Con motivo de la exitosísima presentación de la Revista impresa el día de hoy en las instalaciones de nuestra H. Institución, a continuación sirvo reproducir el artículo que mis amigos Consejeros Editoriales de la Revista, decidieron imprimir en las prometedoras hojas de esta edición:

¿Quién es un político? ¿Qué hace un político? ¿Cómo nace un político? Tres grandes preguntas.

No hay lugar a duda que todos sabemos a ciencia cierta quién es un político. Un amplio margen de la población mexicana tiene una idea despectiva respecto de los hombres y mujeres que ejercen un cargo público, ya electos democráticamente -algunos no tanto-, ya designados por un superior jerárquico, o bien, puestos por un golpe dictatorial -no tan frecuente en nuestro sistema mexicano-.

En el mismo sentido, un gran número de habitantes de este país sabe o se imagina qué hace un político. Hay quienes consideran que ser designado o electo para ejercer una función pública es todo un honor. Esto último debe tener un gran porcentaje de cierto. Puesto que representar a una población, ser el encargado de un sector productivo de la Nación o tener la responsabilidad de más de cien millones de mexicanos, es uno de los encargos más difíciles que se pueda tener.

Pongámonos a pensar en la eficacia con la que deben actuar todos los funcionarios públicos para el buen desarrollo de los temas relevantes de esta patria. Qué preparación queremos que tengan. Si preferimos a un gobernante corrupto pero astuto, inteligente y proactivo, o si por el contrario, queremos un político que siendo muy sincero y decente, resulte ser un inepto para llevar a cabo cualquier acto administrativo. No hay duda que ninguna figura pública o un sincero ciudadano quiera responder tan fácilmente esta pregunta. Vivamos de ineptos o de gente eficaz aunque indigna como nadie. ¿Por qué acostumbrarnos a un modelo o prototipo de político “ratero pero inteligente”, y por qué no empezar a encontrar aquel “inteligente/astuto y también honesto”? La terrible tragedia de no pensar en nuestro futuro.

Por otra parte, y centrando ya al tema en concreto, decía que la gente sabe quién es un político y a breves luces sabe qué hace un político; pero estoy muy seguro de que mucha gente no sabe cómo se hace o cómo es que nace un político. ¿Cómo llegó el Presidente a serlo? ¿Quién condujo al Gobernador al lugar en donde hoy se encuentra? ¿Cómo fue que el Diputado encontró en el ámbito legislativo la fórmula perfecta y única para cambiar México? ¿Quién llevó al Presidente Municipal de la mano hasta colocarlo en ese puesto? ¿Qué Senador recibió en forma de “pago” una curul?, por cierto trabajo personal o bien, por una labor que “sirvió a la Patria”.

Así, encuentro 5 formas actuales de acceder al poder. Desestimando en primer término las que a principios del siglo XVI sostuvo Nicolás de Maquiavelo en el tan leído libro “El Príncipe”, siendo éstas las siguientes: a) Por las armas y el talento personal; b) Por las armas ajenas; c) Por la suerte, fortuna y azar; d) Por la virtud (carisma y genialidad); e) Por crímenes y violencia; f) Por el consenso de los compatriotas.

No hay lugar a duda que las armas, la suerte, fortuna, crímenes y violencia, como formas de acceder al poder han excedido la realidad que hoy vive México, pues aunque en algún momento dado a lo largo de la historia hayan ocurrido hechos de tal naturaleza, en el siglo XXI se vive y respira otro tipo de revolución: la del intelecto. Sin embargo, no debemos dejar atrás la virtud y el consenso de los conciudadanos como una forma de ocupar un cargo por designación o por elección popular.

Así, según lo expuesto, son 5 formas en que los políticos se preparan para ocupar grandes o medianos puestos en la Administración Pública Federal o en la de cada Entidad Federativa, en el Congreso de la Unión o Legislaturas Locales, o bien, y cada vez más recurrente, en el Poder Judicial de la Federación. Ya no hay Juzgador que no sea político.

1) Juventud Propagandística. Entiéndase este inciso como la manera más sencilla y bohemia de ingresar a la política. Es esta etapa, la vida de un joven estudiante, no estudiante pero estudioso, universitario o preparatoriano, que decide unirse y apoyar a cierto partido u organismo gubernamental. Como lo dijo Felipe Calderón en su libro El hijo desobediente. Notas en campaña, él es parte de esta corriente, pues dedicó gran parte de su juventud a pintar bardas a mano, repartir volantes en mercados, tocar puertas, invitar a sus amigos a que se involucraran y cuidaran una casilla electoral.

2) Dando y dando. Clásica en muchos Estados de la República e incluso en el Senado de nuestro México. No tan digno de ser contado, es otra de las formas de acceder al poder político. De una forma fácil y sencilla, el haber realizado determinada labor a favor de la patria o de un partido político, resulta merecedor de la designación a un puesto público. En ocasiones dicha labor no es la más lícita posible ni es siempre “a favor de la patria”, pero al final del día el nombramiento no tiene marcha atrás.

3) De empresario y abogado voló a gran político. De las preferidas de la política mexicana, esta manera de inmiscuirse a las filas de un gobierno, de una legislatura o de un Tribunal ha sido recurrida últimamente por los integrantes de las mejores esferas. Resulta que esta opción tiene un poco más de mérito que la del numeral 2 del presente ensayo, pues implica una labor desenfrenada en cierta área de interés nacional. El acercamiento con el gobierno para estas profesiones -englobando la palabra “empresario” a muchas otras carreras- es invariablemente indispensable, y cuando llega la oportunidad de saltar (con las relaciones públicas muy bien establecidas) nadie desaprovecha esa gran ventaja. Lo único bueno de la situación, es que la especialización en alguna materia beneficia al desarrollo político de cada puesto.

4) Fieles a una falda. Los llamados “falderos” -no por ser un término despectivo sino de lealtad incondicionada- tienen por virtud estar siempre a los lados de un político muy importante que al momento de ser éste designado para algún importante puesto, decide “jalar” a todos sus fieles seguidores por años y años.

5) En familia con… Este último apartado requiere en muchos de los casos, el menor de los esfuerzos. Basta la suerte genética y divina para caer en una familia de alcurnia política. Cuando eso pasa, los niños prodigio son preparados para ser nombrados cuando sus parientes más cercanos se encuentren muy cerca de la Silla del Águila, del Candelabro de San Lázaro o de la Máxima Tribuna. Sin duda, una gran forma de acceder al poder si se sabe aprovechar el cargo y si se sabe evitar el TV Notas.

Cuando menos se espera, cada uno de los lectores de este artículo e interesados en la política, comenzarán a encuadrarse en alguno de estas 5 formas de acceso gubernativo, en un plazo cercano o en uno muy lejano. Como puede iniciarse vida política a los 15 años, también se puede lograr a los 50 años o más. No hay edad para hacer político ni forma ideal para entrar a ese mundo tan raro; siempre y cuando se busque el mayor beneficio para nuestro país, que por tantos bandidos y pillos ha pasado.

Consejero Editorial Revista Pandecta, Escuela Libre de Derecho. @CarlosGuerreroO [email protected]