ESCRITORIO DEL EDITOR.

Si no puedes cambiarte a ti mismo, qué estúpido es que digas que vas
a cambiar al mundo; que acabarás con la pobreza; que acabarás con la corrupción; que acabarás con la impunidad; que acabarás con la delincuencia.

Cuántos lo han venido diciendo, y lo siguen diciendo. Lo dijeron los capitalistas y, ya ves, están en los estertores; se están destruyendo a sí mismos, tanto que a raíz de la apabullante crisis estallada en el 2008, causada por la total irresponsabilidad, ligereza, lujuria de los banqueros de Wall Street, principalmente, tuvieron que recurrir a las fórmulas de la “ciencia” económica satanizadas por los niños de Chicago, y los apátridas del Fondo Monetario Internacional.

Lo dijeron los comunistas y, ya ves, nunca pudieron luego de siete décadas de intentar acabar con los pobres, exigiendo de cada quien según su capacidad y dándole según su necesidad. Tuvieron que volver a las trasnochadas, fracasadas fórmulas del capitalismo y, mira, ahora dónde están: en la olla, peleándose por una porción del “mercado”. Lo dijeron los cristianos de todas las denominaciones; lo dijeron los budistas, los jaimistas, los musulmanes, los judaicos. No ha cambiado nada en el mundo.

Y es que los políticos nunca podrán cambiar al mundo, porque ser político, generalmente – hay honrosas excepciones – es sinónimo de ser corrupto, o ligero, o “iluminado”. Andrés Manuel López Obrador, en México, por ejemplo, líder de una buena porción de la izquierda mexicana, no abandona el discurso priísta de viejo cuño; solemne, pesado, formalista, rígido. Qué hizo cuando fue gobernador del Distrito Federal. De veras, qué hizo: ¿cambió la sociedad distritofederalense debido a sus acciones de gobierno? En lo más mínimo.

Y antes, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. ¿Logró cambiar la situación contradictoria que se vive en el Distrito Federal, en donde se ven los zanjones más groseros entre la miseria y la opulencia? Seamos honestos.

La única preocupación del heredero de la gloria del general Lázaro Cárdenas del Río (también merece un capítulo aparte…) fue la candidatura a la presidencia de la república y sólo estuvo de gobernador tres años. Y lo mismo puede decirse de Marcelo Ebrard Cassaubón, priísta, salinista, vestido de uniforme amarillento, que ha sacado las uñas en el caso de “La Malinche”, argumentando que las expropiaciones fueron pagadas con creces a los vecinos expropiados.

(Habría qué escucharlos a éstos), aunque eso no le exime de responsabilidad en la toma de la zona para construir, utilizó la vía rápida de la represión: o el “diálogo” con los vecinos de la colonia Narvarte, molestísimos con el Metrobús. Quién no se opone y está molesto con la construcción del Metrobús a lo largo de las avenidas Bucareli y Cuauhtémoc, cuando éstas eran las únicas vías rápidas de que podía gozar el maltratado ciudadano del Distrito Federal. Y ya no hablemos de entelequias izquierdosas como el llamado Partido de la Revolución Democrática, que de revolucionario y demócrata tiene lo que yo de musulmán o de cristiano de misa y hoya. ¿Y los panistas? Qué hicieron. Lo único que lograron, en dos sexenios, fue ahondar las diferencias; privilegiar al capital sobre la fuerza de trabajo; distanciarse de América Latina y del mundo “democrático”, y hacer alianzas con los gobiernos de la derecha.

No se necesita ser muy imaginativo para imaginar lo que nos espera de este dos de enero a julio de 2012, cuando serán las elecciones federales. Los actores por el momento están comenzando a definirse. La inauguración del proceso electoral en el estado de México (estado con minúscula porque estado de México no es un nombre propio, si de da cuenta. No existe, gramaticalmente el “Estado de México”; es una entelequia.) es el inicio de toda una etapa de mediatismo, de guerra sucia, de politiquería. Enrique Peña Nieto, gobernador de esa entidad federada, vecina y concubina del Distrito Federal, dicen todos los que “saben”, no tiene contrincante en el seno del Partido Revolucionario Institucional (PRI), cuyos dirigentes están seguros de que regresarán a la residencia oficial de Los Pinos, porque el PAN ya no da para más. Por el PAN, el partido del presidente Felipe Calderón, por el momento no hay una figura digna de candidatura presidencial. Quienes le han dado al “secuestradito” Diego Fernández de Cevallos posibilidades sólo están especulando a lo tonto. El propio dirigente albiceleste, Gustavo Madero (heredero de Pablo Emilio Madero, dueño de Vidriera Monterrey), los desmintió, cuando recientemente declaró que no iba por las barbas de “El Jefe” ninguna posibilidad de ser candidato. Por el PRD, todo indica que la candidatura del gobernador del Distrito Federal entró en una zona de turbulencias; la ciudadanía de esta capital federal está molesta, indignada, por las actitudes de Ebrard Cassaubón y la corrupción de la policía, que más bien parece el “cártel de Ebrard” y es más peligrosa que “Los Zetas” o “La Familia”, porque actúa en la más completa impunidad y es tan corrupta como los “Tonton Macoutes” de “Papa Doc” o “Baby Doc” en Haití. Queda Andrés Manuel López Obrador con su discurso priísta. Así que, para los “demócratas”, no hay árbol pa’donde arrimarse…

Reportero de Excélsior, renunció junto a Julio Scherer para fundar el Semanario Proceso. Ha colaborado también en El Financiero, en El Universal. analisisafondo.blogspot.com [email protected]