REPERCUSIONES.

Las manecillas de los relojes siguen marcando inexorablemente la medida del tiempo y éstos nos indican la casi terminación del año 2010, año trágico que se acumula a los de los últimos dos sexenios y que han sido para nuestro país y para la mayoría de los mexicanos de franco retroceso pues pocos, muy pocos, son los que siguen disfrutando de las mieles de la abundancia mal distribuida.

Hoy los principios más puros que han normado a nuestra República en los mejores tiempos de la misma, han sido reemplazados, han quedado relegados por quienes nos gobiernan dejando la rectoría económica  y el rumbo de la nave a los detentores del gran capital.

Así, de esta forma el año próximo no representa ninguna esperanza para los muchos, por lo que no es nada fácil escribir o expresar palabras esperanzadoras y de aliento.  Por eso, ¿cómo podemos solidarizarnos con los “buenos deseos” expresados Felipe  Calderón o el de los clérigos y obispos cuando éstos últimos hacen el llamado a los miembros del crimen organizado a deponer armas y dejar el camino de las sombras, cuando son ellos sólo una parte de quienes intervienen en una guerra inexistente para la oficialidad?, ¿cómo podemos creer en las palabras o expresiones de un Sandoval Iñiguez, de un Roberto Rivera, cuando a la tregua ofrecida por dos ocasiones por el crimen organizado como única respuesta oficial es el silencio y el gobierno no ha sido capaz de responder a la propuesta pública expresada precisamente a la contra parte de la inexistente guerra, misma que es dirigida empeñosa, inútilmente y en forma por demás lamentable por el Ejecutivo Federal? 

Para corregir eficientemente cualquier problema y  más uno de ésta índole, se tiene que profundizar en la causa que genera el efecto y no dedicarse a eliminar las consecuencia solamente de lo que por ineptitud, mala dirección, desarrollo inequitativo, robo, corrupción, degradación política, desvío de principios, fraudes electorales, importamadrísmo oficial durante muchos años, etc., se ha generado.

Buenas, desde luego, pero inútiles, son las plegarias de los clérigos y obispos, y muy respetable, en lo particular,  quienes por su conducta se han hecho merecedores del respeto  de la sociedad, como lo es la de un Raúl Vera, Obispo de Saltillo, hablando sobre la muerte de Marisela Escobedo, misma víctima de la no aplicación de la Justicia que ella exigía denodadamente. Por otra parte, Sandoval Iñiguez, Onésimo Cepeda, el propio Rivera, han dado pruebas suficientes de su poca solidaridad social, del poco respeto a los principios y de su preferencia por la acumulación de grandes fortunas.
Remotamente, dándole el beneficio de la duda al gobierno federal, éste pudiera ganar la inexistente guerra, pero ¿cuál sería el precio a pagar? El gasto actual ejercido, o quemado,  hasta el momento, es de miles de millones de dólares  que, utilizados de diferente manera, los resultados serían la base verdaderamente de la solución integral a la falta de educación, pobreza y desarrollo. Se ha gastado tanto como lo del famoso  FOBAPROA y como éste, lo que ha generado es la multiplicación del problema. Pero en fin, el hubiera no existe y sólo observamos los estragos nacionales por efecto de la errónea conducción del país durante ya muchos años.

Por lo anterior, la única plegaria que nos queda, dado que el crimen organizado ha ex-tendido la bandera blanca en dos ocasiones, es la de insistir hasta el cansancio en anali-zar o documentar lo que el  enorme comercio de las drogas le genera a los grandes fabri-cantes de armas, a los grandes empresarios mismos que si hubiese una investigación económica profundo del origen de sus fortunas daría al gobierno bases firmes para con-trolar el flujo hasta ahora evasivo, de los ríos de dólares que han pasado y siguen via-jando en todo el territorio nacional por este comercio.

Y mientras todo esto sucede, como corolario a la desadministración ejercida, el mísero salario diario sigue alcanzando para menos lo que nos asegura que el año que está por iniciar, será peor que el que fenece… ¡desgraciadamente!