Hace 10 años las expectativas de cambio eran enormes. A sólo dos años de las próximas elecciones presidenciales, se constata que la alternancia encabezada por el Partido Acción Nacional (PAN) no logró desmantelar las estructuras que desde siempre caracterizaron el sistema político mexicano. Ante este escenario, el Presidente Calderón hace un recuento de los logros de su sexenio, dirige el discurso a una lógica electoral, y se asume como líder de campaña. Su mensaje central: que en las próximas elecciones presidenciales México se juega el regreso al pasado.

El problema con este discurso –si se piensa en culminar la administración exitosamente– es que ofende a sus contrapartes en la oposición. Aún restan dos años de sexenio para el presidente Calderón y es con el PRI, que en su discurso calificó de antiguo, autoritario, e irresponsable, con quien debe negociar para implementar cambios necesarios para mantener la gobernabilidad.

En la lógica electoral el discurso no es sostenible ni incluyente, falla al establecer una narrativa del presente creíble de la cual enorgullecerse –que sea atribuible al PAN– y remite a un pasado de excesos que una parte significativa del electorado –voto jóven– no comprende porque no vivió. Si bien es probable que en la disputa por la dirigencia nacional del partido gane un personaje cercano al Presidente Calderón, éste se verá ante el reto de elaborar un discurso creíble rumbo a las elecciones, mientras busca un equilibrio que le permita al próximo candidato a la Presidencia desmarcarse del discurso del actual Presidente.

Oaxaca: alternancia y expectativas

La alternancia en el poder es un indicador crucial –si bien no el único– en la transición hacia un Estado democrático, es por eso que la llegada al poder de Gabino Cué ha generado grandes expectativas. Esta derrota del PRI, no obstante, implicó esfuerzos desafiantes por parte de los grupos opositores. Evidencia de ello es que la alternancia sólo fue posible vía una coalición electoral PAN-PRD, dos partidos políticos antagónicos.

Paradójicamente, Gabino Cué fue parte de las filas del PRI durante muchos años. Sin embargo, su historial político ha jugado a su favor porque ha sido protagonista de la ruptura de la élite política en Oaxaca y promotor del cambio en esta entidad. Después de más de una década de buscar el poder, recorrer el estado y escuchar las demandas de los oaxaqueños, Cué se erigió como un candidato capaz de conciliar a diversos grupos de interés descontentos con la administración de Ulises Ruiz y del PRI, en general.

Sin embargo, llegar al poder a través de una coalición trae consigo retos y riesgos importantes. Cué deberá enfrentar presiones políticas desde todos los flancos. Por un lado, quienes lo respaldaron exigirán su retribución, pero las agendas políticas del PRD y PAN son difíciles de conciliar y ambas buscarán imponerse en las decisiones del gobierno. Por otro lado, Cué no cuenta con mayoría en el congreso local y, por lo tanto, deberá cohabitar y operar con una estructura político-administrativa aún priísta, la cual tendrá grandes incentivos para boicotear el funcionamiento de su gobierno. Ante este panorama, la pregunta en el aire es cuál será el costo en el que incurrirá el nuevo gobernador de Oaxaca para lograr la gobernabilidad de su estado.

Wikileaks: consecuencias

Las filtraciones de información recientemente presentadas por Wikileaks son un golpe a la imagen de los involucrados y particularmente al gobierno de Estados Unidos. Si bien el contenido de la mayoría de los cables entre embajadas estadounidenses y su Departamento de Estado no ofrece mayor novedad, su valor en la construcción de un escándalo está en hacer pública información destinada a ser privada.

Si bien el hecho es una afrenta para el gobierno estadounidense en todos los sentidos (contenido, fragilidad de la información y quebranto de la ley) las consecuencias previsibles parecen estar lejos de los objetivos que en el discurso se atribuye a las acciones de Wikileaks y sus seguidores (transparencia e información para los ciudadanos).

En el corto plazo se puede esperar un mayor control de la información y de búsqueda de nuevos canales de comunicación informal, es decir, menos información disponible. Por otro lado, si bien puede anticiparse mayor cuidado en el corto plazo entre quienes participan en intercambios de información u opinión con personal diplomático, lo cierto es que los intereses de ambas partes siguen intactos, al igual que su necesidad de influir –de un lado en la política local y del otro en la visión del gobierno estadounidense.