Sigue inmerso el PRD en un grave conflicto interno. El domingo pasado un grupo de dirigentes anunciaron un plan de acción que contempla primero, desconocer a Jesús Ortega como presidente nacional de este partido y después, expulsarlo de las filas perredistas, anunciaron también que tomarán el inmueble que sirve de sede central del CEN de este partido y promoverán “una toma de nota por la violación grave a los estatutos†ante el Instituto Federal Electoral, por el fenecimiento de la dirección polÃtica encabezada por Ortega.
     El nuevo rumbo que han tomado las cosas en el PRD, agravan aun mas su precaria  unidad, poniendo en grave riesgo la indispensable cohesión que se requiere para enfrentar a sus opositores en los futuros procesos electorales locales; y por supuesto en las elecciones presidenciales del 2012. El autodenominado G-8 son fieles seguidores de AMLO que comparten sus mismas posiciones, igualmente están en contra de las alianzas con el PAN, como también respaldarÃan a la senadora Yeidckol Polevnsky, como candidata a gobernadora en el estado de México, en contra de una eventual candidatura respaldada tanto por el PRD como por el PAN.
       No recuerdo que el PRD desde su nacimiento viviera una crisis tan grave como por la que atraviesa hoy en dÃa, ni siquiera cuando estuvo sometido a aquella feroz persecución y represión en el gobierno de Salinas de Gortari, es cierto que existieron diferendos, que habÃa posiciones distintas en cómo abordar los problemas internos, pero siempre el liderazgo de Cuauhtémoc Cárdenas  permitió que este partido se mantuviera unido y cohesionado, frente a un priismo autoritario y reacio a aceptar la alternancia en el poder. HabÃa si no un total, si cierta conformidad con la lÃnea polÃtica que establecÃan los órganos de dirección.
      Ahora se ve en este partido un grave proceso de descomposición, la relación entre sus dirigentes está ya muy deteriorada, de manera cotidiana unos y otros se descalifican, sus posiciones polÃticas parecen irreconciliables, lo cierto es que lo que está en juego es la candidatura presidencial, el G-8 quiere a López Obrador nuevamente en la contienda del 2012; y el bloque mayoritario que tiene el control del partido, prefiere al Jefe de gobierno de la capital, unos y otros saben que él que tiene el dominio de los órganos de decisión del PRD, tiene ya un paso adelante en la determinación de dicha candidatura, por ello los lÃderes que simpatizan con AMLO van con todo en contra de Ortega y sus aliados, quieren ya tener la dirigencia.
      La elección para gobernador del 2011 en el estado de México, adelantó la confrontación interna perredista, López Obrador de manera unilateral sin haber celebrado ningún proceso democrático, ya determinó que la senadora Polenvsky debe ser la candidata de las izquierdas en esa entidad, por otro lado la dirigencia nacional y Marcelo Ebrard, sostienen en que se celebre una alianza con el PAN, llevando como candidato a alguna personalidad que comparta posiciones polÃticas progresistas, argumentan que es indispensable derrotar desde ahora a un priismo que asegura volverá al poder presidencial. Ven éstos en Peña Nieto a un representante de las fuerzas más conservadoras del paÃs y que solo la alianza puede parar esa posibilidad.
       Como podemos ver la situación en el PRD parece que va de mal en peor, todo indica desde ahora el inminente rompimiento y fractura de este partido, como consecuencia de ello las izquierdas se presentarÃan con dos candidatos presidenciales, de esta manera está más que asegurado el regreso del PRI a Los Pinos. Si esto lo saben López Obrador y sus seguidores, como también el bloque que tiene el control partidista, ¿por qué no abren espacios de discusión y entendimiento que les permita arribar a acuerdos que fortalezcan y unifiquen a las izquierdas?, ¿Por qué no se dejan de lado los intereses personales o grupales para privilegiar los del partido y los del PaÃs?, si no se actúa con responsabilidad polÃtica seguirán al frente de los destinos de México las fuerzas más conservadoras; y no porque éstas sean capaces y eficientes en el ejercicio del poder público, si no porque las izquierdas siguen enfrascadas en sus históricas luchas estériles, posponiendo el verdadero interés de la nación.

























