancias es conocido como oro negro; aunque claro está, ello implica en el imaginario reducirlo a términos meramente comerciales.
El petróleo como recurso estratégico es mucho más que un agregado a los ingresos fiscales –claro, menuda cuestión- es al menos uno de los grandes elementos de poder nacional y trasnacional bajo el cual se mueven otros campos como el militar y el tecnológico y que además determina algunas de las relaciones diplomáticas entre países.
Uno de los eventos de mayor repercusión mundial y que posicionó al oro negro como un elemento de importancia geopolítica fue el “embargo petrolero” realizado por la OPEP en el año de 1973 a los países occidentales con motivo del apoyo a Israel durante la guerra del Yom Kipur, dicho acto provocó no sólo el alza de precios de los barriles sino también una recesión mundial a causa de la inflación y los altos costos de producción causados por la escases del energético.
Sin duda, este gesto marcaría un antes y un después respecto al petróleo dadas las implicaciones y consecuencias energéticas, económicas y diplomáticas. Con seguridad, podemos afirmar que después de 1973 la estabilidad económica y política internacional ha dependido de los precios de los barriles así como también que casi cualquier conflicto armado ha influido directamente en los precios del petróleo.
Como ejemplo de lo anterior, en la última década tenemos que la volatilidad de los precios ha estado sujeta entre otros tantos eventos a: las guerras de Estados Unidos con Afganistán e Irak, la primavera árabe, la tensión con Irán en el estrecho de Ormuz –por donde pasa el 40% del petróleo del mundo- o los múltiples atentados en medio oriente contra embajadas y sitios de distintos países.
Así también, es necesario señalar que la creciente demanda de potencias emergentes como Rusia, China e India ha modificado el escenario internacional de los precios y la reivindicación como recurso estratégico de cara al siglo XXI.
En los próximos años se espera una verdadera pugna entre países consumidores, es por ello que no es de extrañarse la creciente tensión en los conflictos limítrofes -marítimo e insular- entre Japón y Rusia, entre China y los países que pugnan alrededor del Mar Meridional o bien entre las naciones implicadas en el Mar Caspio, ya que como anteriormente hemos visto, gran parte de la economía actual –nos guste o no- sigue y seguirá dependiendo del petróleo.
Para ilustrarnos un poco acerca de la valía de dicho recurso finito –más allá de los inherentes frutos económicos- podemos citar al investigador argentino Edgardo González cuando afirma que Los EE.UU. para caracterizar un recurso natural estratégico no renovable (como el petróleo), tienen en cuenta cuatro factores fundamentales: que sea esencialmente de uso militar, que no tengan sustitutos adecuados disponibles, que no se produzcan o se produzca en cantidades insuficientes en EUA y que sea producidos por un número reducido de países amigos o de fácil acceso.
En este sentido, cabe resaltar que la medición tradicional del poder nacional usualmente había sido en términos militares o económicos pero ahora también se ha añadido a los recursos energéticos como condicionante de acción internacional (Ojeda, 2000), a este contexto no le son ajenas las expropiaciones de hidrocarburos en Argentina y de industria eléctrica en Bolivia, a modo de tener plena soberanía sobre su política energética e incluso cierta proyección regional/internacional.
Después de un muy breve repaso de la importancia del petróleo, respecto a México quedan algunas preguntas que son necesarias de cara a las reformas que vienen: en términos cualitativos ¿Qué tanto modifica la política energética propuesta en el presente sexenio nuestra capacidad nacional de maniobra en escenarios internacionales de crisis? Ante un escenario tan volátil ¿Conviene abrir a la inversión privada o arriesgarse a invertir para asegurar un control total sobre un activo estratégico? ¿Qué escenario conviene a México en términos de poder nacional? Puede que las preguntas resulten arcaicas para los defensores del libre mercado, pero es innegable que de cara al presente siglo no sólo se tiene que asegurar la sustentabilidad económica, si no cierto margen soberano de acción, vivimos en un mundo cambiante, en ocasiones caprichoso y por ello a una buena póliza de seguro no se renuncia ni se le comparte sino que se le administra mejor.
Publicado con autorización del Director de la Revista Gurú Político
Licenciado en Ciencias Políticas por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Diplomado en Organizaciones de la Sociedad Civil FLACSO-Argentina. Los trabajos se orientan al análisis y descripción de temas enfocados a los Recursos Naturales y el Medio Ambiente. Twitter: @H7GO
























