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Repasando diversos  medios informativos aún es posible encontrar, en pleno siglo XXI, algunas estructuras,  políticas o educativas, que, desafiando la razón persisten en otorgar  validez a un par de entelequias; me refiero al marxismo y al psicoanálisis. Incluso en Morelia recientemente se promocionó por algunos despistados un congreso sobre  la “vigencia” del pensamiento de Marx.

Aparentemente el marxismo y el psicoanálisis no tienen relación entre sí, pero basta un pequeño escrutinio para encontrar grandes coincidencias. De inicio vemos que ambas doctrinas comparten los mismos principios operacionales; son teorías omniexplicativas e irrefutables. Sólo que para la metodología científica, una teoría que explica absolutamente todo y que no presenta la posibilidad de ser refutada, no es una teoría científica, sino un dogma religioso.

  El psicoanálisis supuestamente puede explicar todo, lo mismo por qué se hace un gesto que por qué deja de hacerse, por qué una persona es tímida unas veces y agresiva otras. Nada escapa a su capacidad explicativa ni siquiera la negativa a aceptar esa capacidad. Negarse al psicoanálisis y a sus explicaciones  también será explicado como síntoma de resistencia. De modo que si se acepta la verdad del psicoanálisis, todo se ve a la luz de las explicaciones freudianas (o adlerianas o lacanianas, etc.) Y si no se acepta, por el mismo hecho de no aceptarlo, también se está confirmando la inamovible verdad del psicoanálisis, ¡Genial!.

 Lo mismo sucede con el marxismo: explica igualmente el éxito o el fracaso de una huelga; el aumento de la delincuencia o su momentánea disminución; el stalinismo y sus crímenes o su denuncia por Kruschev. Nada escapa a su  poder explicativo. Como señala Popper, “un marxista no puede abrir un periódico sin descubrir en cada página una prueba de su interpretación de la historia”. Ya alguien, con no poco cinismo afirmaba: “La tarea del marxismo es mostrar cómo todo debe suceder necesariamente así, y si tal no sucede, mostrar por qué no podía suceder así”.

 Otra importante similitud; no son doctrinas que puedan ser sometidas a prueba, verificadas o refutadas mediante alguna contrastación con los hechos. Un psicoanalista diagnostica que alguien intentó suicidarse porque su impulso tanático (destructivo), unido a un sentimiento de culpabilidad residual de un Edipo no sublimado, le llevó a semejante acto desesperado; el sujeto es tratado en el diván, oficialmente curado y vuelve a intentar el suicidio, pero esta vez con éxito. El mismo psicoanalista volverá a explicarlo por su rechazo o por la pulsión del Superego que ejercía de censor de la curación. Jamás aceptará que su teoría ha sido refutada o pueda serlo. No existen ni refutaciones ni fracasos en el psicoanálisis ni en el marxismo, son teorías impenetrables. De ahí su poder de persistencia; mientras los hombres crean en ellas, serán teorías vigentes.

  Otro característica común de ambas doctrinas es su fragmentación inmediata en sectas enfrentadas, con frecuencia hasta la extrema intolerancia, así como los sucesivos y fallidos intentos por recuperar la prístina pureza de la doctrina primigenia (Althusser, Lacan y sus respectivas “lecturas” de cada doctrina). A consecuencia de lo anterior, se generan simplemente nuevas sectas y corrientes, totalmente convencidas cada una, de que ellas, y solo ellas, son las únicas poseedoras de la verdad.

  Actualmente el marxismo se encuentra en el basurero histórico después de fracasar en cuanto país se intentó implantar, después de destruir a toda Europa oriental, de haber causado millones de muertes en las purgas de Stalin, después de los millones de asesinados en la “Revolución cultural” de Mao, después de aniquilar a la tercera parte de los habitantes de Camboya en el demencial genocidio del Khmer Rouge, después de convertir a Cuba primero en  lacayos de la URSS a cambio de dinero y ahora en gigantesco burdel para poder comer, después de la terrible cifra de 100 millones de muertos en el mundo.

 Ya el psicoanálisis se ha estado reduciendo,  desbancado por los avances de la neurofisiologia y los nuevos enfoques basados en la metodología científica. En poco tiempo quedará en el lugar de donde nunca debió salir, en los terrenos de la pseudociencia y la fantasía. Pero eso sí, sus apóstoles nunca desaparecerán, pues la naturaleza humana requiere de mitos y dogmas.  En cuanto al marxismo, sus fieles defensores se resistirán a desaparecer, continuarán negando la enorme cuota de dolor y miseria que esta doctrina ha causado y seguirán contaminando mentes simples y confirmando  el hecho de que cuando se fracasa, no exploramos nuestros posibles errores, sino que buscamos a quien echarle la culpa.