Los grandes problemas de gobierno no son privativos de México, se presentan en todo el mundo pero se agravan en ciertos paÃses cuando los mandatarios no están capacitados o educados para ejercer el poder; o bien, cuando por un golpe de audacia, de “suerte†o por una broma del destino, de la noche a la mañana se encuentran investidos como supremas autoridades.
Es el caso de México y fue el particular de Sancho Panza, quien ha resulta de una broma, recordaran los lectores, llegó a ser gobernador de la Ãnsula de la Barataria.
Para poder gobernar, bien sabemos que Sancho tuvo que ser aconsejado por el ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, aceptando de buena manera las recomendaciones sugeridas o dictadas por el caballero de la triste figura.
El caso particular de Felipe, es contrario al del famoso escudero, mismo que por su obcecación parece no escuchar los gritos de millones de gente que le sugieren, que le mandan -recordemos que es el mandatario de la mitad de los mexicanos- cambiar radicalmente su ¿estrategia? debido al constante fracaso de la misma.
Supongo que el michoacano se pitorrea de las recomendaciones públicas y no acepta tampoco la de sus consejeros tal vez porque de plano éstos sean muy, pero muy…malos. Su conducta en mucho se parece a la de ciertos dictadores quienes empecinados en conquistar el mundo, como Hitler, debido a su gran derrota, terminan suicidándose a fin de no enfrentar las consecuencias de su negativa y funesta actitud. Â
Hasta el cansancio, repetidamente, mil voces escritas le han indicado a Felipe lo equivocado que está, de lo errado de sus medidas y de lo incierto del destino de México de continuar con la ruta emprendida. ¡Vaya!, el mismo INEGI le documenta en cifras la realidad nacional que vivimos y aun asà sigue como Sancho, montado en su burro.
Contrario al “hijo desobedienteâ€, Sancho Panza aceptó de buena manera las recomendaciones dadas por el enamorado de la dulcinea del Toboso, quien le alertaba a que dispusiera su corazón para escuchar y creer los consejos que lo encaminaran a seguro puerto de este mar proceloso. Y por eso pudo llevar a feliz término su corta gubernatura.
Entre las primeras recomendaciones, recibió la de temer a Dios, “porque en el temerle está la sabidurÃa, y siendo sabio no podrás errar en nada. Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difÃcil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte, como la rana que quiso igualarse con el buey; que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierraâ€.
“Haz gala, Sancho –continuaba el Quijote- de la humildad de tu linaje y no te desprecies de decir que vienes de labradores; porque, viendo que no te corres ninguno se pondrá a correrte; y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio.
“Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico. Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico, como por entre los sollozos e importunidades del pobre.Ç
Más consejas le recitaba el Hidalgo mismas que puso en la práctica en su gobierno: “Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oÃdos de sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros. Al que has de castigar con obras, no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones. Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción, considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y, en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstrate piadoso y clemente; porque aunque los tributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea, a nuestro ver, el de la misericordia que el de la justiciaâ€.
Sancho, sin saber el ABC de polÃtica y de gobierno tuvo la sensibilidad de saber escuchar y atender que entre lo más importante está el ser humilde virtuoso que pecador soberbio. Al pie de la letra, atendió los dictados que se le hicieron y ya como gobernador de la Ãnsula tuvo la oportunidad de impartir justicia adecuadamente como en el caso de la mujer que acusaba a un sujeto de haberla violado o el del viejo que habÃa prestado diez escudos de oro, sólo por hacerle placer a un amigo.
El gran Sancho Panza aceptaba de buen grado las recomendaciones de su amo, pero desafortunadamente Felipe, al no hace caso de nada, nos pone cada dÃa con el Jesús en la boca.
























