Según datos del Informe Mundial sobre las Drogas 2010 (ONU) se estima que en el mundo alrededor de 200 millones de personas consumieron en 2008 algún tipo de droga ilÃcita, siendo la más utilizada la marihuana (unos 150 millones de personas), seguida por anfetaminas, cocaÃna y opiáceos -léase heroÃna-. La prevalencia mundial de consumidores de marihuana, en el mundo, entre los 15 y 64 años de edad está entre el 3 y 4% de la población, llegando a ser en algunas regiones de OceanÃa hasta casi del 15%. Se calcula que de este número de consumidores a de un 10 a 15% se les puede considerar “problemáticos†por el daño que representan desde el punto de vista sanitario y social. De este último grupo solamente un 20% aproximadamente recibe manejo o tratamiento.
En 1948, hace ya más de 60 años, la Organización Mundial de la Salud llegó a la conclusión de que, potencialmente, fumar marihuana entrañaba efectos nocivos, tanto desde el punto de vista social como para la salud fÃsica y mental. Tal como lo comenta el Dr. Gutiérrez Rojas, de la Universidad de Navarra en su artÃculo “Efectos del cannabis sobre la salud mental en jóvenes consumidoresâ€, a pesar de esta y muchas otras evidencias vivimos dÃas en que grupos sociales, en búsqueda de mayores libertades, están dispuestos a tolerar casi cualquier expresión de la voluntad humana, simplemente bajo la premisa de respetar una aspiración personal, que en el caso que nos ocupa se trata de consentir -literalmente- “aspiraciones†o inhalaciones de una sustancia que pueden llegar a tener consecuencias claramente negativas para quien la consume asà como para quienes le rodean, afectando también, finalmente, a la sociedad en su conjunto.
La marihuana es producto de variedades de cáñamo: básicamente cannabis indica y la cannabis sativa. La concentración de su producto activo -tetrahidrocannabinol (THC)- puede ser muy variable, por ejemplo sabemos que la marihuana disponible actualmente es mucho, pero mucho más potente que la que se consumÃa ordinariamente en 1970. Inhalada, sus efectos comienzan a experimentarse en menos de media hora y se extienden 2 o 3 horas más. Esta sustancia actúa en el cerebro produciendo una sensación de euforia y bienestar, seguida de cierta sedación y relajación; suele haber disminución de la capacidad de concentración y de coordinación motora, asà como puede afectar la percepción visual y auditiva. En forma aguda al pasar su efecto se recupera el estado psÃquico normal sin dejar somnolencia. El THC se elimina lentamente del cuerpo y puede detectarse en orina todavÃa 2 o 3 semanas después de su uso.
Los efectos indeseables de la marihuana son variables y dependen de muchas circunstancias personales y culturales, por lo que no pueden generalizarse. A pesar de que para muchos su consumo puede resultar inocuo, para otros, en proporción no despreciable, puede acarrear consecuencias realmente funestas desde el punto de vista biológico, sicológico y social. A corto plazo estas consecuencias consisten en déficit de memoria, percepción distorsionada, dificultad para pensar y resolver problemas, incoordinación, aumento de la frecuencia cardiaca y ocasionalmente ansiedad y ataques de pánico.
Además de que el consumo de marihuana constituye una condición que favorece significativamente el experimentar con otras drogas (12 a 100 veces más de probabilidad), a largo plazo, el riesgo más grave es el llamado sÃndrome amotivacional, el cual consiste en un estado de aplanamiento afectivo e indiferencia a las condiciones personales y sociales. AsÃ, el sujeto que ha consumido por más de 6 meses marihuana puede llegar a carecer de iniciativa y ver afectado su rendimiento, ya sea escolar o laboral; puede caer en apatÃa, infantilismo, relajación del modo de vivir y pérdida de interés por cualquier compromiso, o sea, quebranto de aquellas motivaciones que nos impulsan a buscar una vida plena en lo personal y en los social.
Para muchos de nosotros, lo hasta aquà visto, que implica además dependencia, pérdida da la libertad y del sentido de solidaridad humana, es suficiente para no estar de acuerdo con la legalización de la producción y comercio de esta droga ni de otras. Si los que piensan diferente arguyen que otras drogas legales causan más daño, como el alcohol -lo cual es totalmente cierto- les rebatirÃa conminándolos más bien a impulsar y exigir polÃticas públicas que contengan las consecuencias de su consumo, en lugar de pretender liberar las que están prohibidas. Por cierto, considerando otros argumentos a favor de esto último, no parece haber pruebas de que la legalización de la marihuana vaya a disminuir significativamente la violencia, ni la que provoca la autoridad al combatir a los narcotraficantes ni la que ellos mismos originan al pelear entre sà o al arremeter contra ciudadanos o funcionarios, tal como suponen algunos. Curiosamente de los ex-presidentes latinoamericanos que recientemente se han manifestado por dicha legalización, ninguno impulsó tal medida cuando fue cabeza de gobierno, tal es el caso de nuestros coterráneos Ernesto Zedillo y Vicente Fox, de Henrique Cardoso de Brasil y del colombiano César Gaviria.
La legalización de la marihuana no va a inhibir las otras múltiples actividades de estos grupos delictivos, como es el tráfico de otras drogas (el contrabando de marihuana representa solo el 20% de sus ingresos por esta actividad, unos 1,500 millones de dólares al año); además está la piraterÃa, el secuestro, la extorsión, etc., lo cual seguirá, mientras pervivan, condicionando inseguridad y violencia. Por otro lado el problema más serio para el tráfico transnacional de drogas lo representan la cocaÃna y la heroÃna dado sus “elevados†costos y la “necesidad†de su importación, ya que en este sentido, aunque de mayor consumo, la marihuana es más barata y relativamente más simple de producir localmente. De hecho la tendencia mundial más significativa respecto a la marihuana es su fácil disposición debido al incremento de su producción en interiores, tanto en América del Norte como en Europa. Luego, la inestabilidad polÃtica y la violencia relacionada con el narcotráfico dependen poco de la marihuana y más, sobre todo, de la cocaÃna y de sus otras actividades. Esta inestabilidad polÃtica se da a consecuencia del poder que adquieren los traficantes para desafiar al Estado e imponer sus propias reglas a la sociedad, infiltrando los gobiernos o coludiéndose con ellos.
Para terminar comentamos que en USA, Arizona, el pasado 15 de noviembre, se convirtió en el 15° estado que admite legalmente el uso médico de la marihuana (tomada por vÃa oral para combatir algunos casos de nausea o de dolor y el sÃndrome consuntivo relacionado a SIDA). Trece dÃas antes, los electores de California rechazaron 57% vs 43% la llamada Propuesta 19 que pretendÃa equiparar el uso de esta droga al del tabaco y al del alcohol, es decir legalizar completamente su cultivo, comercio y consumo, situación no vista en ninguna parte del orbe. En Holanda, que despenalizó desde 1976 la posesión de hasta 5 gr para ara uso personal y que permite la propiedad individual de hasta 5 plantas, las autoridades reconocen que actuaalmente debe haber en su paÃs unas 40 mil plantaciones ilegales, es decir, incluso ahà sigue habiendo producción y comercio fuera de la ley.
























