A fines del periodo presidencial de Vicente Fox Quesada, quien rechazaba las políticas populistas de Andrés Manuel López Obrador, entonces jefe del Distrito 

Federal, implementó una acción populista, la creación del Seguro Popular, un servicio de salud que hipotéticamente beneficiaría a los millones de mexicanos que por diversas razones no estaban afiliados al IMSS, al ISSSTE, o a cualquier otra institución de salud.

En este sexenio, Felipe Calderón ha presumido en los diferentes medios de comunicación, especialmente durante la pasada contienda electoral, que cerca de cuarenta millones de paisanos gozan de este servicio y sin costo alguno para su precaria economía.

Los políticos y gobernantes, que son los mismo, cuando menos en su gran capacidad de mentir sin sonrojarse, emiten declaraciones buscando aumentar su popularidad.

Son tan cínicos que sin importarles nada el que sean mentiras absolutas y se las restrieguen en la cara, siguen sosteniéndolas y de alguna manera, pagando con el dinero de sus gobernados para que las publiciten hasta el hartazgo, esperando que por arte de magia se conviertan en verdades.

Me refiero a que dichas mentiras, como es el caso del Seguro Popular, no resisten el menor análisis y que este les confiriera un mínimo de credibilidad.

El Instituto Mexicano del Seguro Social, creado en febrero de 1943 por decreto presidencial de Manuel Ávila Camacho como una institución gubernamental tripartita, estado, patrones y trabajadores, dedicada a brindar servicios de salud y seguridad social a trabajadores afiliados, que por muchos años ha sido considerado como la más grande en Latinoamérica.

Por muchos años también, el IMSS gozó de gran prestigio, pues los mejores médicos, químicos, laboratoristas, cirujanos y con otras especialidades residentes o nativos de los lugares en donde se instalaron clínicas u hospitales, trabajaban ahí.

Además que en sus inicios, quizá por la poca cantidad de pacientes que atendían, tanto el personal administrativo como enfermeras o médicos, brindaban una atención de excelencia, independientemente de que los gobiernos de México, constantemente construían edificios de diferentes dimensiones, ampliando la infraestructura para la atención a la salud, así como Centros de Bienestar Familiar, que eran construidos a un lado o cercanos a ellos.

Posiblemente, el aumento de la población y enfermos, provocó la deshumanización de su personal en sus diferentes categorías y niveles, aunada a la corrupción oficial, que dejó de atender al instituto, tanto en la ampliación de la infraestructura hospitalaria, como en el suministro de los medicamentos que los pacientes requieren, eso sin contar con la corrupción sindical, que están acabando con dicho instituto.

Según datos recientes, el IMSS atiende a poco más de catorce millones de afiliados, con las múltiples deficiencias, tanto en atención medica con en el suministro de medicinas, que muchas veces los pacientes tienen que comprar por fuera.

Con estos pocos, pero fríos datos, ¿Cómo es posible creer a Felipe Calderón que el Seguro Popular es la octava maravilla del mundo, si el IMSS, a 67 años de su creación y de la inversión de millones de pesos que si valían, en clínicas y hospitales, de la enorme cantidad de personal médico, administrativo, de intendencia, etc., sea superado por el fraude nacional que resulta ser el Seguro Popular, que no tiene instalaciones ni personal especializado propio, exceptuando a los que registran a los perjudiciarios, no beneficiarios.

¿Qué decir en cuanto al suministro de medicamentos o a la atención en laboratorios?, instalaciones con las que tampoco cuenta, pues son propiedad de otros centros hospitalarios, por lo que resulta todo un viacrucis hacerse un análisis, sobretodo en esta temporada invernal, pues hay que acudir desde las cuatro de la mañana y permanecer a la intemperie para lograr ser atendido y después de cuando menos seis horas de hacer largas líneas o colas.

Conozco a varios pacientes de diabetes que a principios de diciembre, su médico les recetó entre otros medicamentos, insulina y todavía es fecha en que no se les surte, pues no hay en ninguno de los lugares a donde acuden para que se la suministren.

Estoy enterado que esta situación de falta de medicamentos es a nivel nacional. Entonces. ¿De qué presume o por que miente tan cínicamente Felipe Calderón?

Ciudad Juárez, Chihuahua. Diciembre 27 del 2010. José Luis Elías García.