Iniciemos con la definición de “Intelectual”. El Diccionario de la Real Academia Española, nos informa que intelectual es un adjetivo con tres acepciones: “perteneciente o relativo al entendimiento”, “espiritual, incorporal” y “dedicado preferentemente al cultivo de las ciencias y las letras.Â
Otra: Intelectual es aquel que elabora pensamientos de relevante impacto social, valiéndose para ello del conocimiento sobre ciencias y letras.
El término intelectual está dotado socialmente de un valor de prestigio. El problema que se deriva de ello es que, en muchas ocasiones, la aplicación del término depende del grado de afinidad ideológica, polÃtica, etc. que tenga quien lo aplica con respecto de la persona que se esté considerando. No existen, por tanto, criterios absolutamente objetivos para identificar como intelectual a nadie. Se trata de una palabra cuyo significado está matizado por percepciones sociales, lo que la convierten en inestable e imprecisa.Â
Podemos concluir que no existe un criterio uniforme para definir con exactitud quien es y quien no es un “Intelectual”. Lo que para un grupo respetable de ciudadanos “x” personaje es un arquetipo de intelectual, para otro grupo de ciudadanos, igual de respetable, es simplemente un hábil charlatán. La escritora que para muchos es una maravilla literaria, para otros es una mediocre pergeñadora de historietas con buenas relaciones sociales.
La campaña “¡Basta de sangre!†encabezada por el caricaturista Rius, el periodista Julio Scherer y La Jornada se trata de una protesta en contra de la violencia que ha costado más de 30 mil vÃctimas. Ciertamente nadie en su sano juicio se opondrÃa a terminar con la violencia, pero ¿y qué hacemos con el crimen organizado? ¿Nada? ¿Los dejamos tranquilos? Nadie, hasta donde sé hace una propuesta integral y razonable al respecto.
La primera plana de esa hoja parroquial que es La Jornada aulla: “Poner freno a la violencia, clamor de intelectualesâ€. Los intelectuales que claman son diez: Fernando del Paso, Raquel Tibol, Lourdes Arizpe, Élmer Mendoza, VÃctor Flores Olea, Elena Poniatowska, Epigmenio Ibarra, Alberto HÃjar, Pedro Friedeberg, Luis Mario Moncada. ¿Esos son los intelectuales? ¿Tan desacreditada y desteñida se encuentra la calificación de “Intelectual” en México?” A este paso veremos etiquetar a Chespirito de “intelectual”, al mismo nivel que Charles Chaplin. .
De entre las opiniones, destaca por su desvarÃo la de Raquel Tibol, crÃtica, (?) de artes plásticas. “Hay que apoyar a Andrés Manuel López Obrador porque tiene proyecto y es demasiado grave lo que ocurre para enfrentarlo con la caricatura. Al estado criminal generalizado auspiciado por el gobierno hay que responder con un proyecto polÃtico fuerte y eso no lo pueden hacer los caricaturistas. Que ayuden, pero que se plieguen ante quien tiene el mejor proyectoâ€.
Otra tonterÃa, esta de Flores Olea: “la gran duda en el corazón de muchos mexicanos es la de si haber sacado al Ejército de sus cuarteles tiene otros fines, como simplemente mantener el poder del PAN en el gobierno y, desde luego, sostener el poder de los ricos en México y la situación de miseria”.
Roger Bartra ha publicado en Letras libres una reflexión sobre la curiosa suerte de los intelectuales mexicanos. La caÃda del régimen autoritario ha provocado una expansión de los espacios intelectuales. Una variada corte ocupa esos territorios: “escapados de la academia, periodistas con Ãnfulas, prófugos de la literatura, ideólogos desahuciados, tecnócratas desempleados, polÃticos insensatos, burócratas exquisitos.â€
























