A pesar de estar consientes en que los antros de la ciudad no cuentan ni con el 60 por ciento de lo que señala el Reglamento para el Funcionamiento de Establecimientos Mercantiles, Industriales y de Servicios de Morelia, los jóvenes se arriesgan para disfrutar de una noche llena de música y alcohol, donde según entrevistados, si los establecimientos restringieran la entrada a menores de edad éstos quedarían en banca rota, ya que perderían millones de pesos.

Y es que sin tener conocimiento de cuáles son las medidas de seguridad que dichos establecimientos deben de cumplir, los jóvenes acuden bajo su propia responsabilidad, ignorando que el artículo 48 en su apartado IV, dice que los establecimientos deben de contar con indicaciones que prohíban el acceso a menores de edad, la venta y consumo de estupefacientes, la portación de armas y la alteración del orden interior y exterior, así como el máximo de personas.

 

 

 

Gloria Frías de 23 años de edad y estudiante de Psicología en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), quien cada mes frecuenta algún antro-bar en la ciudad, desconoció las prohibiciones y obligaciones que un establecimiento debe de cumplir.

 

“Únicamente conozco a los guardias de seguridad que cada antro debe de tener para la revisión y control de los que entran, así como las salidas de evacuación, las cuales en su mayoría están escondidas y las personas no las alcanzan a ver”, dijo.

 

La joven hizo hincapié en que los empleados de seguridad sólo revisan una vez, cuando llegas al establecimiento y su vez, dejan entrar jovencitas menores de edad, quienes recurren al maquillaje, los tacones y las minifaldas para aparentar una edad mayor.

 

“Las ocasiones que he llegado ir a un antro, como el que se ubica en Santa María, los guardias no piden identificaciones, ya que si observan a una chava con tacones del 15 y un maquillaje exagerado ignoran toda clase de artículos y reglamentos”, comentó.

 

Para Héctor Herrera, pasante de la Facultad de Psicología de la UMSNH, los antros-bares sí son riesgosos a causa de que los guardias de seguridad no están capacitados ni tampoco tienen ninguna sensibilidad hacia los jóvenes que acceden a dichos lugares, ya que “no están al pendiente de las problemáticas que puedan suscitarse dentro del lugar, como una persona alcoholizada que posiblemente cuente con alguna arma blanca”, expresó.

 

Herrera contó que en una ocasión su acompañante tuvo un incidente y los cadeneros no los auxiliaron. “Se desmayó y al momento de caerse se golpeó su rostro y comenzó a sangrar. A lo lejos sólo observé como los elementos de seguridad del establecimiento simplemente nos dijeron que nos saliéramos, que ellos no podían realizar nada, por lo que al siguiente día fuimos a interponer una queja, la cual no tuvo respuesta”, refirió.

 

Los jóvenes reconocieron que cuando deciden acudir a un antro, no piensan en los riesgos que pueden correr durante la noche, pero hicieron hincapié en que los establecimientos deben de ser más estrictos y dejar a un lado la corrupción, la preferencia con los estratos sociales y el amiguismo.

 

A pesar de que en el apartado XI del artículo IV, dice que los establecimientos con superficie mayor a los 120 metros cuadrados, tienen que colocar en su interior señalizaciones y letreros que indiquen salidas de emergencia y de protección civil, Esteban Rico Suarez de 22 años de edad abundó en que “ninguno de los antros cuentan con este tipo de normatividad, orientación e información que señale los tipos de incidentes que pueden ocurrir en el lugar y sobre todo para que los jóvenes tenga conocimiento de ello”.

 

A decir de Elisandra Bautista de 19 años de edad, quien estudia la carrera de Administración de Empresas en la michoacana, “son muy pocos los antros que son seguros porque la mayoría que visito, como los que se ubican en el Boulevard García de León o la avenida Enrique Ramírez, no cuentan con todas las medidas de seguridad porque lamentablemente a los dueños no les conviene, sino perderían millones de pesos, ya que su principal consumidor son los menores de edad”.

 

La joven reveló que en las ocasiones que frecuenta los establecimientos no ha observado que los de seguridad pidan credenciales de elector a menores de edad, quienes son los primeros que corren riesgos, ya que según Bautista, “no son aptos para asistir a éste tipo de lugares. En algún incidente, como un incendio una persona con mayor edad y madurez sabe cómo reaccionar ante éste tipo de situaciones, en cambio un adolescente no reaccionaria igual”, dijo.

 

Bautista mencionó que no ha presentado denuncias, “porque cada quien es responsable de sus actos y seguridad, ya que si acudes al establecimiento puedes correr riesgos de diferentes maneras”, finalizó.

 

Francisco Javier Sandoval, empleado en ventas aseguró que la ciudadanía no denuncia porque cuando lo realizan, las autoridades no le dan seguimiento a la queja, por lo tanto no procede. “Sólo perdemos tiempo, esfuerzo y hacemos corajes, prefiero ahorrármelos y mejor no contribuir con la corrupción que impera en los establecimientos que venden bebidas alcohólicas ya que es una mafia”, sentenció.

 

Dato

 

Sin proporcionar un dato preciso de cuántos son los antros que prevalecen en el municipio, Jorge Luis Chávez, director de la secretaría de Inspección y Vigilancia municipal comentó que en total son cinco mil 400 negocios que venden bebidas alcohólicas, los cuales están clasificados, según el Reglamento para el Funcionamiento de Establecimientos Mercantiles, Industriales y de Servicios de Morelia con el giro del género C, donde señala que el cierre de los establecimientos denominados como pool o antro-bar tienen un horario de 12:00 a 03:00 horas, mientras que la discoteca de 20:00 a 03:00 horas.