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La frase anterior es la de un viejo refrán que no puede estar mejor aplicado  a los mexicanos en los momentos en que está iniciando el presente año, pues las noticias últimas nos hablan de la bestialidad con la que se conducen tanto los afiliados al crimen organizado como las diferentes policías y soldados (en toda la República), que tal vez por la presión ejercida por su comandante general, cada día está mas alejada de sus obligaciones constitucionales y más cerca de la obediencia a  éste y al servicio de  sus no claros intereses, que tal vez algún día, después que termine su sexenio, podremos conocer.

La prensa nacional nos da cuenta de las salvajes masacres efectuadas principalmente  en el estado de Guerrero, entre grupos que se disputan el mercado de las drogas; así mismo nos informa  del asesinato múltiple  ocurrido en Tucson, Arizona (en el vecino país),  en el que fue muerto en Juez Federal y herida una congresista de Los Espantados Unidos. La información correspondiente al Estado de  Michoacán, da cuenta del asalto por fuerzas del ejército, de la marina y por policías federales al Palacio Municipal de Apatzingán, donde finalmente no encontraron nada. En Morelia, al Norte de la ciudad, nos informa de una incursión por parte de militares y fuerzas federales a un restaurant donde se llevaría a cabo la presentación de una revista denominada “¡Ya Basta!” supuestamente financiada o  atribuida a una organización ilegal, golpeando y despojando a los “invitados al coctel de presentación de la revista” del dinero de sus carteras, dejándolos libres por no encontrar evidencias de crimen o desorden alguno.

Graves son pues los acontecimientos mencionados que se suman a los actos ilegales cometidos a diario por fuerzas oficiales y crimen organizado y marcan desafortunadamente el triste derrotero por el que estamos atravesando los mexicanos todos.

Ya es del conocimiento público la serie de atrocidades cometidas en el nombre de la Ley, y por ende, la suma de  violaciones constitucionales que se realizan por seguir las instrucciones de su general comandante, por lo que el Ejército o la Marina, finalmente no son responsables directos, ya que lo que hacen es cumplir y obedecer instrucciones.

Recaería entonces la responsabilidad de los actos delictivos en los que incurren las fuerzas militares en el general comandante y, sabido és, éste sólo puede ser juzgado durante su encargo como tal (Artículo 108 de la Constitución.- El  Presidente de la República durante el tiempo de su encargo solamente es responsable por traición a la Patria y por delitos graves del orden común).

Derivado de lo anterior, desde mi punto de vista, corresponde en primera instancia, al Congreso de la Unión, analizar si Calderón ha incurrido en faltas graves en materia del orden común, o ha venido, desde su asalto al poder,  desacatando la Constitución, de tal manera que pueda ser enjuiciado políticamente.

De realizarse un análisis profundo por parte de alguno (o de varios) de los 628 integrantes del Congreso de la Unión, seguramente que encontrarían materia suficiente para iniciar un juicio político que finalmente terminaría obligando la participación de la Suprema Corte de Justicia.

Un especialista en esta materia (Arturo Zaldívar Lelo de Larrea: “Responsabilidad del Presidente de la República” julio 1987 y publicada en Lex, año II, No. 8, UNAM), señala que: “El Presidente de la República no puede ser inculpado en el caso de la fracción XVI del artículo 107 de la Constitución, pues nuestro sistema constitucional parte del supuesto del recíproco respeto entre los Poderes de la Unión. El presidente de la República como máximo dirigente nacional debe respetar la Constitución, se confía en que el nombramiento recaiga en una persona sensata y digna. El Poder Judicial Federal carece de fuerza material para hacer efectivas sus determinaciones, pero cuenta con autoridad moral, la cual puede tener un peso específico en sociedades en donde la opinión pública reviste gran influencia y la cultura cívica de los ciudadanos.

Desafortunadamente, hay una opinión generalizada en el sentido de que esta tercera instancia de los poderes públicos, prácticamente está supeditada al titular del Poder Ejecutivo; que el segundo poder está enfrascada en asuntos extraterrestres y por lo mismo no hay el menor interés legislativo, por lo que solamente el Chapulín Colorado o un milagro guadalupano, podrá salvarnos de tanta salvajada ocurridos en esta guerra que no es guerra.