La inacabada transición democrática en nuestro paÃs obliga a pensar y diseñar nuevos mecanismos de gobernabilidad y fortalecer a las instituciones del Estado para que cumplan cabalmente con sus funciones que le dan el equilibrio a nuestro sistema polÃtico mexicano.
El Poder Legislativo y en especial la Cámara de Diputados, ha sido objeto directo del deterioro del Presidencialismo ultranza de los últimos decenios. Los desacuerdos entre las fuerzas polÃticas diferentes al partido polÃtico que gobierna, pero que gozan con mayorÃa en el Congreso han sido magnificados por los medios de comunicación y por estrategias de descredito por parte del titular del Ejecutivo en turno, posicionando al órgano legislativo como el principal obstáculo para el avance de proyectos sexenales.
De acuerdo con estudios recientes se indica que los diputados cuentan con uno de los periodos de elección más cortos de América latina y del mundo, lo cual crea una fuerte asimetrÃa entre el poder de negociación de los legisladores y del presidente que goza del doble de tiempo para generar las oportunidades de negoción polÃtica.
En el periodo de tres años,- refiere la investigación- los diputados no logran una oportuna especialización en las diferentes áreas de la legislación y mucho menos en las áreas de su competencia debilitando la capacidad del Congreso para hacer propuestas de cambio en áreas técnicamente complejas e impide un control adecuado sobre las iniciativas de ley presentadas por el Poder Ejecutivo.
Los presidentes de las comisiones legislativas y el cuerpo de asesores que las componen, no forman parte de una estructura solida profesional atemporal, y no es que carezcan de las habilidades técnicas o de especialización que se requiere, sino simplemente cuando toman el control polÃtico y de negociación de sus áreas para la construcción de la legislación oportuna, el tiempo de la legislatura se ha agotado.
Ante esta problematización, sin duda, los partidos polÃticos han presentado sendas iniciativas de reformas constitucionales para darle rumbo al robustecimiento de los cuerpos legislativos, empero están entrampados por la lucha de intereses que los motivan y por los periodos tan cortos para el análisis de todas la agendas legislativas. Hay quienes proponen esquemas de re- funcionalización del sistema presidencial y varios otros, que ya incluso piensan en avanzar a esquemas de semi-presidencialismo o semi-parlamentarismo.
Es bien sabido que cada grupo polÃtico representado tanto en la Cámara de Diputados como la de Senadores cuentan con amplias y ambiciosas reformas legislativas pero van acompañadas de otras más que lo hacen aún más complicadas. Si bien es cierto, la llamada reforma del Estado debe ir robustecida de muchas más reformas legislativas que den viabilidad al sistema polÃtico, empero también esta construcción genera que el camino al fortalecimiento del Legislativo sea aún más lento.
No obstante ante el escenario que se antoja de largo aliento, existen caminos que pudieran ser piezas importantes para lograr ese objetivo de enriquecer las atribuciones constitucionales de la Cámara de Diputados y es a través del fortalecimiento y consolidación de los Centros de Estudio Legislativo con los que ya cuenta.
Dichos centros han sido creados para que de manera apartidista enriquezcan el trabajo parlamentario, que de conseguir su pronta consolidación, con fuertes mecanismos de profesionalización, con excelentes cuerpos de investigadores seleccionados por sistemas de servicio de carrera seguramente se enfilarán a ser detonadores de las respuestas legislativas que se den a las demandas y expectativas de la sociedad mexicana.
Licenciado en Relaciones Internacionales y analista de temas relacionados con estrategias de comunicación e imagen pública. Actual Director de Difusión y Vinculación del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la H. Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.
























