Antonio Soto

El lunes 20 de diciembre Joaquín López Doriga, en uno de los noticieros de Televisa, informaba de la liberación de Diego Fernández de Cevallos, después de que por más de siete meses, este controvertido abogado y político fuera secuestrado por alguno de tantos de los grupos criminales que tienen asolado al país. Los días posteriores a su secuestro, los noticieros televisivos avisaban a sus auditorios, que para no poner en riesgo la vida del ex candidato presidencial, dejarían de informar sobre la evolución que tuviera el caso.

        No recuerdo que en algún otro hecho similar, los medios electrónicos hubieran justificado su silencio, para salvaguardar la vida de quienes sufrieron actos de esta misma naturaleza. Es probable que desde el mismo poder presidencial se haya hecho una solicitud de tal alcance. Los medios siempre buscan las noticias más escandalosas para asegurar un mayor rating entre la población, este caso era altamente rentable desde el punto de vista noticioso, por lo que de manera inexplicable, decidieron estos en aras de “proteger la vida” de una persona, no hablar del asunto hasta que este tuviera un desenlace, el que hubiese sido.

        La prensa escrita publicó lo poco que supimos del secuestro del jefe Diego; ¿Que si el rescate solicitado por sus captores era de 20 o de 30 millones de dólares?; ¿Que si la sangre encontrada en el vehículo que este conducía solitariamente en aquella ya muy entrada noche de la fecha de su secuestro era efectivamente de él?; ¿Que si la carta que éste envió a Diego su hijo, correspondía a su letra o era la de sus captores o de cualquier otra persona?; ¿Que si el ex senador Diego poseía esa millonaria suma para pagar su rescate?. Incluso por esas fechas hubo la insinuación de algunos miembros de su partido, que podría el mismo gobierno pagar con recursos fiscales el rescate de tal personaje; se especuló también del posible montaje de la foto donde el secuestrado aparecía con la revista  “Proceso” entre sus manos; en fin, eran muchas las interrogantes y muy poca la información que se daba a conocer a través de la prensa escrita.                       

         No fue sino hasta que la semana  pasada, apareció en todos los medios tanto electrónicos  como escritos, un Diego Fernández sonriente, feliz y con un muy buen semblante, conduciendo  un costosísimo mercedes Benz de modelo reciente; con la clara intención de declarar ante los medios de comunicación, de la “amarga y dolorosa experiencia” que tuvo que  vivir, durante el cautiverio al que estuvo sometido por sus secuestradores.

          A todo mundo llamó mucho la atención, de como un recién liberado no tuviera ninguna marca o señal de debilidad física. Al señor Diego no se le veía un rostro demacrado, ni con ningún signo de haber sido sometido a algun tipo de vejación o de tortura, ni física, como tampoco psicológica, incluso parecía que acababa de salir de una estética, de un spa. Su pelo estaba perfectamente bien cortado,  su crecida y bien cuidada barba, se asemejaba en mucho a la del famosísimo Santa Claus que en las épocas navideñas es esperado con ansias por millones de niños en el mundo.

                    A Diego le dio tiempo suficiente para comprarle un ramo de flores rojas a su señora, como el mismo lo dijo públicamente, posó para las cámaras de televisión y para los fotógrafos de toda la prensa nacional, ante los ojos de millones de personas le dio un gran beso a su amada, aquella a la que no hace muchos años le construyó su carretera del amor, aquel beso fue como los que solamente vemos en las telenovelas mexicanas. Su señora la que por cierto no parecía muy compungida, mucho menos con lagrimas en los ojos, tenía la sonrisa de  una  felicidad que solo es posible  con la reciente liberación de su amado el gran Diego, hombre de éxitos y de innumerables triunfos,  que lo hacen único en este país.

           ¿Será posible que el PAN esté tan escaso y raquítico de cuadros y liderazgos políticos para la candidatura presidencial del 2012, como para montar un teatro de estas dimensiones?; ¿será posible que las televisoras se presten a llevar una farsa de esta naturaleza a tal magnitud?; ¿Será posible que el propio Diego Fernández de Cevallos sea tan cínico como para prestarse a tal show mediático? Es cierto que la política en México es para millones de personas un teatro y una farsa con altos costos económicos. Pero ¿Será posible que el gobierno, su partido y parte de los poderes facticos pretendan  seguir engañando a la población con estos montajes novelescos?, ¿Acaso piensan que no sabemos sus intenciones y nos creemos sus cuentos?, pobres gobernantes, no se dan cuenta del daño que le hacen a la política y al país.

[email protected]            Â