El fin de semana anterior, La Asociación Michoacana de Egresados del Instituto Politécnico Nacional organizó una conferencia con el titulo de Finanzas Públicas, mismo que desarrolló el CP Manuel Montes y que, con la intervención variada de los asistentes, se enriqueció cuando se amplió la discusión hacÃa el grave padecimiento y crisis permanente que tienen, en forma genérica, municipios, estados de la Federación y el propio gobierno federal.
Para todos los asistentes quedó claro, en principio, que las finanzas públicas se asemejan a las finanzas hogareñas y que en un particular endeudarse más de la cuenta tiene por consecuencia la ruina absoluta. En contrario, un endeudamiento bien proyectado conlleva beneficios múltiples, pues con recursos ajenos se pueden llevar a buen puerto diversas obras o proyectos productivos, que terminados satisfactoriamente redundarán en la creación de fuentes de trabajo y consecuentemente, en bienestar social. Ahora bien, para evitar que el endeudamiento se transforme en un dolor de cabeza, se hace necesario que se tenga en cuenta y se analice la capacidad de pago de quien solicita recursos económicos ajenos y, desde luego, que los proyectos se amplÃen al mercado destinado y que se lleven a cabo en el tiempo programado, de tal manera que quien o quienes solicitan el préstamo tenga la posibilidad de pagar la suerte y los intereses sin que se perjudique su futuro.
En forma genérica, una de las primeras cuestiones que se tiene que analizar es precisamente el monto de los recursos que se manejan para saber con precisión lo que mensual o periódicamente se tendrá que liquidar, suma en la que indiscutiblemente deben contabilizarse los intereses que se adicionaran a las mensualidades a pagar. Analizado lo anterior, salvo desastres naturales o por fuerzas de causa mayor, no habrá problemas alguno con los créditos conseguidos, mismo que será positivo para quien contraiga deuda.
El gobierno nacional en forma frecuente ha solicitado recursos económicos para, a su vez, prestarlos a pequeños industriales, artesanos o productores de diversos granos o pequeñas fábricas, prestando los recursos a largo plazo y con intereses bajos, lo que se vuelve una actividad es normal pues el gobierno tiene la obligación constitucional de impulsar el desarrollo en forma general.
Desafortunadamente para los mexicanos, desde el gobierno nacional, pasando por el de los estados y municipios, han hecho casi costumbre endeudarse más para pagar deuda contraÃda o bien para realizar inversiones no productivas o de ornato y lo que ha sucedido con esta actitud ha sido la de enajenar y poner en peligro el desarrollo de los estados y la soberanÃa nacional.
Los mexicanos que han leÃdo un poco de nuestra Historia, recordarán que la primera intervención (1832) extranjera tenida  en el paÃs, conocida como “La Guerra de los Pastelesâ€Â  tuvo su origen en un reclamo de un restaurantero francés por una “supuesta deuda†contraÃda por el consumo de unos pasteles por parte de oficiales del presidente Santa Ana y por lo que el gobierno francés exigÃa un pago de 600, 000 pesos. El gobierno invasor envió en octubre de ese año, más de cuarenta barcos bajo el mando del contralmirante Charles Baudin y asà se inicio tal guerra.
Municipios y estados, junto al gobierno nacional, han olvidado precisamente las recomendaciones que en esta materia realizara el General Lázaro Cárdenas y lo más fácil para los gobernantes ha sido el acudir en forma constante a préstamos que han ido creciendo estratosféricamente, de tal manera que con éste proceder lo único que se logra es pagar fuertes intereses a cosa de recursos frescos que generalmente van a para a obras o servicios prácticamente suntuarios que no cumplen el objetivo de impulsar el desarrollo.
En años ya olvidados, ningún municipio podÃa adquirir deuda que no fuera proporcionada por fuentes públicas y para lograr su autorización, tanto Gobiernos Estatales como los propios poderes legislativos tenÃan que analizar profundamente la capacidad de pago de los ayuntamientos de tal manera que la carga económica que generara el endeudamiento no impidiera a los próximos gobiernos desarrollar con eficiencia sus obligaciones constitucionales.
Desafortunadamente las incapacidad gubernamental, la falta de una planeación adecuada y el interés por realizar obras de relumbrón impulsan a los gobernantes a la ejecución de obras que puedan “verse y presumirse†para que en esta acción, llegado los momentos electorales, puedan cosechar no cereales ni productos, sino votos.
La Deuda Pública†se ha vuelto pues una â€herencia†que ningún gobierno quiere pero que en forma general todos buscan para poder, finalmente, con acciones improductivas, colocar placas con nuestros nombres.
























