Armando Archundia ha realizado el mismo ritual durante más de 500 ocasiones como árbitro de la Primera División, pero lo de hoy en el estadio Tecnológico será distinto. Nunca más lo volverá a hacer.
Dos veces mundialista, el silbante mexiquense dirigirá esta tarde su partido número 15 correspondiente a una final del futbol mexicano. El Monterrey-Santos representará su adiós como juez profesional.
Tres ex árbitros consideran merecido que se vaya en el máximo cotejo de nuestra liga, por más que no se identifiquen con su estilo para dirigir.
“Armando Archundia es un árbitro que se ha convertido en una leyenda por el récord impresionante que tiene de haber sido el que más ha pitado en Copas del Mundo, compartiendo el honor con [Joël] Quiniou de Francia, y también tiene un gran palmarés en la cantidad de finales que ha pitado en el futbol mexicanoâ€, subraya Eduardo Brizio, ex silbante con gafete internacional. “Es un árbitro que empezó muy jovenâ€.
“Siendo niño, ya pitaba en los llanos, lo que le hizo sabérselas de todas, todas, aunque yo no comulgaba mucho con su forma de arbitrar, ya que no era un árbitro valiente, más bien era especulativo. Tiene una larga y fructÃfera carrera, la cual llega a su fin y le deseamos todo género de éxitos…â€.
Esa forma de conducirse fue clave para que se encumbrara en la élite del arbitraje mundial. Rompió paradigmas entre los silbantes mexicanos, por lo que Arturo Brizio considera que su legado no sólo son marcas difÃciles de superar: “Deja un estilo de arbitrar de forma conciliatoriaâ€.
“No me identifico con esa forma, pero no se trata de que todo el mundo entienda el arbitraje de la misma maneraâ€, complementa el mundialista en Estados Unidos 1994 y Francia 1998. “El único pero que, quizá, le pondrÃa a Armando en su carrera fue esa falta de compromiso reglamentario, pero de que fue un árbitro importante en este paÃs o de los más, ahà quedan sus números. Eso es lo que deja y ojalá que sea aprovechado por la Federación y la Comisión de Arbitraje para que ese legado se pueda traducir en enseñanzas para las nuevas generacionesâ€.
Felipe Ramos Rizo, representante del arbitraje mexicano en Corea del Sur-Japón 2002, coincide en que darle el cotejo definitivo entre Rayados y Guerreros es “muy merecido, porque le dedicó muchos años al arbitraje, la cual es una profesión de mucho sacrificio, sobre todo porque uno tiene que viajar, no estar con la familia, en la casaâ€, aunque su forma de arbitrar “no es mucho el estilo que a mà me gustaba. Él es de otro totalmente diferente, un poco menos comprometido con la regla, con el arbitraje, pero le sirvió para hacer lo que logróâ€.
Reconocimiento justo, aunque tal vez las formas no fueron las adecuadas. Los tres consideran que anunciar públicamente la decisión de otorgarle el último encuentro del Apertura 2010, antes del inicio de la fase final, no fue lo mejor para la competencia interna arbitral.
“Eso dio como resultado el bajo nivel que se vio en varios árbitros en la Liguilla, incluyendo a Marco Antonio RodrÃguez en la ida de la finalâ€, asegura Ramos Rizo, quien es respaldado por Eduardo Brizio: “El error fue hacerlo público. Yo no digo que no sea merecido que un árbitro de la categorÃa de Archundia se vaya con una final. Para empezar, creo que se debió haber ido en la Copa del Mundo. Le faltó inteligencia, madurez, para tomar esa decisiónâ€.

























